Monterius, capitulo 3.
La asamblea de la aldea se desarrollaba en el centro del pueblo, bajo la fría luz de las antorchas que parpadeaban a lo largo de las casas. El aire estaba cargado de la mezcla de aromas del humo del fuego y la tierra helada. Los aldeanos, acurrucados en sus mantas y capas, se reunían en un círculo apretado alrededor del padre adoptivo de Monterius, quien se alzaba sobre una plataforma improvisada de madera. El padre adoptivo, con el rostro surcado de arrugas por años de trabajo duro, miraba a los aldeanos con una expresión de grave preocupación. "Debemos tomar una decisión pronto," dijo, su voz resonando con la autoridad que había ganado durante años de liderazgo. "El invierno se está acercando, y nuestra situación es desesperada." Un hombre robusto, con la piel curtida por el sol y el frío, se adelantó. "Podríamos ir a las montañas." El murmullo de desacuerdo recorrió el grupo. Una mujer mayor, con el rostro endurecido por el tiempo, habló con preocupaci...