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Mostrando las entradas de julio, 2024

Monterius, capitulo 3.

 La asamblea de la aldea se desarrollaba en el centro del pueblo, bajo la fría luz de las antorchas que parpadeaban a lo largo de las casas. El aire estaba cargado de la mezcla de aromas del humo del fuego y la tierra helada. Los aldeanos, acurrucados en sus mantas y capas, se reunían en un círculo apretado alrededor del padre adoptivo de Monterius, quien se alzaba sobre una plataforma improvisada de madera. El padre adoptivo, con el rostro surcado de arrugas por años de trabajo duro, miraba a los aldeanos con una expresión de grave preocupación. "Debemos tomar una decisión pronto," dijo, su voz resonando con la autoridad que había ganado durante años de liderazgo. "El invierno se está acercando, y nuestra situación es desesperada." Un hombre robusto, con la piel curtida por el sol y el frío, se adelantó. "Podríamos ir a las montañas." El murmullo de desacuerdo recorrió el grupo. Una mujer mayor, con el rostro endurecido por el tiempo, habló con preocupaci...

Monterius, capitulo 2.

. En las gélidas montañas, Monterius cabalgaba con determinación, en busca de animales que sirvieran para alimentar a la aldea. La cacería había sido escasa, y el invierno se acercaba implacable. La nieve crujía bajo los cascos de su caballo, y el aire frío mordía su piel, filtrándose a través de su capa de lana gruesa. El paisaje era un vasto manto blanco, salpicado de pinos cubiertos de escarcha y riscos escarpados. De repente, un poderoso rugido resonó en la distancia, rompiendo el silencio helado. Monterius detuvo su caballo, aguzando el oído. El sonido reverberó en su pecho, llenándolo de una mezcla de curiosidad y temor. Decidido, comenzó a seguir el origen de los rugidos, guiado por una extraña intuición. A medida que avanzaba, el aire se volvía más denso y el cielo, cubierto de nubes grises, amenazaba con una tormenta inminente. Los rugidos se hicieron más intensos, acompañados de un eco profundo que retumbaba entre las montañas. Finalmente, Monterius llegó a un claro oculto en...

Monterius, capitulo 1.

 En un pequeño y modesto castillo, en una tarde en la que el sol pintaba de dorado las piedras viejas y robustas de las murallas, un rey y su esposa conversaban en un salón iluminado por la cálida luz del fuego. Los tapices, que representaban glorias pasadas, se mecían suavemente con la brisa que entraba por las ventanas abiertas, trayendo consigo el aroma fresco del campo. El rey, un hombre de porte imponente con arrugas profundas marcadas por años de decisiones difíciles, observaba a su hijo de siete años jugar en un rincón. Monterius, con sus cabellos rubios y su mirada brillante, estaba absorto en un juego de figuras de madera que él mismo había tallado. "Es un desastre," murmuró el rey con un tono de frustración, sin apartar la mirada de su hijo. "Parece más un plebeyo que un príncipe. No aprende nada de lo que le enseño." La reina, una mujer de semblante sereno y ojos llenos de comprensión, colocó una mano suavemente sobre el brazo de su esposo. "Dale tie...

Cerebron, capitulo 14.

 Años después el cartel había Sido desintegrado, Pedro caminaba por el barrio del Topo con unas prótesis robóticas que reemplazaban sus brazos y piernas. Las prótesis eran de un elegante metal cromado, brillando con un resplandor plateado bajo la luz del sol. Cada paso que daba resonaba ligeramente en el pavimento, emitiendo un suave zumbido mecánico. Los avances tecnológicos que había incorporado a su cuerpo le permitían moverse con una gracia y precisión que desafiaban su naturaleza artificial. El aire estaba lleno del bullicio habitual del barrio: vendedores ambulantes ofreciendo sus productos, niños jugando y riendo, y el murmullo constante de conversaciones en las aceras. Pedro, ahora legalmente un adulto, observaba con satisfacción los cambios que había logrado implementar en el lugar que alguna vez fue un campo de batalla. Frente a él, un grupo de jóvenes. Estos jóvenes, que alguna vez fueron los niños bajo su cuidado, ahora eran personas formadas y listas para enfrentar el ...

Cerebron, capitulo 13.

Pedro comenzó a mover los labios de nuevo, y El Tuerto tradujo sus palabras. "El próximo ataque no será como el anterior. Deberemos escondernos en lugares cercanos a tu casa, Don Gordo." Don Gordo frunció el ceño, su rostro endurecido por la decisión. "No me esconderé. Si quieren guerra, tendrán guerra." Pedro movió los labios una vez más, su expresión intensamente seria. El Tuerto tradujo con precisión: "Lanzarán bombas." Don Gordo se detuvo, su rostro mostrando una mezcla de incredulidad y preocupación. "¿Cómo lo sabes?" El Tuerto habló con firmeza, replicando las palabras de Pedro. "Revisé datos. Ese es su modus operandi en regiones que ofrecen resistencia al cartel." El aire en la oficina se tornó aún más denso, cargado con la tensión de una guerra inminente. Don Gordo, evaluando la información, dejó escapar un suspiro largo y pesado. "Está bien," dijo finalmente, su voz cargada de resignación y determinación.  Pedro asint...

Cerebron, capitulo 12.

 En la oficina de Don Gordo, el ambiente era denso y cargado. La tenue luz de una lámpara de escritorio apenas iluminaba el espacio, proyectando sombras largas y sinuosas sobre las paredes decoradas con trofeos de su poder. El olor a cuero viejo y tabaco impregnaba el aire, mezclado con el aroma agrio del café que se enfriaba en una taza olvidada. Don Gordo, con su corpulencia imponente, se recostaba en su silla de cuero, su mirada fija en los documentos esparcidos sobre el robusto escritorio de madera. Un golpe en la puerta interrumpió el silencio. Uno de sus hombres, con rostro tenso y sudoroso, entró rápidamente. "Don Gordo, unos niños quieren verlo." Don Gordo no levantó la vista de sus papeles. "Córralos," gruñó, la irritación marcando cada palabra. El hombre vaciló, sus ojos mostrando una mezcla de duda y urgencia. "Señor, creo que querrá verlos." Con un suspiro exasperado, Don Gordo alzó la vista. "Está bien, que pasen." La puerta se abrió...

Cerebron, capitulo 11.

 En el Barrio del Topo, la noche se tornó en un caos indescriptible. Las calles, que normalmente estaban bañadas en una tranquila penumbra, se convirtieron en un campo de batalla. Desde los rincones más oscuros y las esquinas más inhóspitas, surgieron enfrentamientos que desgarraban la calma habitual del vecindario. Las primeras ráfagas de disparos resonaron con un eco metálico, haciendo temblar las ventanas de las casas cercanas. El sonido seco y explosivo de las balas perforando el aire se mezclaba con los gritos de alarma y los lamentos de los heridos. Las luces de las farolas parpadeaban frenéticamente, proyectando sombras inquietantes sobre las paredes agrietadas y las aceras desgastadas. En el cruce de la Calle de la Luna y la Avenida del Sol, el enfrentamiento estalló con ferocidad. Un hombre de complexión robusta, uno de los leales de Don Gordo, se desplomó sobre la acera, una nube de polvo levantada por su caída. La sangre, de un rojo brillante, contrastaba con el gris suc...

Cerebron, capitulo 10.

 En el corazón del Barrio del Topo se escondía una oficina que desafiaba las expectativas. Desde fuera, era una estructura desgastada y descuidada, con pintura descascarada y ventanas rotas que apenas dejaban pasar la luz del día. Pero al cruzar su umbral, revelaba un interior sorprendentemente elegante y bien cuidado. Dentro de la oficina, bajo la tenue luz de una lámpara de escritorio, se encontraban dos hombres en medio de una conversación tensa. Detrás de un robusto escritorio de madera, el primero, conocido como Don Gordo, era una figura imponente con su extrema corpulencia y rostro endurecido por los años de liderazgo en los negocios ilícitos del barrio. Frente a él, el segundo hombre vestía un impecable traje negro. El hombre del traje negro habló con voz firme y calmada, aunque cargada de significado ominoso. "A partir de ahora, Don Gordo, tendrás que pagar derecho de piso al cartel." Las palabras resonaron en el aire tenso de la oficina. Don Gordo, con su expresión i...

Cerebron, capitulo 9.

 Han pasado dos años desde que Pedro y El Tuerto encontraron su refugio en la ciudad del norte. Con el dinero obtenido de Doña Mary, construyeron una casa subterránea segura y confortable, donde ahora viven cuarenta niños y una empleada doméstica de dieciséis años llamada Clara. La casa, situada en un vecindario discreto, se ha transformado en un hogar vibrante y organizado, una fortaleza de seguridad y esperanza. Pedro, ahora con una laptop moderna y bien equipada, se dedica a sus estudios de ingeniería con una dedicación admirable. La luz blanca del monitor proyecta un resplandor suave sobre su rostro, mientras su pluma se desliza por el teclado con precisión, escribiendo líneas de código con creciente confianza. La habitación está silenciosa, salvo por el zumbido ocasional del ventilador y el suave clic del teclado. El ambiente en la casa subterránea es cálido y acogedor. Las paredes están adornadas con dibujos coloridos hechos por los niños, y el aroma del guiso que Clara cocin...

Cerebron, capitulo 8.

 Había pasado un mes desde que Pedro y El Tuerto habían acogido al primer niño, y la pandilla se había incrementado a trece miembros. Pedro había establecido un sistema organizado donde los niños contribuían con la mitad de lo que lograban conseguir en las calles, ya sea dinero o bienes, y a cambio, él se encargaba de proporcionarles buena comida y ropa medianamente decente. En una tarde cálida y luminosa, el refugio estaba lleno de actividad. El sonido de risas y conversaciones infantiles llenaba el aire, mezclándose con el aroma de un guiso humeante que burbujeaba en una olla grande sobre la estufa. La luz del sol se filtraba a través de las ventanas, pintando patrones dorados en el suelo y en las paredes desgastadas del antiguo edificio.  Pedro, con la mirada concentrada, se hallaba frente a una computadora que había conseguido. La máquina era vieja, pero funcional, y para Pedro, representaba una puerta hacia el conocimiento y la oportunidad. Su boca usaba una pluma que se ...

Cerebron, capitulo 7.

 En una esquina sombreada frente a una iglesia antigua, Pedro y El Tuerto disfrutaban de unos burritos de frijoles con queso. El aroma caliente del harina recién calentada y el suave murmullo de los fieles que entraban y salían llenaban el aire. La luz del sol filtrándose a través de los altos vitrales pintaba patrones de colores en el suelo empedrado. Un niño de unos seis años se acercó tímidamente, con ojos hambrientos que observaban los burritos con deseo. Pedro, sin decir una palabra, indicó a El Tuerto con gestos que le preguntara al niño si tenía hambre. El Tuerto, con su mirada penetrante pero compasiva, se inclinó hacia el pequeño. "¿Tienes hambre?", preguntó El Tuerto en voz baja. El niño asintió tímidamente, sus mejillas delgadas tensándose en una sonrisa débil pero esperanzada. Pedro asintió con aprobación y con un gesto de labios indicó que le diera un burrito al niño. El Tuerto extendió el burrito hacia el niño, quien lo recibió con las manos temblorosas y comenz...

Cerebron, capitulo 6.

 A medida que el tren se detenía en una ciudad del norte, el amanecer teñía el cielo con tonos rosados y dorados. Pedro, apoyado en su silla de ruedas, y El Tuerto, atento y vigilante, descendieron con cautela. El ruido constante de la estación se mezclaba con el murmullo de los pasajeros que se apresuraban a sus destinos. El aire fresco de la mañana tenía un ligero aroma a humedad y a tierra húmeda, típico de las ciudades del norte. Pedro, con sus grandes ojos observando atentamente, percibió un aroma tentador que flotaba en el aire. Giró la cabeza hacia El Tuerto y con un gesto indicó hacia la izquierda. El Tuerto, comprendiendo la señal, se dirigió con determinación por la ruta indicada, maniobrando hábilmente entre la multitud que se dispersaba tras la llegada del tren. Caminaron juntos por calles adoquinadas, donde los primeros rayos de sol comenzaban a filtrarse entre los edificios antiguos. El Tuerto, con su paso firme pero cuidadoso, llevaba a Pedro con destreza, sorteando ...

Cerebron, capitulo 5.

 El Tuerto se hallaba de pie junto al cuerpo inerte de Doña Mary, el gancho de carnicero aún en la mano, su mirada buscando desesperadamente la de Pedro. Los ojos grandes y expresivos del niño reflejaban una mezcla de determinación y miedo contenido. Con movimientos precisos de labios, Pedro le indicó que debían seguir con el plan acordado. El Tuerto asintió con solemnidad y comenzó a recoger el dinero de la caja fuerte. Cada billete era una promesa de libertad, de escapar de la pesadilla interminable en la que habían vivido. El sonido de los billetes al ser apilados bajo el cojín desgastado de la silla de ruedas de Pedro resonaba suavemente en la habitación, mezclándose con el crujir de la madera bajo sus pies y el tenue zumbido de la lámpara de escritorio. El Tuerto y Pedro intercambiaron miradas furtivas mientras trabajaban, comunicándose en silencio con gestos y expresiones. Afuera, el amanecer comenzaba a teñir el cielo de tonos dorados y rosados, filtrándose débilmente a trav...

Cerebron, capitulo 4.

 El Tuerto se hallaba junto a Doña Mary en el despacho sombrío de la casa de explotación. La penumbra del anochecer envolvía la habitación, y el aire se llenaba con el olor acre de la madera vieja y el polvo acumulado. La lámpara de escritorio emitía una luz amarillenta que apenas lograba penetrar las sombras, creando un ambiente opresivo y sofocante. Doña Mary, una figura imponente con su cabello enredado y su mirada penetrante, se giró hacia El Tuerto. En sus manos, sostenía un gancho de carnicero que reflejaba débilmente la luz de la lámpara. El metal, frío y brillante, parecía fuera de lugar en las manos del chico. Su mirada se clavó en el gancho, y su único ojo sano reflejaba una mezcla de temor y determinación. "Esto te servirá para mantener a los demás niños en orden", dijo Doña Mary, su voz ronca resonando en la habitación. La mujer extendió el gancho hacia El Tuerto, y él lo tomó con una mano temblorosa. El metal se sentía frío y pesado, como si cargara con las sombr...

La exclusion científica de la mujer.

 Créditos a quien corresponda. No olvidemos que el conocimiento, la ciencia, solo se entiende como 'poder' en un mundo de masculinidad hegemónica. La emancipación de la ciencia del patriarcado y el androcentrismo es indispensable en el camino hacia una sociedad igualitaria.  La larga exclusión de las mujeres de la investigación ha dejado rastros en el conocimiento científico. Así lo argumenta la periodista científica Angela Saini.    Extracto de “Inferior. Cómo la ciencia ha malinterpretado a las mujeres, y los nuevos estudios que están reescribiendo la historia”, de Angela Saini, traducción de Alejandra Chaparro (Círculo de Tiza, 2018) Selección a cargo de Michele Catanzaro.    Desde hace siglos, los científicos han influido sobre los decisores políticos en temas tan importantes como el derecho al aborto, el sufragio femenino o la educación. Han determinado la forma en que pensamos acerca de nuestra mente y nuestro cuerpo, y también el modo en que nos rela...

Cerebron, capitulo 3.

 Pedro y El Tuerto vigilaban a Doña Mary desde la ventana al exterior de su despacho. La penumbra del anochecer envolvía la casa, y el aire se llenaba con el olor acre de la madera vieja y el polvo acumulado. Los sonidos de la ciudad se filtraban débilmente, amortiguados por las paredes gruesas y el aislamiento de la habitación. Doña Mary cerró la puerta con llave, el chasquido metálico resonando en el silencio tenso del despacho. Pedro, con su agudo sentido de observación, notó cómo la llave giraba con un sonido distintivo, indicando que la cerradura era compleja. Desde su escondite, pudo ver el brillo del metal bajo la tenue luz de una lámpara de escritorio. Con movimientos calculados, Doña Mary se dirigió a su caja fuerte. Doña Mary, cubriendo sus manos con el torso, comenzó a ingresar la contraseña. Sin embargo, sus labios se movían involuntariamente mientras pensaba en los números, un tic nervioso que no pudo controlar. Pedro observó atentamente, sus ojos grandes y expresivos ...

El problema de la mujer sumisa.

 No existe la sumisión libre, es como el humano que se convierte en esclavo voluntariamente. La sumisión en las relaciones perpetúa la desigualdad de género y socava la autonomía y el empoderamiento de las mujeres. Según datos del Foro Económico Mundial, la brecha de género global en términos de oportunidades económicas y participación sigue siendo significativa, con una paridad de género en el ámbito laboral que se estima tardará más de 267 años en cerrarse al ritmo actual . La sumisión en las relaciones refuerza estos desequilibrios al mantener a las mujeres en roles subordinados y dependientes. Impacto en la Salud Mental y Física La sumisión puede tener graves repercusiones en la salud mental y física de las mujeres. Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) encontró que las mujeres que experimentan control coercitivo y sumisión en sus relaciones tienen un mayor riesgo de desarrollar trastornos mentales como depresión y ansiedad . Además, la sumisión a menudo se co...

Cerebron, capitulo 2.

 Habían pasado diez años desde aquel fatídico día en que Olga encontró al niño desamparado en el callejón. En ese tiempo, el pequeño había crecido y, a pesar de ser inválido bilateral y sordomudo, había desarrollado una increíble capacidad de aprendizaje.  En una tarde nublada, dentro de la casa de explotación de Doña María, el niño se hallaba junto a otros niños viendo la televisión. La sala, oscura y abarrotada, estaba iluminada únicamente por el parpadeo azul de la pantalla. El olor a humedad y polvo impregnaba el aire, mezclándose con el hedor a sudor de los cuerpos apretujados. El niño, a quien llamaban Pedro, se sentaba en una vieja silla de ruedas. Sus ojos, grandes y expresivos, seguían atentos los movimientos en la pantalla y de las bocas de los otros niños. Aunque no podía oír, había aprendido a leer los labios con una precisión asombrosa. Gracias a esto, había logrado aprender a leer y escribir, utilizando su boca para sostener un lápiz o un pincel. Sus dibujos, ela...

Crítica al socialismo estatista.

 En el contexto del socialismo estatista, la centralización de la producción bajo el control del Estado plantea un desafío monumental: la desconexión entre la producción y las necesidades reales de la sociedad. Este sistema económico suprime los mecanismos de mercado que normalmente ajustan la oferta y la demanda a través de precios y decisiones descentralizadas. Sin señales de precios claras, los recursos pueden asignarse ineficientemente, lo que repercute directamente en la capacidad de satisfacer las necesidades de los consumidores y productores. La creación de un mercado burocrático conduce a una asignación de recursos basada en decisiones centralizadas que pueden no reflejar con precisión las necesidades cambiantes del consumidor. Esta distorsión se intensifica cuando las decisiones económicas están sujetas a criterios políticos más que a criterios económicos eficientes, exacerbando la desconexión entre la oferta y la demanda real. Además, la sobreproducción de bienes menos de...

Cerebron, capitulo 1.

 En una gris mañana de invierno, la mujer de aspecto cruel, con el cabello enmarañado y el rostro arrugado por el tiempo y la desdicha, se adentraba entre montones de basura en un oscuro callejón. El chirrido metálico del contenedor resonó en el silencio de la calle desierta cuando la mujer lo abrió con brusquedad. Su mirada cansada recorrió los desechos con desdén, hasta que un débil vagido rompió la quietud. Intrigada, avanzó con cautela y entre restos de cartón y latas oxidadas, encontró al débil bebé.  Desnutrido yacía el pequeño, carente de brazos y piernas, con un rostro que desafiaba la miseria que lo rodeaba. Sus ojos, grandes y brillantes como perlas en un océano turbio, capturaron la atención de Olga. La anciana lo levantó con torpeza, palpando la fragilidad de su cuerpo apenas sosteniendo un cráneo desproporcionadamente alargado. "¿Qué tenemos aquí?", murmuró Olga con voz ronca, sus dedos nudosos acariciando las mejillas sucias del niño. Una sonrisa astuta se formó...

El angel de la muerte y el hijo prodigo, final.

 Nuestros protagonistas se hallaban exhaustos por el devastador desierto. El sol implacable golpeaba sus cuerpos, y el calor ondulaba en el aire, distorsionando el horizonte. El suelo bajo sus pies estaba cubierto de arena ardiente que crujía con cada paso. Sus gargantas estaban secas y sus cuerpos empapados de sudor. Ángel miraba a un agotado William. Con solo una bolsa de agua compartida entre ambos, cada sorbo era una lucha por la supervivencia. “William, ¿por qué no regresamos?” preguntó Ángel, su voz apenas audible por el cansancio. William, jadeando, aterrizó con dificultad y miró a Ángel con ojos cansados pero determinados. “Llevamos más de la mitad del viaje, Ángel,” dijo entre respiros, “no tiene sentido regresar ahora.” Ángel frunció el ceño, la desesperación visible en su rostro. “No importa. Tenemos que regresar antes de que sea demasiado tarde.” William negó con la cabeza, su expresión firme. “Nos tomaría más tiempo regresar que terminar el viaje. Estamos más cerca de ...