Cerebron, capitulo 11.

 En el Barrio del Topo, la noche se tornó en un caos indescriptible. Las calles, que normalmente estaban bañadas en una tranquila penumbra, se convirtieron en un campo de batalla. Desde los rincones más oscuros y las esquinas más inhóspitas, surgieron enfrentamientos que desgarraban la calma habitual del vecindario.


Las primeras ráfagas de disparos resonaron con un eco metálico, haciendo temblar las ventanas de las casas cercanas. El sonido seco y explosivo de las balas perforando el aire se mezclaba con los gritos de alarma y los lamentos de los heridos. Las luces de las farolas parpadeaban frenéticamente, proyectando sombras inquietantes sobre las paredes agrietadas y las aceras desgastadas. En el cruce de la Calle de la Luna y la Avenida del Sol, el enfrentamiento estalló con ferocidad.


Un hombre de complexión robusta, uno de los leales de Don Gordo, se desplomó sobre la acera, una nube de polvo levantada por su caída. La sangre, de un rojo brillante, contrastaba con el gris sucio del pavimento. En un callejón estrecho, dos de los hombres del cartel se enfrentaron a un grupo de matones de Don Gordo. El silbido de las balas cruzando el espacio se entremezclaba con el estruendoso rugido de los disparos. Cada tiro era un grito ahogado en la oscuridad, marcando la pérdida de vidas en cada resplandor de fuego.


El olor acre de pólvora quemada se mezclaba con el hedor de la basura acumulada en las esquinas. El aire estaba cargado con una intensidad eléctrica, un miasma de peligro y desesperación. En una esquina cercana, una mujer con un niño en brazos se agachó, temblando, detrás de un contenedor de basura mientras el estrépito de los tiroteos zumbaba a su alrededor. Las luces de las calles, reflejadas en los charcos de agua acumulada, daban un brillo casi sobrenatural a la escena de destrucción que se desarrollaba.


El retumbar de los disparos se mezclaba con los sonidos metálicos de las rejas y puertas que se cerraban apresuradamente. Un coche, atrapado en el fuego cruzado, se incendió, enviando una gran llamarada hacia el cielo, iluminando el caos con un resplandor anaranjado. El humo espeso y negro se arrastraba por las calles, enredándose en las columnas de luz que aún quedaban, Don gordo había repelido el primer ataque.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Ramsung galactic, capitulo 1.

La hermandad de la piedra, capitulo 1.

El arca, capitulo 9.