Matriarcal, capitulo 6.
El hambre de tres cuerpos en constante crecimiento exigía más de lo que la cumbre podía ofrecer. Una noche sin luna, llevados por el instinto de cacería y la audacia, la pequeña manada bajó sigilosamente hacia los linderos de la tribu. Se adentraron en los corrales de madera donde el clan resguardaba su ganado: gruesas bestias de carga de piel dura. La incursión fue rápida, pero el crujido de una cerca de madera alertó a uno de los centinelas de la tribu. El hombre avanzó con una antorcha en alto, esperando encontrar un dingo solitario. En su lugar, la luz anaranjada reveló a tres figuras monstruosas devorando a una de las reses. Antes de que el centinela pudiera gritar o reaccionar, Tok emergió de la penumbra. Con un rugido gutural y una velocidad cegadora, se abalanzó sobre el hombre. Sus garras de pedernal negro le cortaron el aliento y la garganta en un solo trazo limpio, silenciando el peligro antes de que la alarma se extendiera. Sin embargo, el rastro de sangre y el cadáv...