El angel de la muerte y el genio, capitulo 4.
El espacio no era un vacío inerte para ellos; era un océano de sensaciones que se filtraba por cada nervio y cada fibra del Chi de Angel. La Colmillo clase Fénix cortaba la negrura estelar como un cuchillo de obsidiana, y el zumbido de los motores era un canto constante que resonaba en el pecho de los dos fugitivos. Lupus, reclinado en la cabina, sus ojos grises reflejando destellos de los paneles, observaba a Angel con una mezcla de paciencia y cálculo. —Angel —dijo Lupus, su voz profunda vibrando en la resonancia metálica de la nave—, necesitamos algo más que fuerza bruta para los próximos pasos. Hay un artefacto en los laboratorios de Nueva Europa que puede cambiarlo todo. Para mis futuros inventos… Angel lo miró, flotando ligeramente sobre la cabina, la túnica blanca ondulando con la mínima corriente de aire. Sus ojos plateados brillaban con curiosidad y una chispa de reticencia. —¿Qué tipo de artefacto? —preguntó, su voz un murmullo que parecía resonar con el Chi—. Lup...