Trimind, capitulo 12
El olor salado del océano se mezclaba con el aroma estéril del acero limpio mientras dos científicos descendían por la estrecha escalera que conducía a la bodega del enorme barco. Las luces fluorescentes parpadeaban débilmente, proyectando destellos blancos sobre tuberías cubiertas de condensación. El zumbido grave de los motores recorría el casco como el latido de una criatura colosal. —¿Escuchaste eso? —preguntó uno de los investigadores, deteniéndose. Un golpe metálico respondió desde la oscuridad. Clang. Los dos intercambiaron una mirada. El silencio volvió durante apenas unos segundos. Entonces una figura emergió lentamente desde detrás de un contenedor de carga. Era una mujer alta, de musculatura poderosa y piel oscura. Su postura transmitía una tranquilidad absoluta, casi inquietante. Vestía ropa táctica negra que absorbía la poca luz del lugar, y sus ojos permanecían fijos sobre los científicos sin el menor rastro de nerviosismo. —No deberían estar aquí —dijo con voz firme...