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Mostrando las entradas de febrero, 2025

El angel de la muerte y el hijo pródigo, temporada 2, capitulo 1.

 Los últimos meses, William había estado ocupado con un proyecto. En las horas solitarias de la noche, mientras Ángel descansaba o reflexionaba sobre los desafíos que enfrentaban, él trabajaba sin descanso en un aparato que había soñado durante años: un receptor de comunicaciones espaciales. Usando sus vastos conocimientos de ingeniería y las pocas herramientas disponibles, William había logrado construir un radio capaz de captar señales provenientes de lugares lejanos. Había logrado perfeccionar su funcionamiento a través de su habilidad técnica, una destreza que le había sido de gran ayuda desde su llegada a este planeta inhóspito. Sin embargo, no podía evitar la creciente sensación de que algo importante estaba a punto de suceder. Una tarde, mientras ambos se encontraban dentro de la cabaña, devorando un modesto almuerzo de raciones y hierbas recogidas cerca del refugio, la tranquilidad se interrumpió de repente. El radio, que hasta ese momento había estado en silencio, emitió u...

El enterrador y la guerra, capitulo 6: el verdadero final.

El amanecer en el planeta 83 fue diferente a cualquier otro que Dante—¿o Yosarian?—hubiera presenciado antes. La arena negra, teñida de rojo por la masacre, despedía un olor metálico a sangre y pólvora quemada. El aire aún vibraba con el eco de los disparos y los gritos de los caídos, pero en su lugar emergía un sonido nuevo: la ovación de los sobrevivientes, el rugido de la victoria.   Los cielos, apenas horas antes plagados de cazas enemigos y naves de asedio, ahora estaban despejados. Los restos de las fuerzas de la Emperatriz huían en desorden, dejando tras de sí maquinaria humeante y cuerpos desperdigados por el campo de batalla. Las guerreras de armadura negra, aquellas que habían descendido del cielo como ángeles de la muerte, permanecían erguidas entre los restos de la batalla, sus ojos brillando con una intensidad inhumana.   Dante—o Yosarian—caminó entre los cuerpos, sintiendo el peso de la revelación aún fresco en su mente. Su verdadero nombre. Su pasado o...

El enterrador y la guerra, capitulo 5.

El sonido del viento nocturno sacudía los pliegues de la carpa dorada donde Yosarian Jr. y Freddy estaban sentados. Afuera, el aire fresco del desierto nocturno traía consigo un aroma a arena húmeda y especias, mientras que dentro de la tienda, el aroma del té de hierbas impregnaba el ambiente, mezclándose con el tenue resplandor de las lámparas de aceite.   Freddy observaba a Yosarian Jr., quien desplegaba un holograma en la mesa de madera entre ellos. Las luces azules y naranjas del proyector delineaban rutas estelares, puntos estratégicos y proyecciones económicas. La voz de Yosarian Jr. fluía con entusiasmo mientras explicaba:   —Mira esto. Si logramos establecer estos puertos en las rutas comerciales de los cúmulos cercanos, controlaremos el flujo de bienes en la región. No necesitamos una flota de guerra. El comercio es el arma más poderosa.   Freddy bebió un sorbo de su té y asintió. El líquido caliente le reconfortó la garganta, aunque la idea de su...

El enterrador y la guerra, capitulo 4.

 Dos meses antes del comienzo de la guerra, en el planeta de los Valles, un joven de cabellos oscuros y ojos astutos se encontraba en una esquina discreta de los terrenos de la Academia Militar, besando a una hermosa joven de rizos dorados. Yosarian Jr., hijo de Hack, había dominado el arte de la infiltración, y su traje de estudiante lo hacía indistinguible entre los cadetes. Pero la intimidad del momento fue abruptamente interrumpida. —¡Maldito bastardo! —bramó una voz furiosa a pocos metros de distancia. El novio de la chica, un corpulento soldado en formación, había llegado. Yosarian ya había anticipado esta situación. Con una sonrisa ladina y un guiño a la chica, se apartó con agilidad y comenzó a alejarse. Aún podía oír el crujido de las botas del otro al intentar alcanzarlo, pero Yosarian, con movimientos fluidos y calculados, dobló por un pasillo angosto y se dirigió hacia la salida más cercana. Justo cuando estaba preparando su huida, una mano firme se posó en su hombro. S...

el enterrador y la guerra, capitulo 3.

 La guerra había estallado. La Emperatriz, convencida de que la única manera de mantener su dominio era la fuerza, había decidido enviar una parte considerable de su flota a la batalla. Desde un satélite en la órbita de una luna cercana, el Canciller de Nueva Europa observaba la escena con lamentación. Frente a él, las pantallas mostraban la vastedad del conflicto: enormes naves de guerra emergían de las sombras de los planetas, cruzando el vacío con su carga letal de destrucción. Sus consejeros lo miraban en espera de una respuesta contundente. El Canciller suspiró con tristeza, pues sabía que ya no había más opciones. No podía evitar lo que estaba por venir, solo dirigirlo con la menor cantidad de pérdidas posible. Entonces, finalmente, pronunció las palabras que marcarían la historia: —Contraataquen. Los consejeros asintieron solemnemente y de inmediato transmitieron la orden. En cuestión de horas, la flota de Nueva Europa respondió con una fuerza demoledora. La batalla comenzó ...

El enterrador y la guerra, capitulo 2.

  La tensión había escalado de manera garrafal en la galaxia. La emperatriz de Big African, consciente de que no podía enfrentarse a Nueva Europa directamente… no todavía, comenzó a preparar su movimiento con meticulosa precisión. La guerra aún no era oficial, pero las sombras ya estaban impregnadas de sangre y miedo.   En diferentes puntos del cúmulo de planetas conocidos como Oceanic, sus fuerzas se movilizaron de manera encubierta, estableciendo campamentos secretos. En estos lugares, la violencia se convertía en una herramienta, en un mecanismo para generar terror absoluto, un mensaje claro para cualquiera que se opusiera a su voluntad.   Uno de estos puntos era el planeta 83, conocido como "Tierra de Jesuitas". Un mundo polvoriento, cubierto de llanuras secas y vientos abrasivos que aullaban a través de valles desolados. La fe allí era una fortaleza tan impenetrable como las rocas que se levantaban en la inmensidad de sus páramos. Pero ni siquiera la fe pod...

el enterrador y la guerra, capitulo 1.

 La sala de reuniones estaba iluminada por la tenue luz azul de los proyectores holográficos, una constante fluctuación que transformaba las sombras en destellos de nebulosas y constelaciones. La atmósfera estaba cargada de una tensión palpable, cada palabra se sentía pesada, como si el aire mismo estuviera a punto de romperse. Hack observaba desde la oscuridad de su rincón, sus ojos fijos en la proyección de las figuras flotantes que representaban a los principales actores de la reunión. El canciller de Nueva Europa, un hombre de porte erguido y rostro impasible, estaba en el centro de la proyección. Sus ropas, de un tono plateado casi translúcido, reflejaban la luz de la sala con cada movimiento, como si su figura estuviera suspendida en el vacío. A su alrededor, flotaban otras figuras. La emperatriz de Big African, con su corona de ébano y un manto negro que parecía absorber la luz, emanaba una presencia intimidante. De su lado, planetas menores, representantes de regiones peri...

sangre legendaria, capitulo 6.

 Los meses siguientes fueron un torbellino de viajes, partidas y aprendizaje. Pedro y Pepe recorrieron cada rincón de México, de feria en feria, desafiando a todo tipo de jugadores. Desde pequeños torneos en cantinas olvidadas hasta grandes apuestas en eventos clandestinos, cada partida era una nueva lección. Pepe aprendía a leer a sus oponentes, a identificar los gestos sutiles que delataban una buena mano o un farol. Su juego se refinaba con cada victoria, y aunque las derrotas llegaban de vez en cuando, también le enseñaban valiosas lecciones. Pedro, siempre metódico, insistió en que viajaran sin lujos. Se negaron a comprar un automóvil, optando en su lugar por autobuses nocturnos y boleterías de última hora. Cada centavo debía ser ahorrado, cada peso reinvertido en nuevas oportunidades. La meta era clara: reunir el millón de dólares necesario para la entrada al torneo de póker más grande del mundo. Después de meses de sacrificio, lo habían logrado. Con el dinero en mano y la ...

sangre legendaria, capitulo 5.

La noche en el desierto se extendía sobre ellos como un manto de sombras y estrellas. El viento silbaba entre las rocas, levantando pequeñas nubes de polvo que danzaban en el aire antes de disiparse en la inmensidad. El fuego, rodeado por piedras para protegerlo del viento, crepitaba suavemente, proyectando destellos anaranjados en los rostros de los tres hombres que se encontraban allí. Pepe se acomodó en una roca, con la mirada perdida en las llamas. Aún sentía en los dedos la textura de los billetes que había ganado, el peso de su botín en los bolsillos. La emoción de la victoria seguía vibrando en su pecho, pero había algo en la expresión de Pedro que lo inquietaba. Su mentor no sonreía como alguien que celebraba un triunfo, sino como alguien que ya pensaba en el siguiente desafío. —Dentro de seis meses —dijo Pedro, rompiendo el silencio con su voz rasposa— iniciará el torneo de póker más importante de Europa. Pepe levantó la vista, observando el reflejo del fuego en los ojos de...

Sangre legendaria, capitulo 4: el zarape.

 Durante los meses siguientes, Pepe se dedicó con fervor a recolectar todo lo que pudo a través de las apuestas en el pueblo. Cada tarde, bajo la luz ámbar del sol poniente, las cartas se deslizaban entre sus dedos, y los naipes golpeaban la mesa con un sonido seco. A su alrededor, el murmullo de los jugadores mezclado con el olor a sudor y tabaco creaba un ambiente cargado de tensión y expectativa. Con paciencia, Pepe acumuló bienes de todo tipo: sacos de maíz, herramientas, ropa, incluso algunas cabras. Para cuando terminó su recorrido, había logrado reunir mercancía equivalente a cien mil pesos. Finalmente, pudo venderla, transformando su éxito en un fajo de billetes que ahora pesaban en su bolsillo como un símbolo de su creciente habilidad. La mañana anterior a la llegada de la feria, don Pedro se vistió de forma elegante por primera vez en mucho tiempo. Su traje de tela gruesa, aunque viejo, estaba impecablemente planchado. Pepe, por su parte, se atavió con su ropa más decente...

Sangre legendaria, capitulo 3.

 Durante el mes siguiente, Pepe pasó cada tarde y noche practicando con don Pedro, perfeccionando su técnica en la baraja. En el pequeño hogar de madera, iluminado apenas por una lámpara de queroseno, las cartas se deslizaban sobre la mesa de madera con un sonido seco, acompañado por el murmullo de Pedro explicando estrategias, probando su memoria y enseñándole a leer los gestos de sus oponentes. Pepe aprendió a distinguir las sutilezas en la respiración de un jugador, el titubeo de una mano insegura, el destello de codicia en los ojos cuando alguien tenía una mano fuerte. Por las mañanas, antes de que el sol se alzara completamente sobre el horizonte, Pepe dedicaba unas horas a reparar la bomba de agua. Sus manos se manchaban de óxido y tierra mientras desmontaba piezas, revisaba las tuberías y probaba distintos métodos para hacerla funcionar. El sonido metálico de sus herramientas rompiendo el silencio matutino era interrumpido solo cuando don Saúl regresaba de pastorear las cabr...

sangre legendaria, capitulo 2.

 Al amanecer, el polvo del camino se levantaba con cada pisada de los viajeros. Pepe y don Saúl partieron temprano hacia San Ignacio el Bajo, con el aire fresco de la mañana filtrándose entre las hojas de los mezquites y los nopales dispersos por el paisaje árido. Caminaban con paso firme, sin prisas pero con determinación, sintiendo la calidez del sol naciente en la espalda. La necesidad de encontrar una fuente de ingresos los había empujado a esta travesía, ahora que Juanelo no pretendía seguir enviando dinero a Pepe. Don Saúl había decidido regresar a su antiguo oficio de juventud: cuidar cabras. Era un proyecto que llevaba años considerando, y esta vez, con la necesidad apremiante, decidió comprar cien de ellas para comenzar de nuevo. El polvo seco se pegaba a sus botas cuando llegaron a la feria de ganado, donde los aromas de tierra, sudor y animales se mezclaban en el aire. Don Saúl observó con ojo experto los rebaños, acariciando los lomos de las cabras, verificando su estad...

Sangre legendaria, capitulo 1.

 Los días posteriores al traslado de los trailers fueron como una niebla densa que envolvía cada rincón de la vida de Juanelo. El desierto parecía respirar en su interior y todo lo que tocaba tenía una pesadez que se volvía cada vez más difícil de soportar. Sus hermanos no dejaban de insistir en que era hora de que asumiera un rol de liderazgo más firme. Habían llegado a la conclusión de que Pepe debía ser sometido, que su independencia ya no podía ser tolerada. Lo decían con esa arrogancia tan propia de los que creen tener todas las respuestas, sin entender que la verdad, para ellos, estaba contaminada por el ego y la vanidad.  Una tarde, cuando la luz del sol ya caía y el calor comenzaba a ceder ante el frescor de la noche, Juanelo escuchó sus palabras repetirse en su cabeza. *“Pepe es un inútil, no te respeta, no entiende la jerarquía. Tú eres el patriarca, tú eres el que manda”*. Esas voces lo acompañaban incluso cuando no estaban presentes, se infiltraban en su mente, cre...

99+1, capitulo 8.

 Habían pasado dos años desde que Juanelo había convertido un trozo olvidado de desierto en un bullicioso centro comercial. Ahora, sentado en la oficina de Martín Rodríguez, su mente no estaba en los mercados ni en los tráileres donde dormían sus hermanos. Estaba en algo más grande, en lo que había esperado pacientemente: la mansión de Juan Sánchez. —Está listo —dijo Juanelo con una sonrisa confiada, inclinándose levemente sobre el escritorio de madera pulida de Martín. Martín Rodríguez, un hombre de cabello entrecano y expresión siempre calculadora, le sostuvo la mirada antes de deslizar un juego de llaves sobre la mesa. Las llaves tintinearon al caer sobre el cristal que cubría la superficie del escritorio, reflejando la luz del candelabro suspendido del techo. —Felicitaciones, Juanelo. Ya está pagado —dijo Martín, entrelazando los dedos sobre su regazo. Juanelo tomó las llaves con calma, sintiendo su peso en la palma de la mano. Sabía que lo que esas piezas de metal representaba...

99+1, capitulo 7.

 Los próximos dos años vieron crecer el negocio de Juanelo como el cauce de un río en temporada de lluvias. Lo que alguna vez fue un pequeño mercado improvisado en medio del desierto se convirtió en una próspera comunidad comercial. Tiendas de telas, puestos de comida, una cervecería que nunca tenía mesas vacías y hasta una barbería donde los viajeros se detenían a refrescarse antes de seguir su camino. Las ganancias fluían y, con ellas, una nueva ambición se encendió en el pecho de Juanelo.   Fue entonces cuando convocó a sus hermanos.   Noventa y ocho sujetos, huesudos por el hambre y vencidos por la mala fortuna, llegaron desde distintos puntos del país, arrastrando sus pocas pertenencias en mochilas polvorientas y maletas remendadas con hilo grueso. Algunos se abrazaban tras años de distancia; otros se limitaban a asentir, midiendo con la mirada a aquellos con los que compartían sangre pero no historia.   Juanelo los reunió en la cervecería, el úni...

99+1, capitulo 6.

El sol comenzaba a ocultarse tras las dunas del desierto, pintando el cielo con tonos anaranjados y rojizos. El aire era cálido, pero menos abrasador que durante el día. Juanelo se paró frente a los vendedores, con las manos en los bolsillos y una sonrisa confiada. Había logrado detenerlos antes de que se marcharan definitivamente, y ahora tenía que hacerlos escuchar.   —Esperen —dijo con voz firme. Los hombres, con los rostros endurecidos por el sol y la vida, lo miraron con recelo.   El viento removió una nube de polvo entre ellos, como si la tierra misma aguardara la respuesta. El corpulento vendedor que antes lo había amenazado cruzó los brazos.   —¿Qué quieres ahora, Juanelo?   Juanelo respiró hondo, manteniendo la calma.   —Un negocio.   Hubo un silencio tenso. Luego, algunos rieron con burla.   —¿Negocio? ¿Nos sacas de aquí y ahora quieres hacernos una oferta?   Juanelo negó con la cabeza.  ...