sangre legendaria, capitulo 6.
Los meses siguientes fueron un torbellino de viajes, partidas y aprendizaje. Pedro y Pepe recorrieron cada rincón de México, de feria en feria, desafiando a todo tipo de jugadores. Desde pequeños torneos en cantinas olvidadas hasta grandes apuestas en eventos clandestinos, cada partida era una nueva lección. Pepe aprendía a leer a sus oponentes, a identificar los gestos sutiles que delataban una buena mano o un farol. Su juego se refinaba con cada victoria, y aunque las derrotas llegaban de vez en cuando, también le enseñaban valiosas lecciones.
Pedro, siempre metódico, insistió en que viajaran sin lujos. Se negaron a comprar un automóvil, optando en su lugar por autobuses nocturnos y boleterías de última hora. Cada centavo debía ser ahorrado, cada peso reinvertido en nuevas oportunidades. La meta era clara: reunir el millón de dólares necesario para la entrada al torneo de póker más grande del mundo.
Después de meses de sacrificio, lo habían logrado. Con el dinero en mano y la experiencia que los respaldaba, llegó el día decisivo. La noche antes del vuelo, Pepe apenas pudo dormir. La idea de viajar a Inglaterra, de jugar contra los mejores del mundo, hacía que su mente no dejara de dar vueltas. Pedro, en cambio, dormía como si nada. “Cuando se hace lo que se debe, el sueño llega fácil”, solía decir.
En el aeropuerto, con pasaporte en mano y boletos de avión listos, Pepe sintió un nudo en el estómago. No era miedo, sino la adrenalina de lo desconocido. Pedro, con su semblante serio pero satisfecho, le dio una palmada en la espalda antes de abordar.
—Esto apenas empieza —dijo con una sonrisa.
Horas después, aterrizaban en Londres. El frío europeo los golpeó en cuanto salieron del aeropuerto, pero lo que realmente dejó sin palabras a Pepe fue la magnitud del evento. Desde el primer instante, supo que estaban en una liga completamente diferente. La sede del torneo era un lujoso hotel de cinco estrellas, con alfombras rojas, candelabros de cristal y salones gigantes. Los jugadores llegaban en autos de lujo, vestidos con trajes impecables, acompañados por agentes y patrocinadores.
Pepe sintió un escalofrío al mirar a su alrededor. Nunca en su vida había visto algo así. Pero si él estaba impresionado, Pedro lo estaba aún más.
—En ninguna competencia de América —dijo, cruzándose de brazos—, y he estado en decenas, vi algo parecido.
Su tono no era de miedo, sino de asombro. Aunque Pedro tenía experiencia, aquel mundo también era nuevo para él. Pero lejos de intimidarlo, su mirada reflejaba emoción.
—Esto es otra cosa —continuó—. Aquí no basta con ser bueno. Aquí, tienes que ser el mejor.
Pepe tragó saliva y asintió.
El viaje, los sacrificios, las noches en vela… todo los había llevado hasta allí. Y ahora, con el torneo a punto de comenzar, solo quedaba una cosa por hacer: jugar.
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