Kill demon, capitulo 9.
Judith y el papa se encontraban en el último piso, un espacio vasto y oscuro, donde el único foco de luz provenía del centro: una jaula imponente, adornada con símbolos sagrados, estrellas de David y cruces cristianas. En su interior, suspendido en el aire, flotaba un objeto resplandeciente como una perla. La intensidad de su luz era cegadora, similar a la de un sol atrapado en una diminuta esfera, proyectando destellos que reverberaban en las paredes y envolvían el lugar en un resplandor dorado y sagrado. Judith avanzó, sintiendo el calor de la luz acariciarle el rostro. Alzó su mano, extendiéndola hacia la jaula, con la intención de liberarlo. Pero al tocar la barrera invisible que rodeaba la perla, sintió una fuerza impenetrable, un poder que rechazaba cualquier intento de penetración. Su mano fue empujada hacia atrás por una energía que la hizo estremecerse. El papa, observándola en silencio, finalmente habló. —Lleva mil quinientos años encerrado —dijo con un...