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Mostrando las entradas de abril, 2025

El horizonte, capitulo 1.

El mar se extendía ante ellos como una sábana infinita de zafiro líquido, surcada apenas por las finas líneas que dejaba su embarcación. El viento soplaba firme, henchía las velas y mecía la madera vieja con crujidos suaves, casi como si el barco respirara. El sol, a media altura, lanzaba destellos dorados que salpicaban las olas como brasas vivas. La sal del océano, omnipresente, se pegaba a la piel, al cabello, y enrojecía suavemente los labios. Sobre la cubierta, Tashira se mantenía de pie junto al timón, su silueta recortada contra el horizonte. Llevaba la chaqueta abierta, dejando que el viento jugara con los pliegues de su ropa. Sus ojos, de un verde agudo como la hoja recién brotada, examinaban la tripulación de tres con gravedad ceremoniosa. —Elder —anunció con voz clara, cargada de autoridad—. Desde ahora serás el contramaestre de esta nave. Elder, un hombre fornido de cabellos negros y rizados, parpadeó sorprendido, interrumpiendo momentáneamente el nudo que hacía en un cabo....

El arca, capitulo 9.

 El mar estaba quieto, tenso como una cuerda afinada al borde del estallido. Las naves Prisan, oscuras y enormes, se habían agrupado en una media luna frente al Arca, atraídas por las luces que parpadeaban como luciérnagas danzando en la bruma. Los mástiles crujían al balancearse con el oleaje, y las velas plegadas goteaban agua salada sobre cubiertas sudorosas. Los guerreros olfatearon el aire. Algo no encajaba. El olor del mar se mezclaba con una nota más espesa, dulzona y venenosa, como aceite viejo derramado sobre carne caliente. Uno de los capitanes frunció el ceño y se giró para hablar, pero no alcanzó a emitir palabra. El fuego se desató sin advertencia. Desde el interior del Arca, un rugido sordo ascendió por los ductos oxidados y, en un destello, el barril oculto en la base de la estructura estalló como un corazón comprimido demasiado tiempo. El fuego petroquímico brotó en una llamarada azul y dorada, como un sol descontrolado que se desbordaba por las grietas de metal cor...

El arca, capitulo 8, temporada 2.

  Tashira se hallaba en el interior del Arca, una estructura herrumbrosa y semienterrada entre dunas y olvido. Elder y Fatality la habían conducido hasta un cuarto estrecho, de techo bajo y suelos cubiertos por una malla de cables retorcidos. Allí, en el centro, una lámpara brillaba con una llama estable y extrañamente viva. Tashira se detuvo frente al objeto. No parecía gran cosa: una base de latón ennegrecido, vidrio resquebrajado por el calor y un cuello torcido como si hubiese sobrevivido a un naufragio. Se inclinó con cuidado, observando las alargadas marcas en su base. Rayas negras, algunas irregulares, como si alguien hubiese intentado borrarlas a mano. —¿Lleva mucho tiempo encendida? —preguntó, sin girarse. Fatality, que se apoyaba en el marco de la puerta como una estatua curtida, respondió con tono grave: —Fuego interminable. Petróleo refinado. La encendí hace meses. No se apaga. Tashira sonrió. No de forma amplia, sino apenas con un pliegue en la comisura del labio,...

El arca, capitulo 7, temporada 2.

 La arena caliente crujía bajo sus pies mientras el sol caía implacable sobre el puerto. El olor a sal y metal oxidado flotaba en el aire, mezclado con el humo tenue que salía de una de las fragatas ancladas. Elder caminaba junto a Tashira, con pasos tensos pero firmes, acercándose a una figura envuelta en una chaqueta larga: Fatality. El rostro curtido del hombre se volvió hacia ellos con expresión severa, aunque sus ojos se suavizaron ligeramente al verlos llegar. —¿Sabes algo de la Gran Tashira? —preguntó Elder, directo, con la voz ronca por la sequedad del aire. Fatality entrecerró los ojos. —Pues no...por qué? Elder miró de reojo a la mujer a su lado, cuyo parche de cuero y la trenza rojiza destacaban como una llama en medio del polvo. —Porque ella —dijo, señalándola— dice serlo, la "gran estratega de los 7 mares" Fatality la miró de arriba abajo. Tashira cruzó los brazos y sostuvo la mirada con una sonrisa de medio lado, como si no necesitara que le creyeran. Ella se ad...

El arca, capitulo 6, temporada 2.

  El asentamiento, aunque precario, había empezado a tomar forma con ramas trenzadas, telas desgastadas como techos, y fogatas que crepitaban tímidamente contra la humedad de la noche. Aquella orilla de la isla, por lo general serena, se había transformado en un santuario temporal donde los miembros del Arca encontraban algo parecido a la rutina. Pero esa noche, todo cambió. El cielo se había desgarrado desde hacía horas. La tormenta descendía como una bestia sobre ellos, con vientos que aullaban entre las estructuras improvisadas y una lluvia que golpeaba la tierra con furia ciega. Cada gota caía pesada, espesa, dejando un sabor a óxido en la boca. El aire estaba cargado de electricidad, de tensión, de una promesa no dicha. Los truenos eran martillazos en el cielo, y los relámpagos arrancaban sombras abruptas de las palmeras que flanqueaban la costa. Los cuerpos se encogían bajo mantas improvisadas, temblando más por el presentimiento que por el frío. La arena se convertía en ba...

El arca, capitulo 5, temporada 2.

Pronto, los habitantes del arca comenzaron a esparcirse con más libertad por la isla. El temor inicial cedía poco a poco ante la necesidad de saber, de tocar, de comprobar con los propios sentidos que el mundo no estaba muerto. Caminaban entre formaciones irregulares, por senderos que el tiempo había trazado con manos invisibles, sus pasos dejando huellas efímeras sobre la tierra resquebrajada. El sol, aún despiadado, colgaba inmóvil en lo alto, haciendo que todo reluciera con un brillo áspero, como si el paisaje estuviera cubierto de vidrio molido. Los cuerpos se movían pesados, cargados por la humedad pegajosa del aire salado que llegaba, cada vez más perceptible, desde el oeste. Una brisa tibia recorría las mejillas, cargando consigo partículas de sal y un dejo de yodo oxidado. Las bocas se humedecían por instinto, y los pulmones inhalaban profundo, como si quisieran saborear el océano antes de verlo. Los sonidos también cambiaban: ya no era solo el murmullo del viento entre las roc...

El arca, capitulo 4, temporada 2.

Fatality había dispuesto a los habitantes en veinte filas perfectas, cada una con doscientos cincuenta cuerpos inquietos y silenciosos. El eco de los pasos resonaba en las paredes metálicas del arca como una marcha fúnebre. El ambiente estaba cargado de una tensión añeja, acumulada durante un siglo de encierro, de rutina forzada, de sobrevivencia. El aire dentro del arca olía a acero sudado y a humanidad en conserva. Las puertas, inmensas como las fauces de una bestia dormida, comenzaron a crujir. Un quejido grave y oxidado se arrastró por las paredes, como si todo el arca gimiera por dentro. El sonido era tan profundo que vibraba en los estómagos de los presentes. Los más cercanos dieron un paso atrás por reflejo, y una nube espesa de polvo rojo cayó con estruendo cuando los engranajes finalmente cedieron. Kilogramos de óxido se precipitaron como tierra cayendo sobre un ataúd abierto. El sol, tras cien años de ausencia, irrumpió sin piedad. Fue como un latigazo de luz. Algunos cerraro...

El arca, capitulo 3.

  Elder se hallaba enclaustrado en el vientre estrecho de la Raven-9 . Las correas seguían ceñidas a su torso, y el zumbido grave del motor había menguado hasta convertirse en un ronroneo casi maternal. A través de la cúpula de cristal, el paisaje pasaba en destellos borrosos: formas grises, tierras agrietadas, árboles delgados como esqueletos y sombras moviéndose con la brisa. Tras algunos kilómetros, la cápsula descendió lentamente, como si el mismo suelo la reclamara. Las patas de aterrizaje tocaron la tierra con un crujido sordo y definitivo. Luego, el silencio. Un silencio limpio. No ese murmullo mecánico del Arca, sino uno real, sin interferencias, sin cables zumbando. Solo el mundo... esperando. La compuerta se abrió con un chasquido hidráulico. Un haz de luz amarillenta, filtrada por una atmósfera cargada de humedad, penetró en la cabina. Elder no se movió. Su respiración era entrecortada, los dedos aferrados al borde del asiento. El miedo era denso, un nudo metálico en l...

El arca, capitulo 2, temporada 2.

 La sala de asambleas del Arca, amplia y hexagonal, estaba atestada de cuerpos tensos. Las paredes metálicas, cubiertas por pantallas opacas y tubos que exhalaban vapor, devolvían un eco leve a cada palabra, como si el propio lugar opinara. Un zumbido constante, profundo, proveniente del núcleo de energía, vibraba bajo los pies, inquietante como el latido de un enfermo al borde del colapso. Fatality se mantenía de pie en el centro, vestido con su gabardina oscura, con los pergaminos digitales en la mano izquierda y una expresión tan severa como el acero desgastado que lo rodeaba. Frente a él, veinte figuras se alineaban semicircularmente: los líderes de las colonias internas, hombres y mujeres curtidos por la organización del encierro. Algunos llevaban uniformes ajados, otros túnicas de telas recicladas. Todos, sin excepción, estaban agitados. —Los motores están cediendo —dijo Fatality, sin rodeos, con la voz firme como una orden de batalla—. Las vibraciones se incrementan cada h...

El arca, temporada 2, capitulo 1.

 La habitación estaba tenuemente iluminada por lámparas de aceite suspendidas sobre una mesa rectangular de madera envejecida. Las sombras oscilaban en las paredes de concreto desnudo, proyectando figuras que parecían danzar al ritmo de las discusiones. El aire olía a tinta fresca, cuero viejo y una ligera humedad que se filtraba desde los cimientos del edificio reconstruido. Cuatro generales, con rostros curtidos por la guerra y las vigilias interminables, rodeaban la mesa junto a Fatality, que permanecía erguido, gesticulando con calma mientras desplegaba unos pergaminos desgastados sobre la superficie rugosa. “En Siría, durante los últimos siglos de la antigua tierra,” comenzó Fatality, señalando con la pluma una sección del mapa, “se intentó una forma de socialismo comunitario. La producción era compartida, las decisiones, horizontales. Pero fue aplastado por las potencias exteriores... no por su ineficiencia, sino por lo que representaba.” Su voz era baja, firme, casi hipnóti...

El hijo prodigo y el angel de la muerte: el fin.

 William finalmente se hallaba en su trono, una majestuosa pieza de madera oscura adornada con detalles de plata y cuero que reflejaban la luz del sol filtrada por los enormes ventanales del salón. El lugar, impregnado del aroma a madera antigua y cera de abejas, se sentía pesado, casi asfixiante. Las paredes, cubiertas de tapices que narraban batallas gloriosas, resonaban con el murmullo constante de los consejeros y líderes de facciones que se habían reunido para exigir su firma en concesiones que aseguraran sus propios intereses. El aire estaba cargado de tensiones invisibles, vibrantes como la estática antes de una tormenta. Cada palabra de los nobles y generales era una petición implacable. Los hombres bestia, con sus ojos desmesuradamente grandes y su aliento denso, clamaban por la libertad, por la autonomía que durante tanto tiempo les había sido negada. La corte, sin embargo, no parecía preocuparle mucho. William, con una sonrisa forzada, extendía la pluma y firmaba sin siq...