El hijo prodigo y el angel de la muerte, capitulo 10.
Ángel se hallaba frente a las dos mantis, sus exoesqueletos relucientes reflejando la luz mortecina del sistema binario que flotaba sobre ellos. Eran clones de la Guadaña, aquel antiguo asesino cuya leyenda era suficiente para hacer temblar a los guerreros más curtidos. Sus cuerpos segmentados parecían obra de un escultor cruel: finos como cuchillas, con extremidades terminadas en afiladas hojas quitinosas que podían atravesar el acero como si fuera papel mojado. El aire vibraba con la tensión del combate inminente. Una brisa cálida y polvorienta se deslizaba entre las ruinas a su alrededor, trayendo consigo el eco lejano de depredadores nocturnos que merodeaban en busca de carroña. La arena se filtraba en los engranajes de sus botas, crujía bajo sus pies en cada movimiento sutil. Ángel desenfundó su espada más larga con un sonido metálico que rasgó el silencio. La hoja emitió un destello azul bajo la luz estelar, una serpiente de muerte ansiosa por morder. Sus d...