99+1, capitulo 5.
El sol caía a plomo sobre la carretera, haciendo que el calor se adhiriera a la piel como una segunda capa. El aire vibraba sobre el asfalto y el aroma a polvo caliente se mezclaba con el tenue olor dulzón de las aguas frescas que Juanelo vendía. Durante los últimos días, su negocio había prosperado de manera sorprendente. Desde temprano, la gente llegaba en fila para comprar sus aguas frescas, y la pila de monedas y billetes en su lata oxidada no dejaba de crecer. Al final del día, cuando Pepe y don Saúl llegaron tras un largo día de trabajo, encontraron un panorama inesperado. Juanelo, que normalmente tenía una sonrisa despreocupada y un aire de autosuficiencia, estaba rodeado por un grupo de vendedores con rostros endurecidos por el sol y la furia. Sus voces ásperas se elevaban sobre el sonido del viento seco del desierto. —¡Te dijimos que no volvieras a vender aquí! —gruñó uno de los hombres, un tipo corpulento con una camiseta sudada y el ceño fruncido. Juanelo levantó las ma...