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Mostrando las entradas de mayo, 2026

El planeta verde, capítulo 2.

El amanecer en el planeta anónimo no trajo frescura, sino un calor denso y sofocante que se filtraba por la escotilla abierta de la *Sombra de Ónix*. El sol verde, ahora una esfera cegadora de luz esmeralda, derretía las pocas sombras que quedaban en la ladera de la montaña. Para Robinson Sholó, el día comenzó con el sonido de su propia respiración: un silbido seco, áspero, como el roce de dos lijas en el fondo de su garganta. La sed ya no era una molestia; era una presencia física, un parásito que le oprimía el pecho y le resecaba la lengua hasta transformarla en un trozo de cuero inútil. El destilador improvisado de la noche anterior, un esqueleto de tubos de cobre y licores caros, yacía en el suelo de la cabina. El intento de purificación había fracasado estrepitosamente: las baterías de emergencia habían muerto a mitad del proceso, dejando solo un charco de lodo químico humeante y un olor acre que hacía llorar los ojos. No había agua. Ni una sola gota. Desesperado, Sholó salió al e...

El planeta verde, capitulo 1.

 El metal crujía con el lamento rítmico de una bestia herida. Dentro de la cabina de mando, el aire sabía a ozono quemado y a cables fritos, un cóctel químico que irritaba los pulmones antes siquiera de abrir los ojos. Robinson Sholó despertó con el pulso martilleando contra sus sienes. El dolor no era una punzada, era un bloque sólido de hormigón instalado detrás de sus ojos. Al intentar moverse, un rastro de sangre pegajosa, ya seca, le recordó que el tablero de mandos no era el lugar más suave para apoyar el cráneo durante un aterrizaje forzoso a trescientas millas por hora. Sus dedos buscaron apoyo en el cuero sintético del asiento del piloto, ahora desgarrado. Los recuerdos regresaron en ráfagas de luz de neón y sirenas:  Los interceptores de nueva Europa, con sus cascos cromados y sus leyes asfixiantes, pisándole los talones.  Una fragata de cargamento pesado, llena de créditos encriptados y especias raras, que él había desviado con la elegancia de un prestidigitado...