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El angel de la muerte y el hijo prodigo, capitulo 4.

  La bodega secreta se abrió con un chirrido metálico, como si los goznes se resistieran a traicionar a su dueño. Desde la rendija, primero emergió un olor denso: grasa, especias dulzonas, un tufo inequívoco de carne horneada y salsas recalentadas. Luego, rodando con un rechinar de ruedas mal engrasadas, apareció un carrito de supermercado repleto de manjares. Brillaban en charolas de aluminio trozos de carne jugosa, pollos enteros dorados al punto exacto, panes inflados aún tibios, y botellas de refresco que sudaban por la condensación fría. William cruzó los brazos y apoyó la espalda contra el marco de la puerta, con una media sonrisa burlona. —Así que aquí estaba tu gran misterio. Malerius palideció, pero trató de mantener la compostura. Su respiración se agitó con un silbido apenas audible mientras otro carrito emergía cargado de quesos amarillentos, embutidos envueltos en plásticos brillantes y un pastel que olía a vainilla con crema batida. —¿Cómo… cómo lo descubriste? —pregu...

El angel de la muerte y el hijo prodigo, capitulo 3, temporada 3.

  El interior de la nave madre vibraba suavemente, un zumbido constante que recorría las paredes de acero y cristal como un pulso metálico. Cada paso de los cinco hermanos resonaba sobre el piso de aleación pulida, produciendo ecos que se entrelazaban con el murmullo de los sistemas de navegación y las turbinas auxiliares. La luz blanca y fría de los paneles holográficos caía sobre sus rostros, resaltando el sudor que perlaba la frente de algunos, y el frío metálico de los apoyos contrastaba con la calidez humana de sus cuerpos tensos. Drakie, la única hermana, se erguía con un porte imponente. Su respiración profunda se mezclaba con el leve aroma a ozono que flotaba por la cabina, mientras sus dedos se cerraban y abrían ligeramente sobre la baranda metálica frente a ella. Su voz, cargada de orgullo, cortó el zumbido constante: —Soy la única merecedora del título de emperatriz —dijo, el eco de sus palabras haciendo vibrar la sala—. Mi fuerza física y mi don del Dragón me colocan ...

El angel de la muerte y el hijo prodigo, temporada 2, capitulo 2.

Yosarian Jr. permanecía reclinado en su silla de mando de cristal negro, el aroma metálico del planeta X mezclándose con el café fuerte que humeaba a su lado. Frente a él, su tío Hack, antiguo líder de aquel mundo, repasaba cifras proyectadas en un panel flotante azul, cada número brillando como frío hielo digital. —Comprar Big Áfrican es un gasto inmenso —advirtió Hack, su voz grave resonando contra las paredes de acero, mientras el zumbido constante de los sistemas vibraba en sus manos. —Un año de sobreexplotarlo —replicó Yosarian Jr., los ojos reflejando luces verdes y naranjas de los gráficos—, y duplicaremos lo invertido. Confía en mí. El tío frunció el ceño, sus dedos tocando la mesa como si la fricción pudiera transmitir lógica a las cifras imposibles. Un aroma tenue a aceite caliente y electricidad flotaba en el aire, intensificando la sensación de riesgo inminente. Sin esperar más, Yosarian Jr. activó la comunicación con Nueva Europa, la luna más avanzada técnica y militarment...

El angel de la muerte y el hijo prodigo, temporada 2, capitulo 1.

  William se hallaba reclinado en su trono, una estructura de madera oscura que olía a barniz antiguo y humedad acumulada. La luz filtrada por los ventanales gigantes iluminaba el salón con tonos dorados apagados, pero no conseguía despertar en él el más mínimo interés. Los tapices que colgaban de las paredes, con escenas de conquistas y batallas gloriosas, parecían murmurar historias que ya no importaban. Cada día se deslizaba sin ritmo, sin urgencia; los documentos frente a él se amontonaban como hojas muertas, sin que él sintiera la necesidad de abrirlos. El aire estaba cargado de un olor pesado a cera, papel viejo y sudor discreto de los sirvientes que pasaban silenciosos a su alrededor. Un zumbido eléctrico interrumpió la monotonía: su teléfono holográfico proyectó un mensaje de remitente desconocido. El azul tenue de la interfaz parpadeó sobre su rostro, reflejando su expresión inmutable. Durante un instante dudó; no estaba acostumbrado a las sorpresas ni a las novedades, per...

El meditador, Capitulo 4.

  en el gran salón del templo, un espacio vasto y austero donde la luz se filtraba desde ventanales altos, formando haces que dibujaban columnas de polvo suspendido en el aire. La madera de los suelos crujía bajo sus botas, y el eco de cada paso parecía multiplicarse, llenando la sala con un ritmo solemne, como si los siglos anteriores respiraran a su alrededor. Un aroma denso de incienso y cera vieja se entrelazaba con el leve olor a piedra húmeda, recordándole que aquel lugar había sido testigo de generaciones enteras de practicantes concentrados en la búsqueda de la perfección. Al fondo, las mesas y esteras estaban alineadas con exactitud, y sobre ellas descansaban instrumentos, pergaminos y pequeños objetos de entrenamiento que reflejaban siglos de disciplina. Rodolfo percibió de inmediato la mirada de los otros competidores: cincuenta figuras esbeltas, cada una envuelta en túnicas de tonos oscuros, los músculos tensos y los ojos afilados como cuchillas. Su recelo era palpable;...

El meditador, capitulo 3.

 El aire dentro del austero recinto era denso, impregnado de incienso y el eco suave de cánticos lejanos que parecían filtrarse desde las entrañas de la montaña. Rodolfo entró en la sala principal con pasos firmes pero medidos, sintiendo bajo sus pies el frío pulido de las losas de piedra. La luz tenue de las lámparas de aceite acariciaba las paredes con un resplandor cálido que contrastaba con el frío helado que aún se colaba por las rendijas. Frente a él, sentado en un trono de madera tallada con símbolos ancestrales, estaba el Dalai Limas. Su rostro, curtido por el tiempo y las pruebas del alma, proyectaba la calma profunda de quien ha visto siglos pasar, pero sus ojos, oscuros y penetrantes, destilaban un recelo contenido, especialmente al observar a este extranjero corpulento, de presencia inusual en aquel lugar sagrado. Rodolfo levantó la mano en un gesto afable, una sonrisa suave queriendo abrir el puente invisible entre mundos distintos. Pero el Dalai no respondió. No hubo ...

El meditador, capítulo 2.

  El viento soplaba con un murmullo constante, como un canto antiguo que venía de las cumbres invisibles. La nieve crujía bajo las pisadas del buey almizclero, cuyos flancos subían y bajaban con un ritmo fatigado. Su aliento formaba nubes tibias en el aire gélido, mientras las pezuñas resbalaban ocasionalmente sobre la roca húmeda y helada. El joven Rodolfo caminaba en silencio, con la capucha echada hacia atrás y el rostro expuesto al frío. A su lado, su madre, llevaba los brazos cruzados contra el pecho, protegiéndose del viento que mordía la piel como pequeños cuchillos. El guía, un hombre enjuto de rostro curtido, detuvo la marcha de pronto. Se volvió hacia ellos con gravedad en los ojos. —Debemos parar aquí. El animal no resistirá más por hoy —dijo, señalando al buey, cuya respiración era ya un jadeo tembloroso. El joven Rodolfo se detuvo. Miró al buey como si pudiera leer algo más allá del cuerpo. El animal estaba agotado, sí… pero no vencido. Se acercó con lentitud, exten...