El gran ingeniero, capítulo 4.
Seis meses después, Yet despertó en la habitación apenas iluminada por los primeros rayos del sol filtrándose a través de las cortinas. Su cabeza pesaba, y la sensación del colchón, demasiado firme para su gusto, le recordaba que no había vuelto a dormir en su antiguo cuarto. Parpadeó varias veces, intentando disipar la neblina de sueño, y entonces lo vio: Victor estaba allí, inclinado sobre una mesa improvisada de metal, manipulando con precisión un pequeño aparato que parecía vibrar con vida propia. Los ojos de Yet se abrieron de golpe; la intensidad del trabajo de Victor parecía irradiar calor, una energía casi palpable que llenaba la habitación. Victor lo notó y, sin dejar de trabajar, sonrió. “Despiertas justo a tiempo”, dijo con una voz que mezclaba satisfacción y orgullo. Luego comenzó a relatarle, como si necesitara justificar cada paso, un proceso que había sido largo, meticuloso y extraño incluso para él. Yet se sentó, todavía adormilado, pero con la atención ya atrapada. “Pr...