Dos jóvenes comiendose el mundo, capitulo 3

 

Nueva Europa apareció ante ellos como una joya suspendida en el vacío.

Miles de anillos orbitales giraban alrededor del planeta principal, reflejando la luz de su estrella en destellos azules y dorados. Desde la cabina del interceptor, Yosarian observaba fascinado aquel entramado imposible de puertos espaciales, elevadores orbitales y ciudades flotantes.

El cristal de la cabina vibraba suavemente bajo el zumbido constante de los motores.

—Sigo sin entenderlo —dijo Yosarian, inclinándose hacia adelante en su asiento—. ¿Qué es exactamente lo que hacemos?

Geometry no apartó la vista de los controles.

—Recuperación estratégica de activos.

—Eso no responde nada.

—Nueva Europa me paga para encontrar objetos de alto valor desaparecidos.

—¿Como un investigador?

—No.

—¿Un policía?

—No.

—¿Un cazador de tesoros?

Geometry reflexionó unos segundos.

—Lo más parecido sería eso.

Yosarian sonrió.

—No sabía que existía un trabajo así.

—No existe.

—¿Cómo que no existe?

—Soy el único que lo hace.

Yosarian parpadeó.

—¿En toda la galaxia?

—Sí.

La respuesta fue tan simple que resultó imposible saber si estaba presumiendo o simplemente describiendo un hecho.

La nave atravesó el corredor de aproximación.

El tráfico espacial llenaba los sensores con miles de firmas energéticas distintas. Transportes de pasajeros, cargueros, patrullas militares, remolcadores industriales y naves diplomáticas aparecían como puntos luminosos sobre los paneles holográficos.

Un pitido agudo resonó en la cabina.

Geometry extendió la mano.

Un mensaje oficial apareció frente a ellos.

El sello azul de Nueva Europa giró lentamente sobre el aire.

—Ya tenemos trabajo —dijo.

Yosarian se acercó.

La solicitud ocupó toda la pantalla.

OBJETO PERDIDO: 500 KILOGRAMOS DE ZORGON AZUL REFINADO

ESTADO: ROBO CONFIRMADO

RESPONSABLES: PIRATAS DESCONOCIDOS

RECOMPENSA: CLASIFICADA

Yosarian silbó.

—Media tonelada.

—Mucho dinero.

—¿Qué tan valioso es?

—Lo suficiente para comprar una flota pequeña.

—Ah.

Geometry ya estaba calculando rutas.

—Partimos ahora.


Horas después el interceptor abandonó los corredores comerciales y se internó en regiones mucho menos transitadas.

Fuera de las ventanillas sólo existía oscuridad.

El espacio profundo.

Negro absoluto.

Las estrellas parecían agujeros perforados en una pared infinita.

Yosarian estaba revisando mapas cuando Geometry habló.

—Primera lección.

—¿Sí?

—Identificación de patrones energéticos.

Yosarian suspiró.

—Otra clase.

—Si quieres encontrar piratas necesitas entender cómo piensan.

Geometry abrió varias pantallas.

Miles de lecturas aparecieron simultáneamente.

—Los piratas esconden sus emisiones térmicas.

—¿Y entonces cómo los encuentras?

—Buscando lo que no encaja.

Geometry amplió una región del mapa.

—Todo motor deja una firma.

—Todas se ven iguales.

—No.

Para Geometry era evidente.

Para Yosarian parecía una sopa incomprensible de números.

—Los combustibles generan residuos específicos.

—¿Y puedes distinguirlos?

—Sí.

—¿Cuántos?

Geometry respondió sin emoción.

—Mil quinientos veintidós.

Yosarian giró la cabeza.

—¿Qué?

—Tipos de combustible.

—¿Los conoces todos?

—Sí.

—Eso es imposible.

Geometry negó lentamente.

—Mi madre me enseñó.

Durante un instante hubo algo distinto en su voz.

Algo más suave.

Más humano.

—Ella diseñó el sistema de catalogación.

—¿Memorizaste mil quinientos tipos de combustible?

—Mil quinientos veintidós.

—Eso no es normal.

—Nunca dije que lo fuera.

La nave continuó avanzando.

Pasaron horas.

El aire reciclado de la cabina tenía un olor metálico constante.

Los motores producían una vibración apenas perceptible que se filtraba por el suelo.

Yosarian luchaba por mantenerse despierto.

Geometry, en cambio, parecía más concentrado con cada minuto que pasaba.

De repente se inclinó hacia adelante.

—Ahí.

—¿Qué?

Geometry amplió una lectura.

Un punto diminuto apareció entre miles de señales.

—Combustible Helix-42 modificado.

—¿Y?

—Es ilegal.

—¿Y?

—Los piratas lo usan para reducir emisiones térmicas.

Yosarian observó el punto.

—¿Estás seguro?

—Sí.

—Es un punto microscópico.

—Es suficiente.

La persecución comenzó.


La nave pirata apareció finalmente en los sensores visuales.

Era enorme.

Larga.

Oscura.

Sus motores brillaban con una intensidad azulada.

Y avanzaba a una velocidad absurda.

Yosarian sintió un nudo en el estómago.

—No vamos a atraparlos.

Geometry siguió calculando.

—Sí vamos.

—Mira esa velocidad.

—La estoy mirando.

—Es demasiado rápida.

Geometry soltó una breve risa.

Era tan extraña que Yosarian tardó unos segundos en reconocerla.

Geometry casi nunca se reía.

—¿Qué es tan gracioso?

—Estás pensando como piloto.

—Porque estoy viendo una nave.

—Yo estoy viendo un problema balístico.

Los dedos de Geometry danzaron sobre los controles.

Un compartimento se abrió bajo el fuselaje.

Un cañón de precisión emergió lentamente.

—No me digas que vas a dispararle.

—Voy a dispararle.

—A esta distancia no puedes acertar.

Geometry sonrió apenas.

—Claro que puedo.

El disparo salió disparado.

Ni luz.

Ni explosión.

Sólo una pequeña esfera oscura atravesando kilómetros de vacío.

Yosarian observó incrédulo.

La esfera desapareció.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Luego, en la distancia, uno de los motores de la nave pirata explotó en una nube de chispas blancas.

Las emisiones energéticas colapsaron.

La nave perdió estabilidad.

Comenzó a girar lentamente.

Yosarian abrió la boca.

—¿Cómo demonios hiciste eso?

—Disparé.

—¡A cientos de kilómetros!

—Sí.

—¿Cómo sabías dónde estaría el motor?

Geometry se encogió de hombros.

—Soy el mejor tirador de la galaxia.

La respuesta fue tan sencilla que resultó irritante.


El acoplamiento fue brutal.

Los arpones magnéticos golpearon el casco enemigo con un estruendo que resonó por toda la estructura.

El metal vibró bajo sus botas.

Las luces de emergencia comenzaron a parpadear.

Rojo.

Negro.

Rojo.

Negro.

El olor a refrigerante quemado inundó el túnel de abordaje.

Geometry comprobó su pistola.

—Recuerda tu entrenamiento.

Yosarian tragó saliva.

—Lo intentaré.

—No intentes.

—Gracias por la confianza.

—Hazlo.

La compuerta explotó hacia adentro.


Los piratas estaban esperando.

Tres hombres aparecieron al final del pasillo.

Yosarian sintió cómo su corazón golpeaba contra sus costillas.

Pero esta vez era distinto.

No era el niño aterrorizado de semanas atrás.

Había pasado noches enteras dentro del simulador.

Miles de combates.

Miles de derrotas.

Miles de correcciones.

Respiró.

Recordó las lecciones.

Equilibrio.

Distancia.

Centro de gravedad.

El primer pirata corrió hacia él.

Yosarian dio un paso lateral.

Por primera vez no reaccionó con pánico.

Lo vio venir.

Leyó el movimiento.

Giró la cadera.

Golpeó.

El impacto resonó como un martillo contra una pared.

El hombre cayó.

El segundo intentó sujetarlo.

Yosarian recordó otra lección.

Palanca.

Rotación.

Desequilibrio.

El cuerpo del atacante salió despedido contra una tubería.

El tercero recibió un empujón tan brutal que atravesó una consola.

—¡Geometry! —gritó Yosarian—. ¡Funcionó!

No obtuvo respuesta.

Porque Geometry ya estaba trabajando.

Más adelante, seis piratas aparecieron desde una intersección.

Armas listas.

Posiciones defensivas.

Cobertura adecuada.

Para cualquier persona normal habría sido una situación mortal.

Geometry ni siquiera redujo el paso.

Su pistola salió del cinturón.

El primer disparo impactó en una muñeca.

El segundo en un hombro.

El tercero en una rodilla.

El cuarto atravesó un visor táctico.

El quinto arrancó un arma de las manos de su propietario.

El sexto golpeó exactamente el interruptor de emergencia detrás de un pirata.

Todo ocurrió en menos de dos segundos.

Seis hombres cayeron.

Ninguno muerto.

Todos incapacitados.

El olor a ozono llenó el corredor.

Los casquillos rebotaron sobre el metal.

Ting.

Ting.

Ting.

Yosarian observó la escena con la boca abierta.

—Eso es ridículo.

Geometry enfundó el arma.

—¿Qué?

—¡Eso!

—Práctica.

—¡Seis personas!

—Sí.

—¡En dos segundos!

—Dos punto tres.

—¡No ayuda que lo corrijas!

Geometry siguió caminando.

—El Zorgon está cerca.


Finalmente llegaron a la bodega principal.

Las puertas blindadas estaban abiertas.

Dentro descansaban decenas de contenedores industriales.

El aire olía a metal caliente y polvo químico.

Geometry activó un escáner.

El dispositivo emitió una serie de pulsos azules.

—Aquí está.

Uno de los contenedores respondió.

Las marcas de seguridad de Nueva Europa seguían visibles.

Yosarian sonrió.

—Lo encontramos.

—Sí.

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