El gran ingeniero, temporada 2, capitulo 5

El amanecer apenas comenzaba a teñir de naranja el horizonte cuando la nave abandonó el claro donde había permanecido oculta durante meses. El aire estaba impregnado del aroma húmedo de la tierra recién calentada por los primeros rayos del sol, mientras una fina capa de rocío brillaba sobre las rocas que rodeaban el improvisado refugio de Victor.

Los motores despertaron con un zumbido grave, profundo, que hizo vibrar el suelo durante unos segundos. Líneas de luz blanca recorrieron el fuselaje como venas de energía, y la nave se elevó lentamente, levantando una nube de polvo, hojas secas y pequeñas piedras que giraron en espiral antes de volver a caer.

Dentro de la cabina, el ambiente era completamente distinto. Olía a metal templado, plástico calentado por los circuitos y un leve perfume a ozono producido por los sistemas eléctricos. Los paneles de control proyectaban hologramas azulados que iluminaban el rostro de Victor, cuya atención permanecía fija en las lecturas de navegación.

Yet contemplaba todo con fascinación. Aunque ya había viajado en aquella nave siglos atrás, el mundo había cambiado demasiado. A través de la enorme cúpula transparente podía ver ciudades lejanas, carreteras interminables y montañas que el sol iba pintando lentamente de dorado.

Permaneció unos minutos en silencio antes de hablar.

—¿A dónde nos dirigimos?

Victor sonrió apenas, sin apartar la vista de los controles.

—A ninguna parte en particular.

Yet frunció el ceño.

—¿Cómo que a ninguna parte?

Victor deslizó los dedos sobre un panel luminoso. El vehículo corrigió ligeramente su rumbo.

—Esperé seis meses para devolverte la vida. No pienso encerrarme en un laboratorio. Quiero recorrer este mundo contigo.

Yet permaneció callado.

Victor continuó.

—Cuando te prometí que te salvaría, también me prometí algo a mí mismo.

Giró apenas la cabeza.

—Durante años solo viví para comprender. Ahora quiero comprender...contigo

Yet sonrió.

—Eso suena extraño viniendo de ti.

Victor soltó una pequeña risa.

—Lo sé.

La nave ascendía sobre un inmenso desierto. Bajo ellos, las dunas parecían olas inmóviles. El aire limpio hacía que el cielo tuviera un azul intenso, casi imposible.

El silencio fue interrumpido por un pitido.

Después otro.

Y otro más.

Los paneles comenzaron a iluminarse con destellos rojos.

Una voz electrónica habló con absoluta calma.

—Advertencia. Emisión de radar de largo alcance detectada.

Victor levantó una ceja.

—Qué curioso.

Otro mensaje apareció.

—La nave ha sido localizada.

Yet miró alrededor.

—¿Quién?

Victor abrió un mapa holográfico.

Varias señales luminosas aparecieron avanzando rápidamente hacia ellos.

—Nos encontraron.

El zumbido de los motores aumentó de intensidad.

Las marcas enemigas crecían con enorme velocidad.

Victor observó los datos durante apenas unos segundos.

—Velocidad supersónica...

Una nueva alarma sonó.

—Doce aeronaves aproximándose.

Yet se levantó inmediatamente.

—¿Qué hacemos?

Victor respondió con absoluta serenidad.

—Prepárate para los cañones.

Yet corrió hacia la estación de armamento situada detrás de la cabina principal.

Las compuertas laterales de la nave se abrieron lentamente.

Desde el interior emergieron dos torretas metálicas de aspecto elegante. Sus superficies negras absorbían la luz del sol mientras pequeños anillos luminosos comenzaban a girar alrededor de los cañones.

Yet apoyó ambas manos sobre los controles.

Los hologramas respondieron al instante.

—Nunca me acostumbraré a estas máquinas...

Victor sonrió.

—Ni ellas a ti.

Entonces aparecieron.

Doce cazas atravesaron las nubes con un rugido ensordecedor.

Sus motores dejaban largas estelas blancas detrás de ellos.

Las aeronaves eran estilizadas, de color negro mate, con alas angulosas y motores vectoriales capaces de realizar maniobras imposibles.

Una de ellas pasó tan cerca que la nave vibró por la onda de choque.

El sonido hizo temblar toda la cabina.

—Son rápidos... —murmuró Yet.

Victor observó las imágenes ampliadas.

—Muchísimo.

Las aeronaves comenzaron a rodearlos.

Giraban alrededor de la nave formando un enorme círculo móvil.

Era una danza precisa.

Matemática.

Una voz surgió por los altavoces.

—Vehículo no identificado.

—Detengan inmediatamente su avance.

—Apaguen sus motores y prepárense para ser inspeccionados.

Victor desactivó el canal sin responder.

—No tengo tiempo para burocracias.

Los cazas atacaron.

Misiles de alta velocidad cruzaron el cielo dejando largas columnas de humo.

Victor movió apenas la mano sobre los controles.

La nave giró con suavidad.

Los proyectiles pasaron a escasos centímetros.

El estruendo hizo vibrar los cristales.

Yet abrió fuego.

Los cañones emitieron un sonido agudo.

No era una explosión.

Era un silbido eléctrico.

Dos rayos azulados atravesaron el aire.

Los pilotos enemigos realizaron maniobras extraordinarias.

Rodaron.

Ascendieron.

Descendieron.

Los disparos fallaron.

—Son muy buenos... —dijo Yet.

Victor asintió.

—Mucho mejores pilotos que nosotros.

Los cazas continuaban ejecutando giros imposibles.

Parecían bailar entre los disparos.

Una aeronave logró colocarse detrás de ellos.

Abrió fuego.

Decenas de proyectiles golpearon el escudo energético.

La superficie transparente se cubrió de ondas luminosas.

La cabina vibró.

El olor a ozono llenó el ambiente.

Victor permanecía completamente tranquilo.

—Aumenta la potencia de los cañones un doce por ciento.

Yet obedeció.

Los anillos de energía comenzaron a girar mucho más deprisa.

El sonido cambió.

Ahora parecía el rugido contenido de una tormenta.

Los sensores calcularon automáticamente las trayectorias futuras de cada avión.

Las torretas dejaron de apuntar donde estaban los cazas.

Comenzaron a apuntar hacia donde estarían.

Victor sonrió.

—Ahora.

Los cañones dispararon.

No uno.

No dos.

Docenas de haces de energía salieron consecutivamente.

Los pilotos reaccionaron con una habilidad extraordinaria.

Esquivaban el primer disparo.

El segundo.

El tercero.

Pero los algoritmos seguían corrigiendo.

Finalmente un rayo alcanzó el ala de uno de los cazas.

La explosión iluminó el cielo.

Fragmentos metálicos comenzaron a caer hacia el desierto.

Los demás pilotos rompieron la formación.

Intentaron atacar desde varios ángulos.

Las torretas reaccionaban mucho más rápido que cualquier ser humano.

Cada disparo corregía automáticamente el siguiente.

Uno tras otro, los cazas fueron cayendo envueltos en enormes bolas de fuego.

Las explosiones retumbaban sobre las montañas.

El aire olía a combustible quemado.

A metal fundido.

A electricidad.

Los últimos dos pilotos intentaron escapar.

Victor observó sus trayectorias.

—Demasiado tarde.

Los cañones dispararon simultáneamente.

Dos destellos blancos atravesaron varios kilómetros en apenas un instante.

Las aeronaves desaparecieron envueltas en luz.

El silencio regresó lentamente.

Solo permanecía el zumbido constante de los motores.

Yet soltó el aire.

—Eso... fue impresionante.

Victor apagó el sistema de combate.

—Los pilotos eran excelentes.

—Entonces...

Yet lo miró.

—¿Cómo ganamos?

Victor respondió mientras revisaba los registros.

—Porque las máquinas también pueden ser extraordinarias.

La inteligencia de apuntado calculaba millones de soluciones por segundo.

Ningún piloto puede competir con eso.

Yet observó una de las imágenes congeladas en el monitor.

Sobre el fuselaje de uno de los cazas aparecía un símbolo plateado.

Un círculo atravesado por una figura semejante a un rayo.

—¿Quiénes eran?

Victor amplió la imagen.

—Ya lo imaginaba.

Señaló el emblema.

—Industrias Ramson.

Yet repitió el nombre lentamente.

—¿Qué es Industrias Ramson?

Victor apoyó ambas manos sobre la consola.

—Una corporación gigantesca.

La empresa tecnológica más poderosa del planeta.

Mientras construía la máquina con la que pude devolverte la vida, leí mucho sobre ella.

Sus investigaciones aparecen en prácticamente todos los archivos científicos actuales.

Yet escuchaba con atención.

Victor continuó.

—Fue fundada por un hombre llamado Ramson.

Muchos lo consideran el ser humano más inteligente del mundo.

Yet soltó una pequeña carcajada.

—Eso es imposible.

Victor levantó una ceja.

—¿Por qué?

—Porque tú eres el hombre más inteligente que conozco.

Victor permaneció en silencio unos segundos.

Después sonrió con humildad.

—Eso no significa que sea el más inteligente.

Yet negó con la cabeza.

-Dominate una nave capaz de viajar por el tiempo.

Me devolviste la vida después de siglos.

Descifraste tecnologías que nadie entendía.

¿Cómo podría existir alguien superior?

Victor observó el horizonte.

El sol comenzaba a elevarse sobre las nubes.

—Siempre existe alguien mejor.


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