La hermandad de la piedra, capítulo 3.
El frío de la cueva en el Karakórum ya no era una temperatura, sino una advertencia. El aire, estancado durante milenios bajo la presión de las montañas asiáticas, comenzó a vibrar con una frecuencia subsónica que hacía que el líquido cefalorraquídeo de los presentes oscilara. El monolito octagonal, antes una mole de piedra inerte y jaspeada, se transformó en un organismo de luz.
Las vetas plateadas que recorrían su superficie de obsidiana se ensancharon, pulsando con un ritmo cardiaco.
El Despertar de los Moldes
De pronto, el sonido del goteo de agua cesó. El silencio fue reemplazado por un siseo de aire ionizado. En cada una de las ocho caras laterales del monolito, la piedra misma comenzó a licuarse. No se derretía como el hielo, sino que se replegaba sobre sí misma en un ballet geométrico de nanotecnología ancestral.
En el centro de cada panel, emergió un molde. Eran improntas de manos humanas, pero no estaban talladas en la roca; eran vacíos de pura energía blanca, una luz tan concentrada que parecía sólida. Emitían un calor suave, un contraste absoluto con la humedad gélida de la caverna.
Taho, cuya mente procesaba la realidad a través de filtros de probabilidad y lógica fría recibió un mensaje subconsciente, Sus botas de suela táctica resonaron sobre la grava mientras se acercaba a la cara frontal del monolito.
—Taho, detente —advirtió el Cyborg, su brazo mecánico emitiendo un zumbido de advertencia—. La firma energética de ese objeto está rompiendo la escala de Planck. No es seguro.
Taho no respondió. Sus ojos azules estaban fijos en el molde de luz. Podía ver que la forma de la mano en la piedra coincidía, milímetro a milímetro, con la suya. Extendió su mano derecha, enguanteada en hilos de fibra óptica. Al insertar sus dedos en el molde, el contacto no fue con piedra, sino con una corriente de datos pura que fluyó por su brazo directamente a su corteza cerebral.
Los otros seis-el gigante Behemooth, el hombre planta Cordman, el demonio Huseín, el Hombre Domo Liam, el metamorfo Chihuahuel y el Cyborg— sintieron el tirón gravitatorio. Como atraídos por un imán invisible, cada uno se dirigió a una cara del octágono.
Behemooth colocó su mano masiva en un molde que se expandió para recibirlo. Cordman sintió cómo sus fibras vegetales se entrelazaban con la luz. Chihuahuel gruñó mientras sus garras se hundían en la energía. El Coyote, apoyando su pata delantera en una muesca inferior, cerró los ojos.
En el momento en que los siete contactos se cerraron, el monolito emitió un pulso que barrió la cueva, expulsando la oscuridad hacia los rincones más profundos.
De la cúspide truncada del monolito, un rayo de luz coherente se disparó hacia el techo abovedado de la caverna. El gas y la humedad se ionizaron, convirtiéndose en una pantalla de plasma de trescientos metros de ancho.
Las imágenes comenzaron a sucederse con una velocidad que habría cegado a un humano normal, pero para este grupo de seres excepcionales, la historia se desplegó como un tapiz vívido.
Taho, actuando como el puente de datos del grupo, comenzó a relatar.
—Miren —dijo Taho, señalando la primera proyección.
La Era de los Conquistadores
En el plasma se materializaron las falanges macedonias. Bajo un sol abrasador, un hombre que vestía una armadura de bronce, con el rostro de Alejandro pero con ojos que brillaban con la misma luz que el monolito, sostenía una lanza que no era de madera, sino de energía pura.
—334 antes de Cristo —susurró Taho—. La Piedra no es nueva. Apareció en las llanuras de Issos. Reunió a los "Diádocos de la Luz" para frenar una incursión de entidades que no pertenecían a este plano. Aquello que llamamos mitología no fue más que la primera línea de defensa de este objeto.
El Renacimiento de las Sombras
La imagen cambió. Ahora era una Florencia sumida en la peste, pero a través de las calles desiertas, figuras con túnicas y máscaras de médico de la peste —que ocultaban circuitos bajo el cuero— manipulaban artefactos que curaban la materia a nivel molecular.
—1450. La Piedra detectó una anomalía entrópica que amenazaba con devorar la cadena del ADN humano. Los elegidos de esa era fueron alquimistas y artesanos cuya genialidad fue "potenciada" por esta misma cueva.
El Infierno de Acero
La proyección se tornó gris y sangrienta. El estruendo de los cañones de la Gran Guerra y el tableteo de las ametralladoras en 1944 llenaron la cueva. En medio de las ruinas de Stalingrado, un pequeño grupo de soldados de diferentes banderas, todos con una marca luminosa en el dorso de la mano, hacían frente a algo que no era un tanque alemán, sino una brecha de oscuridad pura que se tragaba a los hombres.
—La Segunda Guerra Mundial no fue solo un conflicto humano —continuó Taho, sus ojos reflejando el fuego de las imágenes—. Fue el último gran despertar. La Piedra reunió a los antecesores de lo que nosotros somos hoy. Durante milenios, este objeto ha recolectado los especímenes más destacados, las "variables extremas", cada vez que una amenaza de nivel de extinción se manifiesta.
El Octavo Lado: El Nombre en la Piedra
La proyección se desvaneció, dejando una estela de partículas doradas flotando en el aire. El monolito dejó de pulsar y la luz se concentró en el octavo lateral, aquel que hasta ahora permanecía liso.
Unas letras comenzaron a grabarse en la roca, como si un láser invisible las estuviera tallando en tiempo real. El sonido era un chirrido agudo, similar al de un diamante cortando cristal.
QUIRON POLEMISTIC / ANGELO
El silencio que siguió fue absoluto. Cordman, cuyas raíces aún estaban conectadas al suelo húmedo, rompió la tensión. Sus fibras crujieron al moverse.
—¿Quiron? ¿Angelo? —preguntó Cordman.
Taho retiró su mano del molde. El brillo de sus ojos no se apagó de inmediato. Se giró hacia el grupo, observando a cada uno: el gigante que comía tortillas, el demonio de la sombra, el héroe de Sonora, el hombre que no podía ser tocado.
—No es solo un nombre —respondió Taho, caminando hacia el centro del grupo—. "Quirón" en la mitología era el mentor de héroes, el sanador herido. "Polemistic" deriva de la guerra, del conflicto técnico. Y "Angelo"... el mensajero. Es una designación de clase. Es el objetivo final de nuestra reunión.
Taho miró hacia la oscuridad de la cueva, donde el Coyote permanecía en las sombras, observando con sus ojos de animal cargados de una sabiduría que no pertenecía a este siglo.
—El monolito nos está diciendo quién es nuestra única esperanza para detener al Anciano. Eso es lo que vamos a averiguar —sentenció Taho—. Pero prepárense.
El Coyote dio un paso al frente, y su traductor emitió un sonido final, una nota pura que resonó en el monolito:
—"El tiempo de los catálogos ha terminado. El tiempo de la guerra ha comenzado".
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