El angel de la muerte y el genio: especial de año nuevo.
El frío no era solo una cuestión de temperatura; era una presencia física, una mortaja de escarcha que se filtraba por las costuras de los trajes y convertía el aliento en cristales de hielo antes de que pudieran abandonar los labios. Angel y Lupus caminaban por la cresta de una duna de nieve silícea, sus figuras recortadas contra un cielo de un color violeta eléctrico, donde las tres lunas del planeta colgaban como monedas de plata gastadas. Angel avanzaba con su habitual levedad, sus botas flotando a milímetros de la superficie blanca, evitando romper la costra de hielo. A su lado, Lupus caminaba con la pesadez de un titán, cada paso hundiendo el metal de sus grebas en la nieve con un crujido seco y rítmico. El aire olía a ozono estancado y a la resina helada de los pinos de cristal que crecían en los valles inferiores, un aroma que picaba en la nariz como agujas invisibles. Lupus se detuvo un momento, observando el horizonte donde las estrellas titilaban con una fijeza artifici...