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Mostrando las entradas de diciembre, 2025

El angel de la muerte y el genio: especial de año nuevo.

 El frío no era solo una cuestión de temperatura; era una presencia física, una mortaja de escarcha que se filtraba por las costuras de los trajes y convertía el aliento en cristales de hielo antes de que pudieran abandonar los labios. Angel y Lupus caminaban por la cresta de una duna de nieve silícea, sus figuras recortadas contra un cielo de un color violeta eléctrico, donde las tres lunas del planeta colgaban como monedas de plata gastadas. Angel avanzaba con su habitual levedad, sus botas flotando a milímetros de la superficie blanca, evitando romper la costra de hielo. A su lado, Lupus caminaba con la pesadez de un titán, cada paso hundiendo el metal de sus grebas en la nieve con un crujido seco y rítmico. El aire olía a ozono estancado y a la resina helada de los pinos de cristal que crecían en los valles inferiores, un aroma que picaba en la nariz como agujas invisibles. Lupus se detuvo un momento, observando el horizonte donde las estrellas titilaban con una fijeza artifici...

El angel de la muerte y el genio, capítulo 1.

 El silencio de la cabina Épsilon-7 no era absoluto; estaba compuesto por el siseo del soporte vital y el golpeteo rítmico del pulso de Geometry contra sus propios tímpanos. A través del visor reforzado, la Hendidora del Espacio se veía como una aguja de obsidiana cosiendo el tejido de la nebulosa. De repente, tres destellos de luz blanca rasgaron la oscuridad. Eran tres interceptores de clase Velox, naves de ataque rápido que olían a combustible de alta densidad y a la impaciencia de sus pilotos. Se aproximaban en una formación de pinza perfecta, sus motores de plasma dejando estelas de un azul ionizado que Geometry podía calcular mentalmente antes de que se estabilizaran. Eran extensiones de la voluntad de su madre, Taho: precisas, gélidas y carentes de cualquier duda. Geometry suspiró, y el vapor de su aliento empañó brevemente el panel táctil. Sus dedos no dudaron. No hubo odio en su movimiento, solo una aplicación matemática de la violencia. —Variable de trayectoria: delta-nue...

El ángel de la muerte y el hijo prodigo, temporada 3, capítulo 9.

 El rugido de la cascada era un trueno perpetuo que hacía vibrar las paredes de la gruta, una cortina de cristal líquido que separaba su santuario del caos del mundo exterior. El aire allí dentro era una masa densa de humedad pulverizada, fría y cargada con el aroma mineral de la roca mojada y el perfume dulce de los musgos que se aferraban a las grietas. La luz se filtraba a través del torrente, descomponiéndose en un espectro de azules eléctricos y verdes esmeralda que danzaban sobre las superficies pulidas de la cueva, creando una atmósfera de irrealidad material. Angel no estaba de pie. Estaba suspendido. Flotaba a escasos diez centímetros del suelo rocoso, una distancia pequeña pero que desafiaba toda ley física conocida. Sus botas no tocaban la tierra, y sin embargo, su postura era de una estabilidad absoluta. Bajo su cuerpo, el aire parecía haber adquirido una densidad distinta, una almohadilla invisible de presión que mantenía su centro de gravedad en un equilibrio perfecto...

El angel de la muerte y el hijo prodigo, temporada 3, capítulo 8.

  El viento de Planeta X azotaba los paneles metálicos de la plataforma de lanzamiento, arrastrando consigo un polvo brillante que raspaba la piel bajo los trajes presurizados. Yosarian Jr. caminaba a paso lento, con las botas resonando huecas sobre el metal. Su respiración se mezclaba con el siseo del aire comprimido de los sistemas de la nave, creando un murmullo constante que parecía envolverlo en un manto de tensión. Frente a él, Hack, su tío y mentor, ajustaba los últimos controles del puente de mando, sus dedos ágiles y seguros deslizándose sobre las superficies táctiles que emitían un resplandor azul eléctrico. —¿De verdad vamos a hacer esto? —preguntó Yosarian Jr., la voz apenas audible sobre el zumbido de los generadores, con un dejo de incredulidad que contrastaba con la frialdad mecánica del entorno. Sus ojos recorrían la nave, admirando la precisión de cada módulo ensamblado, el brillo metálico de las cúpulas de energía, el aroma acre de lubricantes y metal recién traba...

El hijo prodigo y el abgel de la muerte, temporada 3, capítulo 7.

  Malerius se hallaba en la cima de la plataforma central, el resplandor azul del mineral reflejándose en sus ojos como un océano helado. Frente a él, William apenas podía mantenerse erguido, las botas resonando huecas contra el suelo metálico, mientras contemplaba el panorama que se desplegaba a su alrededor. —Doce —dijo Malerius, su voz cortante como un filo de cristal—. Doce estructuras base. Cada una un pilar de nuestra ciudad. Cada una un símbolo. William siguió la línea de módulos que emergían del suelo: torres de cristal metálico, laboratorios flotantes, viviendas suspendidas como racimos de una fruta imposible. La luz de los haces verticales danzaba sobre ellos, proyectando sombras largas que se entrecruzaban, como un tapiz vivo. La brisa inexistente se llenaba del olor a ozono, metal caliente y polvo eléctrico; el zumbido de los generadores vibraba en el pecho como un tambor de guerra. —¿Doce? —murmuró William, incrédulo—. ¿Por qué ese número? Malerius bajó la vista, la so...