El enterrador, temporada 2, capitulo 7.

 El zumbido constante de los motores envolvía la cabina de la nave mientras Hack pilotaba con una mano firme, sus dedos tamborileando distraídamente sobre los controles desgastados. La luz azulada de las pantallas llenaba el espacio, proyectando sombras danzantes sobre las paredes metálicas. Yosarian, reclinado en el asiento del copiloto, miraba con aire pensativo las estrellas que se extendían como un velo infinito más allá del parabrisas.


“No serán los últimos,” dijo Yosarian con voz grave, rompiendo el silencio tenso que flotaba entre ellos. Sus ojos, fríos como el vacío exterior, se fijaron en Hack. “Vendrán más.”


Hack soltó una risa nerviosa, el sonido entremezclado con el pitido ocasional de los sistemas de navegación. Su mandíbula cuadrada se tensó mientras apretaba los controles, pero su tono intentaba restarle importancia a la advertencia.


“Espero que no,” respondió, echando un vistazo rápido a Yosarian. “Porque eran muy feos.”


Yosarian dejó escapar un leve suspiro, casi imperceptible. Estaba a punto de replicar cuando, de repente, un estruendo sacudió la nave. Un disparo impactó contra el casco, haciendo vibrar la estructura como si un martillo gigante la hubiera golpeado. Las luces parpadearon, y un destello rojo inundó la cabina cuando las alarmas comenzaron a ulular.


“¡Maldición!” exclamó Hack, sus ojos abriéndose con sorpresa mientras sus manos se movían a la velocidad de la luz sobre los controles. “¡Nos han alcanzado!”


El aire se llenó con el sonido metálico de los sistemas de emergencia activándose, mientras la nave se tambaleaba violentamente. El olor acre de los circuitos sobrecalentados comenzó a invadir la cabina, y la pantalla de radar parpadeó, mostrando la amenaza inminente: un caza enemigo se acercaba, lanzando otro disparo que pasó rozando el casco.


Hack apretó los dientes y maniobró con una habilidad extraordinaria. Tiró de una palanca con fuerza, haciendo que la nave girara bruscamente hacia la izquierda. Las estrellas se convirtieron en estelas fugaces, un borrón de luz que giraba alrededor de ellos mientras el caza continuaba su persecución implacable.


“¡No te relajes, Yosarian! Esto está lejos de acabar,” gritó Hack mientras sus dedos recorrían el panel de control con precisión quirúrgica, ajustando los escudos y desviando la potencia a los motores traseros.


Yosarian se mantenía sereno, con los ojos fijos en la pantalla, evaluando cada movimiento del enemigo. Su voz, tranquila, cortó la tensión. “Más rápido, Hack.”


“¡Lo intento!” espetó Hack, sudor perlándole la frente mientras deslizaba la nave en una maniobra cerrada, esquivando un disparo que pasó tan cerca que el casco emitió un quejido metálico.


El tiempo pareció dilatarse, cada segundo una eternidad. Hack respiraba con dificultad, las manos firmes pese a la adrenalina que corría por sus venas. Finalmente, después de lo que parecieron horas, el radar mostró que el caza se había desvanecido. El enemigo los había perdido.


Hack exhaló con fuerza, dejando caer la cabeza hacia atrás, agotado. “Lo logramos…”


Yosarian asintió, impasible. “Por ahora.”

El silencio que siguió fue casi tan abrumador como el caos previo. Solo el zumbido constante de los motores y el eco distante de las alarmas apagadas permanecían. Hack respiraba con pesadez, las manos aún temblorosas sobre los controles, mientras intentaba calmar el latido furioso en sus sienes.


Yosarian, inmóvil en su asiento, observaba la oscuridad del espacio que se extendía ante ellos. Las estrellas volvieron a ser puntos de luz fijos, indiferentes al peligro que acababan de superar. Finalmente, rompió el silencio con la misma calma imperturbable que lo había acompañado durante el ataque.


“¿Estás bien?”


Hack dejó escapar una carcajada seca, más por el alivio que por humor genuino. “¿Bien? Estoy vivo, que es más de lo que esperaba hace cinco minutos.” Se frotó las manos sudorosas en los pantalones y giró el asiento hacia Yosarian, su rostro aún pálido pero con una sonrisa torcida. “¿Tú?”


Yosarian lo miró, sus ojos carentes de cualquier emoción visible. “Vivo también. Por ahora.”


Hack sacudió la cabeza, todavía intentando sacudirse la tensión. “Siempre tan optimista, ¿eh?” Giró hacia el panel de control y comenzó a ajustar los sistemas para evaluar los daños. La nave emitió una serie de pitidos irritantes, pero los indicadores mostraban que la estructura principal había aguantado mejor de lo esperado.


“El casco está magullado, pero los motores aguantaron. Hemos tenido suerte.”


“No fue suerte,” corrigió Yosarian, su tono firme. “Fue habilidad.”


Hack sonrió de nuevo, más relajado esta vez, y se permitió reclinarse en el asiento, observando las estrellas. “Bueno, me alegra que lo reconozcas. Pero si te soy sincero, me encantaría que esta habilidad no fuera necesaria tan a menudo.”



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