El enterrador, temporada 2, capitulo 3.

 En toda la galaxia, las pantallas destellaban con el mismo video, una grabación nítida pero con un aura clandestina. Hack había hecho su magia. Yosarian aparecía de pie frente a un fondo oscuro, iluminado apenas por un foco que hacía resaltar su rostro tenso. Su mirada era una mezcla de desafío y resignación, sus ojos brillando con una intensidad que hacía que las palabras parecieran grabarse directamente en la mente de los espectadores.


El sonido de su voz reverberaba por los sistemas de comunicación. Era grave, controlada, con una cadencia que atraía incluso a los más indiferentes. "Fui inculpado por mis enemigos . Pero sepan esto: quien me persiga enfrentará la muerte." Su declaración terminaba con una pausa calculada, el eco de sus palabras desapareciendo como un golpe sordo. En el fondo, se oía una música tensa, casi imperceptible, una melodía que sugería peligro y resistencia.


En Nueva Europa, las cafeterías y bares estaban abarrotados. Las grandes pantallas holográficas mostraban la grabación una y otra vez, las imágenes proyectándose en los cristales translúcidos que daban a las calles. La nieve artificial caía suavemente sobre los techos de cúpulas metálicas, mientras la ciudad, conocida por su orden y disciplina, se agitaba en un torbellino de opiniones divididas.


En una esquina, un grupo de trabajadores de los astilleros discutía acaloradamente. Uno de ellos, un hombre robusto con manos ásperas por el trabajo, golpeó la mesa. "¡Es un criminal! Un asesino, y ahora quiere hacerse pasar por víctima. ¡No se lo compren!" Su voz era ronca, y el olor a aceite industrial se mezclaba con el café fuerte que sostenía.


En contraste, una joven, con una chaqueta de cuero y un tatuaje lumínico en el brazo, lo enfrentó con una sonrisa irónica. "¿Y si está diciendo la verdad? ¿Si es otro intento de nuestra mayor enemiga para deshacerse de él?" Su tono era sarcástico, pero sus ojos brillaban con fervor.


Al otro lado de la galaxia, en el Gran Africano, una megalópolis que se extendía más allá del horizonte, la reacción era igual de polarizada. En los mercados flotantes, donde el aire estaba cargado con el aroma de especias exóticas y la humedad salina de los ríos que serpenteaban entre las plataformas, la noticia se colaba en cada conversación.


En un restaurante al aire libre, un anciano vestido con ropas tradicionales discutía con un comerciante más joven. "Este hombre solo busca caos. Personas como él destruyen la paz que hemos construido con el imperio." El anciano hablaba despacio, con la autoridad que da la experiencia, mientras sus dedos jugueteaban con un rosario de piedras negras.


El comerciante, en cambio, tenía un brillo en los ojos. "¿Y si tiene razón? Ciertamente a la emperatriz no le preocupa la paz.


El video continuaba su curso, proyectándose en todos los rincones de la galaxia, como un fuego incontrolable que alimentaba debates, unificaba y dividía. 


El ambiente era tenue, iluminado solo por la luz parpadeante del espectáculo holográfico frente a ellos. Hack y Yosarian estaban sentados en una sala de descanso pequeña y austera, las paredes metálicas reflejaban el brillo azulado de las imágenes proyectadas. En el centro de la proyección, una mujer de cabello rojo intenso se movía con una gracia aterradora, manipulando un conjunto de armas que giraban, disparaban y cortaban con precisión letal. Cada movimiento era metódico, casi artístico, mientras la música de fondo aumentaba el dramatismo, vibrando en sus asientos.


Hack, con un vaso de jugo en la mano, observaba en silencio, pero su ceño fruncido y los golpecitos de sus dedos contra la mesa delataban su incomodidad. "Yosi," dijo al fin, rompiendo el silencio, "esa mujer es un verdadero monstruo." Su voz era grave, casi ronca, cargada de un desprecio palpable.


Yosarian, sentado con los brazos cruzados y los ojos fijos en la proyección, apenas movió la cabeza. "Es extraordinaria," respondió con calma, como si estuviera describiendo una obra maestra. "Pero no creo que sea una buena persona."


Hack lo miró con incredulidad. "¿No crees que es una buena persona? ¡Yosi, ha matado a más de mil individuos! Y tú también" Su voz subió un poco, resonando en el espacio cerrado. El eco parecía enfatizar cada palabra, como un martillo golpeando una superficie fría.

Yosarian exhaló lentamente, como si estuviera agotado por la conversación. "Lo importante no son las personas que matemos, sino cómo tratamos a las personas vivas." Sus palabras eran suaves pero firmes, casi como una sentencia.


Hack lo miró fijamente, como si intentara ver dentro de su mente. Había algo en su amigo que siempre le resultaba desconcertante, como si Yosarian viviera en un plano diferente, donde las reglas del resto no aplicaban. Finalmente, sin decir nada más, Hack se levantó. Su bebida quedó olvidada en la mesa, la condensación formando un pequeño charco en la base del vaso.


Al salir de la sala, Hack sentía un nudo en el estómago. Caminó por los pasillos, sus botas resonando en el metal, pensando en la extraña filosofía de Yosarian. "¿Cómo puede decir eso?" murmuró para sí mismo, mientras la imagen de la mujer pelirroja seguía en su mente, girando y disparando con una destreza que desafiaba la lógica. 


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