El enterrador, temporada 2, capitulo 1.
Yosarian despertó con una sensación de extrañeza. El mundo parecía suspendido entre el sueño y la realidad. Sintió la suavidad de la cama bajo su cuerpo, un colchón que no reconocía, aunque agradeció el contraste con la dureza de las rocas que había sentido en su última batalla. Un olor metálico flotaba en el aire, mezclado con el desinfectante estéril característico de una sala médica. Abrió los ojos con dificultad, parpadeando ante la luz tenue que iluminaba el lugar. El techo gris y liso, sin adornos, le devolvió la mirada.
"¿Estoy en el cielo?" murmuró, su voz áspera y débil, casi irreconocible para él mismo. Antes de recibir una respuesta, escuchó un sonido familiar: el tono siempre jovial de Hack.
"Yosi, Yosi... Más bien el infierno", respondió Hack mientras se inclinaba sobre él, su rostro iluminado por una mezcla de alivio y diversión. Su chaqueta estaba cubierta de polvo y manchas de grasa, como si no hubiera descansado desde la última batalla.
Yosarian trató de incorporarse, pero un dolor punzante recorrió su brazo y su torso. La adrenalina de la pelea había desaparecido, dejando solo una ola de agotamiento y dolor. "¿Qué sucedió?" preguntó, aunque los recuerdos empezaban a inundarlo: la Guadaña, las explosiones, el frío metal de su mini arma disparando en el último instante.
"Pues que casi te mueres", respondió Hack, dejándose caer en una silla cercana. "En serio, estuviste al borde."
La mención de la Guadaña activó todos los sentidos de Yosarian. "¡La Guadaña!" exclamó, su voz quebrándose por la preocupación. "¿Está muerta? ¿Seguro?"
Hack asintió con una sonrisa tranquila y alzó las manos como si quisiera calmarlo. "Tranquilo, amigo. Te aseguraste de que no volviera a moverse. Esa cosa está tan muerta como puede estarlo algo que era tan raro."
Yosarian respiró aliviado, dejando que su cabeza descansara contra la almohada. La sensación del tejido áspero del cobertor bajo sus dedos era extrañamente reconfortante. "¿Y qué hicieron con ella?" preguntó, esperando que Hack hubiera hecho algo práctico, como quemar el cuerpo.
"Bueno..." Hack se rascó la nuca, desviando la mirada por un instante. "Vendí su cuerpo."
Yosarian lo miró, incrédulo. "¿¡Qué hiciste!?"
Hack sonrió de manera despreocupada. "Conseguí un trato con un rico excéntrico. Al parecer, colecciona criaturas alienígenas raras. Me pagó una fortuna." Hizo una pausa, sacando una bolsa de tela que dejó caer sobre la mesa cercana con un tintineo metálico. "Invertí el dinero en una mina de Zorgon. Mira los rendimientos."
Yosarian parpadeó al ver la bolsa, que estaba llena de minerales brillantes, reflejando la luz con tonos azules y plateados. "¿Cómo siempre logras convertir todo en negocio?" preguntó, dejando escapar una risa cansada.
Hack se encogió de hombros, sonriendo con descaro. "Es mi talento natural."
Ambos estaban sentados en la sala común de la nave, un espacio austero, iluminado por una luz blanca tenue que parpadeaba ocasionalmente. Las paredes de metal pulido reflejaban ligeramente el resplandor de la pantalla que, en silencio, comenzaba a encenderse. El suave zumbido de los sistemas de la nave era la única compañía auditiva en el lugar, como un susurro constante que les recordaba que aún estaban vivos.
Hack acomodó su postura, apoyando los pies sobre la mesa mientras sus dedos tamborileaban contra la superficie rugosa. El aroma a aceite y circuitos quemados llenaba el aire, una fragancia familiar en cualquier nave que llevaba días sin recibir mantenimiento adecuado.
Yosarian, aún recuperándose, estaba reclinado en el sillón más cercano. Su cuerpo dolía con cada movimiento, pero no podía apartar los ojos de la pantalla. Su mente, aunque agotada, estaba alerta. Algo importante estaba a punto de suceder.
De pronto, la pantalla emitió un destello brillante y luego estabilizó su imagen. La señal del canal interestelar, siempre grandilocuente, apareció con su emblemático logo: una estrella rodeada de anillos dorados. Los colores vibrantes parecían demasiado vivos en contraste con el gris opaco del interior de la nave. La transmisión comenzó con la imagen de la emperatriz.
La majestad, vestida con un manto de tonos púrpura y oro que brillaba como el sol, proyectaba una calma y autoridad inquebrantables. Sus ojos, profundos como un pozo oscuro, miraban directamente a la cámara, y parecía que su presencia llenaba la habitación. La voz de la emperatriz, rica y resonante, surgió con una gravedad que captó su atención de inmediato.
"Por la presente, declaro que la recompensa sobre Yosarian queda oficialmente retirada," anunció. Su tono era firme, pero había un dejo de solemnidad que no pasó desapercibido. "Nuestras prioridades han cambiado. Hay amenazas mayores que demandan toda nuestra atención."
Hack rompió el silencio con una sonrisa amplia mientras se giraba hacia Yosarian. "Ganamos," dijo con un tono de desestres.
Yosarian no apartó la mirada de la pantalla, donde la transmisión continuaba mostrando a la emperatriz. Su corazón latía con fuerza, pero dejó escapar un suspiro aliviado. "Sí... Ay," respondió, con una mezcla de cansancio y alivio que le pesaba en cada palabra.
Hack se echó hacia atrás, cruzando las manos detrás de la cabeza. "Te dije que saldríamos de esta, amigo."
Yosarian no respondió de inmediato. Sus ojos permanecían fijos en la pantalla apagada, reflexionando sobre lo que acababan de escuchar. Aunque el peso de la recompensa había desaparecido, sabía que este no era el final, sino el comienzo de algo aún más grande.
En la cabina de mando de la nave, un pequeño monitor comenzó a parpadear. La señal de Nueva Europa invadió la pantalla con el brillo de una transmisión oficial. Yosarian y Hack, sentados frente a los controles, intercambiaron miradas antes de fijar su atención en el informe.
El logotipo de Nueva Europa, un águila estilizada rodeada por una aurora boreal, se desvaneció para dar paso a un presentador de rostro severo y uniforme impecable. Su voz resonó con claridad, firme pero cargada de orgullo:
"Hoy, Nueva Europa se enorgullece de anunciar un avance que redefinirá el campo militar. Hemos recuperado ADN terrestre ancestral, específicamente seleccionado por su fortaleza y resiliencia. Con él, hemos creado a la soldado perfecta: una mujer diseñada para superar cualquier límite humano."
La imagen en la pantalla cambió para mostrar a la nueva creación. Era imponente, alta y musculosa, con movimientos que parecían una danza precisa entre fuerza y gracia. Su piel era pálida, casi iridiscente bajo las luces del laboratorio, y sus ojos de un azul eléctrico parecían perforar la pantalla. Se movía a través de un campo de entrenamiento, esquivando obstáculos y desarmando enemigos robóticos con una facilidad casi inhumana.
El aire en la cabina estaba cargado de una tensión casi tangible. El zumbido de los sistemas de la nave parecía más intenso, amplificando el peso de la revelación. Yosarian, aún recostado en su silla, soltó una risa breve y amarga, que rompió la quietud.
"Bueno, por fin me reemplazaron," murmuró, con un dejo de sarcasmo en su voz.
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