El gran cocinero, capitulo 2.

 Lagringr, el alto y robusto cocinero de ascendencia irlandesa, se adentró en el imponente edificio corporativo de su padre con paso decidido. La fría brisa del aire acondicionado chocó contra su piel, un contraste marcado con el cálido ambiente que había dejado atrás. Su piel, de un tono pálido y sus facciones marcadas, contrastaban con el entorno elegante del vestíbulo, cuyas paredes de mármol y el brillo de las lámparas de cristal creaban una atmósfera de opulencia.


A medida que avanzaba, el eco de sus pasos se mezclaba con el susurro suave de conversaciones distantes y el murmullo constante del tráfico en las calles adyacentes. La recepción estaba decorada con tonos neutros y muebles de cuero negro, exudando una formalidad que hacía sentir a Lagringr como si estuviera en un lugar ajeno a su mundo culinario. La alfombra gruesa bajo sus pies amortiguaba sus pasos y absorbía el sonido, añadiendo una capa de aislamiento a la atmósfera empresarial.


El CEO, un hombre de mediana edad con una presencia imponente y una expresión de seriedad, lo recibió al llegar. El CEO extendió la mano, que Lagringr tomó con firmeza. "Mi más sentido pésame", dijo con voz grave, su tono cargado de una mezcla de respeto y simpatía.


Lagringr asintió, su voz resonando con un matiz de desdén resignado. "No se preocupe"


El CEO continuó, su rostro mostrando un leve gesto de inquietud. "El funeral ya se realizó. Ahora necesitamos discutir la transición. Debe reunirse con los socios para coordinar el futuro de la compañía."


El corazón de Lagringr latió con una mezcla de ansiedad y determinación mientras seguía al CEO por los pasillos del edificio. Los pasillos estaban adornados con obras de arte abstracto y el suelo de madera pulida reflejaba las luces de los apliques en la pared. El aroma del aire fresco y ligeramente estéril del edificio era un recordatorio constante del entorno empresarial.


Cuando finalmente entró en la sala de juntas, el contraste entre su apariencia y el entorno corporativo se hizo aún más evidente. La sala, con su mesa de conferencias de caoba brillante y sillas de cuero acolchado, proyectaba una atmósfera de autoridad y decisiones cruciales. Los socios, sentados en torno a la mesa, lo miraron con expectación.


Lagringr se dirigió a la cabecera de la mesa, sus pasos resonando en el suelo de madera mientras se acercaba. El sonido del cuero al moverse y el murmullo de las sillas al ajustarse creaban una sinfonía sutil de tensión. Se acomodó en su asiento, mirando a los presentes con una expresión resuelta.


"No tengo intenciones de cambiar mucho", comenzó Lagringr, su voz grave y clara. "Sin embargo, me encargaré personalmente de la cadena de restaurantes que tenía mi padre. El ceo actual está capacitado para mantener todo a flote"

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