El hijo prodigo y el angel de la muerte, capitulo 5.

En el tranquilo anochecer de valle Largo, William y Ángel se encontraban en la entrada de la casa, enfrentándose a un dilema que desafiaba la lógica. Ángel miraba a William con ojos inquisitivos, tratando de comprender lo inexplicable.


"¿Cómo es posible esa transformación?" preguntó Ángel, su voz cargada de asombro y preocupación.


William suspiró, sintiendo el peso de la historia familiar sobre sus hombros. "Es culpa de mi bisabuelo. A él le sucedía lo mismo"


Ángel frunció el ceño, intentando conectar los puntos. "¿Y nunca has podido controlarlo?"


"No," respondió William con sinceridad. 


"El chi es la clave para todo esto," afirmó Ángel repentinamente, sus ojos brillando con convicción.


William negó con la cabeza. "El chi no existe. Es una superstición."


Ángel levantó una ceja, desafiante. "Yo puedo usarlo, William. Es real."


"Eso es absurdo," refutó William, sus manos apretadas en puños. "¿Cómo puedes creer en algo así?"


"¿Cómo comenzó a transformarse tu bisabuelo?" preguntó Ángel, cambiando de tema rápidamente.


William suspiró, resignado. "Combinó su ADN con el de otras especies. Es como si tú te fusionaras con un insecto."


Ángel frunció el ceño, asimilando la información. "¿Es eso posible?"


"Sí," confirmó William. 

Angel: y dudas de la existencia del chi?"

William: la genética es ciencia.

Ángel lo interrumpió, determinado. "Te mostraré que el chi es real."


Minutos después, Ángel estaba de pie frente al río, con los ojos vendados y sosteniendo su espada en una mano extendida hacia adelante. William, a cierta distancia, recogió una piedra del suelo y la lanzó hacia Ángel. Con un movimiento rápido y preciso, Ángel cortó la piedra en dos mitades limpias antes de que tocara el suelo.


"El chi es la energía que yace en cada objeto," explicó Ángel, su voz resonando en la noche. "Solo es necesario canalizarla."

Ángel se quitó la venda, revelando unos ojos intensamente serenos. "¿Ahora crees en el chi?" preguntó, mirando a William con expectación.


William asintió lentamente, procesando lo que acababa de presenciar. "Cómo sabes la dirección de la roca?"

Angel: es el chi que yace en cada objeto.


Un mes después, William y Ángel se encontraban en un claro junto a la casa, el sol del atardecer bañaba el paisaje con tonos dorados y rosados mientras se dedicaban a entrenar. William se esforzaba por mantener su transformación, canalizando el chi que Ángel le había enseñado a manipular. Sus músculos se tensaban, su respiración se volvía profunda y concentrada, y sus ojos brillaban con una intensidad casi animal mientras luchaba por mantenerse en su forma alterada.


Ángel observaba atentamente desde el borde del claro, alentando a William con palabras de aliento. "¡Vamos, William! ¡Puedes hacerlo! Mantén el chi fluyendo."


William gruñó, enfocado en el ejercicio mental y físico de sostener la transformación. Podía sentir el poder fluyendo a través de él, la sensación de fuerza y agilidad que lo envolvía como un manto. Por un momento, logró estabilizarse y mantuvo la forma durante unos minutos preciosos.


Sin embargo, gradualmente, sintió que el chi se deslizaba fuera de su control. Su forma comenzó a fluctuar, sus características humanas volviendo a emerger lentamente mientras la conexión con la energía vital se desvanecía.


"Fracasé," murmuró William, desalentado mientras volvía a su forma humana completa. Se dejó caer en el suelo, sintiendo la fatiga y la decepción pesando sobre él.


Ángel se acercó, agachándose a su lado con una sonrisa comprensiva. "No fue un fracaso, William. Lograste mantener la transformación por más tiempo que la última vez."


"¿Pero por qué no pude sostenerla más?" preguntó William, frustrado consigo mismo.


Ángel se sentó a su lado, pensativo. "Cansancio, Activar el chi y aprender a controlarlo no es fácil. A mí me tomó un año entero antes de poder hacerlo de manera consistente."

Ángel asintió. " tienes talento, William. Puedo verlo. Solo necesitas práctica y paciencia."

Un mes después, el atardecer teñía el cielo de Valle Largo con tonos dorados y rosados cuando William regresó volando a tierra firme. Ángel lo esperaba cerca de la casa, observando con calma mientras el joven descendía con gracia y se acercaba con una sonrisa.


"¿Nunca te has preguntado si podría haber más humanos en el planeta?" preguntó William, sus ojos brillando con curiosidad.


Ángel asintió lentamente, sus ojos oscuros reflejando una mezcla de reflexión y cautela. "Sí, lo he considerado. Pero el planeta es peligroso. He explorado lo que se puede caminar en un día y he regresado al siguiente."


William frunció el ceño, pensativo. "Podríamos recorrer el planeta mucho más rápido. He estimado que puedo volar a unos cuatrocientos kilómetros por hora. Podríamos hacerlo en menos de un año."


Ángel pareció reflexionar sobre la propuesta, evaluando las posibilidades y los riesgos. "¿Qué comeríamos en el camino? ¿Cómo nos abasteceríamos?"


William sonrió con determinación. "Llevaríamos provisiones y recolectaríamos alimentos a lo largo del camino. Si resulta muy difícil, siempre podemos regresar."


Ángel asintió finalmente, convencido por la determinación de William y la lógica de su plan. "Está bien. Hagámoslo."



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