El angel de la muerte y el hijo prodigo, capitulo 8.
En lo más profundo del valle, donde los agujeros perforaban la tierra como poros gigantes, William y Ángel observaban fascinados cómo cucarachas del tamaño de caballos salían y entraban de estas aberturas con una precisión inquietante.
"Ángel," dijo William en voz baja, sus ojos brillando con una curiosidad incontenible, "creo que deberíamos adentrarnos en uno de estos agujeros."
Ángel asintió con cautela, sujetándose firmemente a la espalda de William mientras se preparaban para la exploración. Sin perder más tiempo, eligieron un agujero amplio y oscuro, y William, con su forma monstruosa recién transformada, se precipitó dentro con un batir de alas poderoso.
Descendieron en la penumbra durante lo que pareció una eternidad, rodeados por paredes de tierra y roca que se cerraban sobre ellos. Media hora después, William notó un cambio en el aire.
"Ángel, empieza a oler a azufre aquí," anunció William, su voz resonando en la estrechez del túnel.
Ángel, confundido pero fascinado, preguntó: "¿Qué es azufre?"
William, con su vasto conocimiento, respondió: "Es un elemento químico. Tiene un olor muy distintivo, como huevos podridos."
Ángel arrugó la nariz. "Es cierto, huele extraño. Nunca imaginé que llegaríamos tan cerca del centro del mundo"
William rió suavemente. "Aún estamos lejos de eso."
Decidieron regresar, conscientes de que explorar más profundamente podría ser peligroso. William ajustó su vuelo y comenzó el ascenso, sus poderosas alas batiendo con determinación mientras Ángel se aferraba a él, observando cómo los agujeros en las paredes del túnel pasaban rápidamente.
El aire se volvió más fresco a medida que ascendían, alejándose del olor penetrante del azufre. La luz comenzó a filtrarse desde arriba, guiándolos de regreso hacia la superficie del valle. Los sonidos de las cucarachas gigantes y el murmullo lejano del viento en la superficie se hicieron más audibles a medida que emergían del túnel.
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