Trimind, capitulo 9.
Joseph recorría el alcantarillado en su gusano mecánico, una estructura tubular imponente que avanzaba con un ritmo constante y seguro. Las patas mecánicas del gusano se movían con precisión, produciendo un sonido rítmico de metal contra el concreto que resonaba en los pasajes oscuros y húmedos. A medida que avanzaba, las luces delanteras del gusano iluminaban el camino, revelando muros cubiertos de moho y charcos de agua estancada que reflejaban destellos intermitentes.
El aire estaba impregnado de un olor acre a humedad y descomposición, mezclado con el aroma metálico del aceite de las máquinas. Joseph, sentado en la cabina de mando improvisada, podía sentir la vibración del motor bajo sus pies y el frío del metal a través de su ropa. Sus manos firmes y seguras se movían sobre los controles con destreza, guiando el gusano a través de los angostos pasajes con precisión casi milimétrica.
A medida que el gusano avanzaba, el eco de su movimiento llenaba el aire, creando una sinfonía industrial que se mezclaba con el constante goteo del agua. Joseph estaba absorto en su tarea, su concentración absoluta en cada detalle del entorno y de su creación. Los pequeños monitores y luces de la cabina proporcionaban un resplandor tenue, proyectando sombras danzantes en las paredes del túnel.
En cierto punto, Joseph decidió detenerse. Había encontrado una tapa de alcantarillado que parecía ser el punto perfecto para una observación más detallada del mundo exterior. Con un giro de los controles, el gusano se detuvo suavemente, sus patas mecánicas quedándose inmóviles en una pose firme y segura. El motor emitió un zumbido sordo antes de apagarse, dejando un silencio momentáneo en el que solo se escuchaba el eco distante del agua goteando.
Joseph se levantó de su asiento y caminó hacia una escotilla en el techo del gusano. El metal frío y ligeramente oxidado de la escotilla crujió bajo sus dedos mientras la abría con cuidado. El aire del alcantarillado, denso y cargado, fue reemplazado por una ráfaga de aire más fresco que se filtraba desde arriba.
Sacó la cabeza a través de la tapa del alcantarillado, parpadeando ante la repentina luz del día. Sus ojos se ajustaron lentamente, observando con curiosidad el entorno urbano. El sonido distante del tráfico y las voces humanas llenaba el aire, una cacofonía de vida que contrastaba con el silencio del alcantarillado. Una tienda cercana captó su atención; las luces brillantes y las vitrinas llenas de productos lo fascinaban.
Dentro de una tienda, una cámara de seguridad giró lentamente, capturando el extraño espectáculo. El lente enfocó y, en la pantalla de vigilancia, apareció la imagen de Joseph y su gusano mecánico. El aparato, con su aspecto tubular y las patas metálicas extendidas, parecía una criatura salida de una novela de ciencia ficción. La cámara registró cada detalle: el brillo apagado del metal, las marcas de desgaste en las patas, y la figura de Joseph, borrosa, emergiendo desde la escotilla.
La imagen de Joseph y su gusano mecánico se grabó en la memoria digital de la cámara, un testimonio silencioso de su presencia subterránea. Ajeno a ser observado, Joseph volvió a bajar al interior del gusano, cerrando la escotilla tras de sí. El motor rugió de nuevo al encenderse, y el gusano continuó su recorrido por el laberinto del alcantarillado, llevando consigo la visión de un futuro lleno de posibilidades infinitas.
El vídeo del gusano mecánico de Joseph se volvió viral en cuestión de horas. Las redes sociales estallaron con comentarios y debates sobre la misteriosa criatura que había sido captada por una cámara de seguridad en el alcantarillado.
Mientras tanto, en una oficina polvorienta en el centro de la ciudad, un hombre de aspecto misterioso y sombrío examinaba el vídeo con atención. El detective privado, llamado , era un individuo de mediana edad. Su cabello oscuro caía en mechones desordenados sobre su rostro curtido por el sol, y sus ojos penetrantes.
John llevaba un traje oscuro que se ajustaba a su figura atlética, y un abrigo largo que le confería un aire de misterio y autoridad. Sus manos hábiles se movían con rapidez sobre el teclado de su computadora, buscando cualquier pista que pudiera ayudarlo a desentrañar el enigma del gusano mecánico.
El aire en la oficina estaba impregnado del olor acre del cigarrillo y el café recién hecho, mezclado con el aroma sutil del papel viejo y los archivos polvorientos. El sonido constante de las teclas de la computadora llenaba el espacio, creando una atmósfera de concentración y determinación.
George observaba el vídeo una y otra vez, analizando cada detalle con una mirada aguda y calculadora. Los destellos de las luces de la tienda se reflejaban en sus ojos mientras buscaba pistas ocultas entre las sombras del alcantarillado. El zumbido lejano del tráfico y el suave murmullo de la ciudad llenaban el aire, creando un telón de fondo para su investigación.
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