Trimind, capitulo 7.
El tenue resplandor de la pantalla del celular iluminaba apenas el rostro de Joseph en uno de los angostos ramajes del alcantarillado. Sus dedos ágiles navegaban por la pantalla mientras exploraba los recursos en línea para su estudio de ingeniería. El regreso a la navegación era como un rayo de luz en la oscuridad, ofreciendo un acceso renovado al conocimiento que tanto anhelaba.
Mientras seguía estudiando las 24 horas del día, los detalles sensoriales se intensificaban a su alrededor. El sonido constante del goteo del agua resonaba en el aire, creando un ritmo persistente que acompañaba cada página que pasaba. El olor a humedad y moho impregnaba el aire, recordándole constantemente su entorno subterráneo.
Aunque el camino hacia la libertad todavía estaba bloqueado físicamente, Joseph encontraba consuelo y fortaleza en su dedicación al estudio. Cada descubrimiento, cada avance, lo acercaba un paso más hacia su objetivo final de ser más autosuficiente de la madre a la que ahora consideraba una brujas.
Horas después:
Joseph se encontraba de pie frente a su madre en el oscuro sótano. El aire denso y cargado pesaba sobre él, como una manta opresiva que dificultaba la respiración. El constante goteo de la tubería rota resonaba en el ambiente, marcando el paso del tiempo con su ritmo monótono y persistente.
El rostro de su madre estaba pálido y preocupado, iluminado apenas por la tenue luz que se filtraba desde arriba. Sus ojos reflejaban una mezcla de temor y angustia mientras hablaba, su voz temblorosa resonando en el silencio opresivo del sótano.
"La purificación no funcionó, Joseph," dijo su madre, su tono cargado de resignación. "Tendremos que llamar a un exorcista para liberarnos de esta presencia maligna."
Las palabras de su madre resonaron en el aire, llenando el sótano con una sensación de desesperación y temor. Joseph sintió un nudo en el estómago mientras miraba a su madre, sintiendo el peso de la situación sobre sus hombros.
En ese momento, West, intervino con su voz calmada y serena. "Es hora de irnos, Joseph. No podemos quedarnos aquí para siempre."
La voz de West rompió el hechizo de temor que había envuelto a Joseph, infundiéndole una sensación de determinación y coraje. Sabía que era hora de dejar el pasado atrás y seguir adelante hacia un futuro incierto pero lleno de posibilidades.
Horas después:
Tras caminar incansablemente por los estrechos pasajes del alcantarillado, Joseph finalmente llegó a un ramaje poco frecuentado. El hedor penetrante y la oscuridad opresiva del túnel lo habían acompañado en cada paso, pero ahora, frente a él, se abría un escenario inesperado y asombroso.
El ramaje del alcantarillado se abría en un amplio espacio donde se encontraba un enorme vagón de tren abandonado. La luz tenue de su linterna apenas alcanzaba a iluminar la vasta extensión de metal oxidado y madera carcomida que se extendía ante él. El silencio en el lugar era tan profundo que resonaba en sus oídos, interrumpido solo por el suave goteo del agua que se filtraba por las grietas en el techo.
Joseph avanzó con cautela hacia el vagón, sintiendo el crujido de los escombros bajo sus pies y el olor a humedad y óxido que impregnaba el aire. Cada paso que daba resonaba en el espacio vacío, creando un eco que parecía seguirlo a cada paso.
Al entrar en el vagón, la oscuridad era aún más densa, envolviéndolo como un manto. Su linterna apenas era suficiente para iluminar el camino frente a él, revelando filas de asientos polvorientos y ventanas rotas que dejaban pasar destellos de luz de la luna.
El sonido del viento que soplaba entre los huecos del vagón era un susurro constante que llenaba el espacio, mezclándose con el chirrido de las bisagras oxidadas y el crujido del metal al expandirse y contraerse con el cambio de temperatura.
Joseph se detuvo en el centro del vagón, Una ráfaga de viento frío entró por una de las ventanas rotas, haciéndolo estremecerse ligeramente.
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