Trimind, capitulo 10.
El gusano mecánico de Joseph serpenteaba por los estrechos pasajes del alcantarillado, su estructura tubular avanzando con un ritmo constante y seguro. West, la voz guía de Joseph, le indicaba las rutas a seguir con total precisión. Conocía cada calle, cada callejón y cada esquina de la ciudad, y su conocimiento era invaluable para navegar por los laberintos subterráneos.
El aire en el interior del gusano estaba impregnado de un olor húmedo y rancio, mezclado con el aroma metálico del aceite de las máquinas. Joseph, sentado en la cabina de mando, podía sentir la vibración del motor bajo sus pies y el frío del metal a través de su ropa. Sus manos se movían con destreza sobre los controles, guiando al gusano a través de los angostos pasajes con precisión milimétrica.
De repente, Joseph decidió salir por una típica tapadera de alcantarillado. Con un giro de los controles, el gusano se detuvo suavemente, sus patas mecánicas quedándose inmóviles en una pose firme y segura. Joseph abrió la escotilla y sacó la cabeza, parpadeando ante la repentina luz del día.
La superficie estaba desierta al principio, pero pronto se vislumbró un grupo de vehículos claramente gubernamentales. El corazón de Joseph comenzó a latir con fuerza, un presentimiento de peligro le hizo retroceder, pero ya era demasiado tarde. Los vehículos se detuvieron y hombres armados descendieron, apuntando directamente al gusano mecánico.
El sonido ensordecedor de los disparos llenó el aire, las balas impactando contra el resistente metal del gusano. Joseph luchó por mantener el control, pero la situación se estaba volviendo desesperada. Sin embargo, el gusano resistió, sus estructuras reforzadas soportando el ataque implacable.
De repente, una red de acero cayó sobre el gusano, atrapándolo con fuerza y sujetándolo firmemente en su lugar. Joseph intentó salir, su corazón palpitando con pánico, pero fue rápidamente capturado por los agentes que lo rodeaban.
Con un movimiento rápido, los agentes de la CIA lo sometieron con una descarga eléctrica, dejándolo inconsciente en cuestión de segundos. En menos de cinco minutos, todo fue cargado en un camión esperando cerca. El destino de Joseph parecía terriblemente incierto mientras la oscuridad lo envolvía, llevándolo hacia un futuro desconocido y aterrador.
En una habitación oscura y austera, una mujer alta y musculosa de ascendencia afrodescendiente se sentaba frente a una computadora. La luz tenue de la pantalla iluminaba su rostro marcado por la determinación y la ira contenida. Sus ojos oscuros y penetrantes se clavaban en el vídeo de la captura de Joseph, observando cada detalle con una intensidad palpable.
El aire en la habitación estaba cargado de tensión, como si la misma atmósfera estuviera impregnada de la ira que emanaba de la mujer. El sonido de su respiración profunda y controlada resonaba en el silencio, creando una sensación de anticipación tensa.
En un instante, la mujer apretó los puños con fuerza, sus músculos tensándose bajo la piel oscura. Una chispa de furia cruzó su mirada mientras murmuraba entre dientes: "No te preocupes, no te tendrán ahí por mucho tiempo".
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