El enterrador, capitulo 4.
La mañana en la nave de Yosarian y Hack se inundaba con el aroma tentador de un desayuno recién preparado. El olor a café recién hecho y huevos revueltos llenaba el aire, mezclándose con el sutil perfume de las especias que Hack había añadido a la comida.
Entre bocados de comida deliciosa, Hack rompió el silencio con una pregunta que pesaba en su mente. "¿Que has pensado en vender la nave de los cazarecompensas?" preguntó, su voz tranquila pero llena de curiosidad.
Yosarian levantó la mirada de su plato. "Sería como robar."
Hack agitó la cabeza con determinación. "Pero los dueños están muertos," señaló, su tono de voz insistente. "No es un robo, es solo aprovechar una oportunidad."
Yosarian reflexionó sobre las palabras de Hack, su expresión indecisa mientras sopesaba las opciones. "Supongo que tienes razón," admitió finalmente.
Mientras Hack se retiraba para dejar a Yosarian con sus pensamientos, no pudo evitar reflexionar sobre la extraña moralidad de su amigo. Quién no tenía problema en matar, pero si en robar.
Horas más tarde, Yosarian y Hack se encontraban frente a un anciano en el mercado espacial, negociando la venta de la nave de los cazarecompensas. El anciano, con arrugas profundas y una mirada astuta, examinaba la nave con interés mientras escuchaba la oferta de Yosarian.
Después de una breve negociación, el anciano asintió con satisfacción y extendió la mano para sellar el trato. En un intercambio rápido y eficiente, entregó un kilogramo de zorgon a cambio de la nave. El brillo del valioso mineral relucía en la palma de su mano.
Yosarian observó el zorgon con una mezcla de emociones, consciente del valor que representaba. Aunque todavía se sentía incómodo con la idea de vender aquella nave, sabía que era la decisión adecuada.
De vuelta en la nave de nuestros protagonistas, el zumbido constante de los motores llenaba el aire, creando una atmósfera de constante movimiento y anticipación. Yosarian estaba ocupado revisando los controles cuando Hack se acercó a él con una expresión de emoción apenas contenida en su rostro.
"¡Yosarian, tienes que ver esto!" exclamó Hack, su voz llena de entusiasmo.
Yosarian levantó la mirada, sorprendido por la emoción de su compañero. "¿Qué pasa?" preguntó, intrigado.
Hack: tu video es viral.
"¿A cuál video te refieres?".
Hack sonrió con orgullo. "Al video donde entierras a los cazarecompensas," respondió, señalando la pantalla con entusiasmo.
Yosarian se quedó sin aliento por un momento, sorprendido por la revelación. "¿Quién grabó eso?" preguntó, su voz llena de incredulidad.
Hack bajó la mirada, una sombra de duda cruzando su rostro. "Fui yo," admitió.
Yosarian se sintió incómodo ante la noticia. "Eso no me agrada" confesó, su expresión sombría.
Hack levantó la mirada, sus ojos brillando con determinación. "Pero hará que te teman aún más," argumentó, tratando de convencer a su amigo de la importancia del video.
Mientras tanto, en el palacio de la emperatriz, una figura imponente se erguía con majestuosidad en medio de una sala llena de lujo y opulencia. La emperatriz, una mujer de piel blanca, de larga cabellera negra, alta y delgada, observaba con frialdad una pantalla holográfica que mostraba el video de Yosarian enterrando a los cazarecompensas.
Su consejero, un hombre de aspecto astuto y calculador, se acercó a ella con cautela. "Su Majestad, el video se ha vuelto viral en todo el imperio," informó, su voz llena de preocupación.
La emperatriz frunció el ceño, molesta por la publicidad no deseada. "¿Cuál es el estado de la recompensa por la captura de Yosarian?" preguntó, su voz fría pero llena de autoridad.
El consejero se apresuró a consultar sus datos. "Actualmente es de siete kilogramos de zorgon, Su Majestad," respondió, esperando una respuesta.
La emperatriz reflexionó por un momento, su mente calculando las posibles consecuencias de sus acciones. "Suban la recompensa a ocho kilogramos de zorgon," ordenó finalmente, su voz firme pero llena de determinación.
El consejero frunció el ceño, preocupado por la decisión de su soberana. "Su Majestad, no recomiendo seguir subiendo las recompensas, Después de la guerra, el imperio quedó en quiebra," advirtió, tratando de disuadirla.
La emperatriz, sin embargo, no estaba dispuesta a escuchar argumentos en contra. "Hagan lo que he ordenado," ordenó, su voz llena de autoridad.
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