El enterrador, capitulo 2.

 Yosarian se levantó de su cama en la habitación estrecha de la nave. Con paso pesado y aún medio adormecido, se dirigió hacia la sala principal. Al abrir la puerta, un brillo inusualmente limpio le dio la bienvenida, causándole una momentánea confusión. Por un instante, se preguntó si había tomado la nave equivocada. Sin embargo, al observar más de cerca, reconoció pequeños detalles que confirmaban que estaba en su propia nave. Un rasguño en la pared, una abolladura en el suelo; marcas de batallas pasadas que solo él podría identificar.


Un aroma tentador flotaba en el aire, invadiendo sus sentidos con una mezcla de especias y hierbas frescas. Siguiendo el olor, Yosarian se encaminó hacia la cocina, donde se encontró con el perseguido, ocupado preparando algún tipo de platillo mientras llevaba puesto un delantal a cuadros. Los utensilios chispeaban bajo la luz tenue, revelando el meticuloso cuidado con el que el fugitivo había limpiado cada rincón de la cocina.


"¿Has limpiado?", preguntó Yosarian, sorprendido por el cambio en la apariencia de su nave.


El perseguido levantó la vista, una sonrisa nerviosa cruzando su rostro. "Sí, quería mostrarte mi gratitud de alguna manera, lo que me sorprendió fue no encontrar ningún insecto", respondió, ajustando el mantel con un gesto torpe.

Yosarian sonrió con orgullo, señalando hacia un rincón oscuro de la cocina. "Tengo el mejor control de plagas", dijo, mientras el perseguido seguía su mirada y divisaba al sapo gigante, Mollo, descansando plácidamente entre los recipientes de comida.

Con una sonrisa, el perseguido continuó con sus labores culinarias, mientras Yosarian se sentaba en la mesa, observando con curiosidad el extraño equipo que había formado. Aunque no estaba acostumbrado a la presencia de un compañero en su nave, le agradaba.

El perseguido sirvió la mesa con un aire de satisfacción, presentando el plato principal con un gesto de orgullo evidente en su rostro. Yosarian observó con curiosidad el colorido manjar frente a él, el aroma tentador flotaba en el aire, despertando su apetito y estimulando sus sentidos.


"¿Qué tipo de comida es esta?" preguntó Yosarian, examinando el plato con intriga.


El perseguido sonrió, su expresión iluminada por la emoción de compartir su cocina. "Es un platillo típico del planeta Kepler-final", respondió, mientras indicaba los diversos ingredientes con gestos precisos.


Ambos hombres se sentaron a la mesa y comenzaron a comer, saboreando cada bocado con deleite. Yosarian no pudo evitar sentir una sensación de satisfacción al probar los sabores exóticos y complejos del plato, mientras que el perseguido observaba con ansiedad su reacción, esperando una aprobación que llegó en forma de un gesto de asentimiento y una sonrisa de aprobación.


"Mmm, esto está delicioso", comentó Yosarian entre bocado y bocado.


El perseguido se relajó visiblemente, complacido por el elogio. "Me alegra que te guste", respondió modestamente.


Yosarian, intrigado por la habilidad culinaria de su compañero de viaje, decidió indagar más. "¿Cómo aprendiste a cocinar así?" preguntó, interesado en la historia detrás de esa habilidad inesperada.


El perseguido se detuvo por un momento, como si estuviera reviviendo recuerdos de tiempos pasados. "Mi madre era una chef galardonada", comenzó a explicar, con un brillo de nostalgia en los ojos. "Me enseñó todo lo que sé sobre cocina desde que era niño, solíamos pasar horas en la cocina, experimentando con ingredientes y sabores".


Yosarian asintió, comprendiendo la importancia de esos momentos compartidos. "¿Y cómo te llamas?" preguntó, dándole un toque más personal a su conversación.


El perseguido vaciló por un momento, su mirada nublada por la duda. "Borré mi propio nombre de los archivos", confesó, revelando un secreto que había mantenido oculto durante mucho tiempo.


Yosarian arqueó una ceja, sorprendido por la revelación. "¿Es eso posible?" preguntó, intrigado por la idea de borrar por completo la propia identidad.


El perseguido asintió con solemnidad. "Sí, todos me conocen como 'hacker'", reveló, con una mezcla de orgullo y vergüenza en su voz.


Yosarian sonrió, aceptando el apodo recién revelado. "Entonces te llamaré Hack", decidió, sellando el acuerdo con un gesto de complicidad.


La conversación dio un giro más serio cuando Hack señaló la despensa vacía. "¿No tienes nada para comer?" preguntó, preocupado por la falta de provisiones.


Yosarian suspiró, admitiendo su fracaso en asegurar recursos. "No he podido conseguir dinero", confesó, mostrando cuatro "cesar" (monedas) que había logrado reunir.


Hack sacó un fajo de galaxas (billetes) de su bolsillo y se los mostró a Yosarian, revelando su sorprendente riqueza. "Me ocupé de los cazarecompensas", explicó, mostrándole también un reloj que había arrebatado como botín.


Yosarian examinó el reloj con interés, reconociendo su valor instantáneamente. "¿Cuánto vale?" preguntó.


Hack sonrió, revelando el plan que había estado gestando en su mente. "Con esto, podemos llenar el motor de combustible y abastecer la despensa para un año", anunció, su voz llena de determinación y esperanza.

Horas después:

Yosarian y Hack se adentraron en el bullicioso mercado espacial, un lugar donde se mezclaban todos los colores, olores y sonidos del universo. Los puestos, alineados caóticamente, ofrecían desde tecnología de punta hasta exóticos manjares alienígenas. Los comerciantes gritaban sus ofertas, mientras las luces de neón parpadeaban con insistencia.


Caminando entre la multitud, llegaron a un puesto regentado por un alienígena arrugado, de piel grisácea y ojos profundos que destellaban astucia. El comerciante observó a Yosarian y Hack con una mirada de sospecha cuando estos le presentaron el reloj en oferta por un tanque de gasolina y alimentos.


"No puedo aceptar esto," gruñó el comerciante, sus arrugas profundizándose con el ceño fruncido. "Quiero sacar mercancía, no ingresar más. No necesito un reloj."


Hack, sin inmutarse, se inclinó hacia el alienígena, su voz baja pero firme. "Este reloj es más valioso de lo que parece. Es raro y muy difícil de encontrar."


El alienígena frunció aún más el ceño, observando el reloj con renovado interés. Sus largos dedos acariciaron el objeto, como si pudiera sentir su valor a través del tacto. Tras unos instantes de silencio, suspiró y asintió con resignación. "Está bien, acepto."


Con la transacción completada, Yosarian y Hack cargaron rápidamente el tanque de gasolina y los alimentos en su nave, ansiosos por abandonar el mercado antes de que el comerciante pudiera cambiar de opinión. El zumbido de las máquinas y el murmullo constante de la multitud se desvanecieron cuando la puerta de la nave se cerró tras ellos, sellándolos en la relativa tranquilidad de su refugio móvil.


De vuelta en la nave, Yosarian se quedó quieto por un momento, observando la abundancia de provisiones con una mezcla de incredulidad y alivio. Los contenedores de comida estaban llenos, y el tanque de gasolina estaba asegurado, listo para cualquier viaje que decidieran emprender.


"Desde hace diez años no había tenido tanta abundancia," murmuró, su voz llena de asombro. El olor a combustible fresco llenaba la nave, mezclándose con el aroma de los alimentos recién adquiridos, creando una sensación de seguridad y esperanza que Yosarian no había sentido en mucho tiempo.

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