El enterrador, capitulo 1.
Después del éxodo, aquel tiempo en que la humanidad se vió obligada a abandonar la tierra, En una estación espacial que parecía un puerto improvisado anclado a una gran concavidad del espacio, donde se resguardaban algunos de los peores criminales del universo, se encontraba una cantina sombría y ahumada. Sentado en una esquina, destacaba un hombre alto y delgado, de sombrero de ala ancha y botas negras. Su rostro apenas visible estaba marcado por una cicatriz que añadía un aura de misterio a su presencia. Era Yosarian Porta Millenium, una figura enigmática que parecía haber visto más de lo que la mayoría podría imaginar.
El ambiente estaba tenso. Tres cazarecompensas estaban golpeando a un delgado sujeto en una esquina oscura de la cantina. Yosarian, observando con disgusto, murmuró: "Odio a los cazarecompensas". Con una mueca de desdén, se levantó de su asiento y se colocó frente a ellos, desafiante. Con una voz firme, les ordenó que dejaran en paz a su presa.
Uno de los cazarecompensas levantó la mirada y lo reconoció de inmediato. "¡Es Yosarian!" exclamó, alertando a sus compañeros. Sin embargo, antes de que pudieran reaccionar, Yosarian ya tenía un plan en mente. El cazarecompensas les informó a sus compañeros que en lugar de siete kilogramos de valioso zorgon, llevarían catorce. Sin embargo, antes de que pudieran actuar, Yosarian tomó una acción decisiva. Con un rápido movimiento, arrojó un trapo empapado en licor hacia ellos, creando una distracción momentánea.
El sonido de los disparos resonó en la cantina, rompiendo el silencio tenso. Los cazarecompensas cayeron uno tras otro, abatidos por la precisión letal de Yosarian. La luz destellante de las armas reflejaba en las gotas de sudor en su frente, mientras su corazón latía al ritmo de la adrenalina.
Con los cazarecompensas derrotados, la calma volvió a la cantina. Yosarian se quedó de pie, su figura erguida y segura, como un héroe solitario en un mundo de sombras. Los otros clientes observaban en silencio, algunos con admiración, otros con temor.
El delgado sujeto perseguido se arrodilló ante Yosarian con una mezcla de alivio y gratitud en sus ojos. Murmuró un sincero "gracias" mientras se limpiaba la sangre de la boca con la manga de su chaqueta desgarrada. Sin embargo, la expresión de Yosarian permaneció impasible, sus ojos ocultos bajo el ala de su sombrero de copa alta.
"No Deberías estar agradecido", murmuró Yosarian con frialdad, "no tengo muchas opciones aquí". El perseguido levantó la mirada con temor, esperando encontrar algo de compasión en el rostro de su salvador. Pero solo encontró indiferencia.
"Estoy corto de dinero", continuó Yosarian con un tono cortante. "Podría llevarte a la cárcel y cobrar la recompensa". El perseguido tragó saliva, suplicando con desesperación que no lo hiciera. Sin embargo, Yosarian lo miró con dureza y le dijo: "No pareces alguien que ha matado suficientes hombres para valer siete kilogramos de zorgon".
Con un gesto decidido, Yosarian comenzó a caminar, dejando al perseguido en el suelo. Sin embargo, para sorpresa del fugitivo, Yosarian no se alejó solo.
"¿A dónde vamos?" preguntó el perseguido con voz temblorosa, tratando de mantenerse al ritmo de los largos pasos de Yosarian. Este se detuvo por un momento, como evaluando si revelar su plan. Finalmente, con un suspiro resignado, respondió: "voy a mi nave".
El perseguido sintió un destello de esperanza. Tal vez podría convencer a Yosarian de llevarlo a un lugar seguro, lejos de sus perseguidores y de cualquier recompensa. Con una abrumadora insistencia, le suplicó a Yosarian que lo llevara al planeta N, donde podría empezar de nuevo.
Yosarian frunció el ceño, contemplando la petición del fugitivo. "Está bien", dijo finalmente, aunque su tono dejaba en claro que no era por compasión. "Pero ahí te quedaras".
El perseguido asintió con gratitud, sintiendo un peso levantado de sus hombros. Sin embargo, sabía que su destino aún estaba en manos de Yosarian, un hombre cuya moralidad era tan fluida como las estrellas en el vasto universo. Juntos continuaron su camino por los pasillos sombríos de la estación espacial, donde cada sombra ocultaba una nueva amenaza y cada luz destellante ofrecía una oportunidad incierta.
Ambos hombres entraron en la nave, y el perseguido no pudo evitar fruncir el ceño al verla. "Esto parece una chatarra", murmuró con desdén, despreciando la apariencia desgastada de la nave. Yosarian, sin embargo, defendió su vehículo con orgullo. "No hables así de mi nave", dijo con firmeza, como si estuviera defendiendo a un viejo amigo.
El perseguido, tratando de encontrar un punto en común, sugirió que podrían hacer algunas reparaciones. "Soy ingeniero", explicó, con la esperanza de ganarse la confianza de Yosarian. Pero la respuesta fue tajante. "Esta nave no la tocará nadie", dijo Yosarian con determinación, como si la nave fuera una extensión de su ser.
Antes de que pudieran continuar la discusión, un repentino movimiento en un rincón oscuro de la nave llamó su atención. De la nada, un sapo del tamaño de un perro saltó sobre el perseguido, sorprendiéndolo y dejándolo atónito. La criatura comenzó a lamerlo con entusiasmo, como si hubiera encontrado a un nuevo amigo.
El perseguido, confundido y un poco asustado, se preguntó qué tipo de animal era ese. Yosarian se encogió de hombros, mirando con curiosidad al extraño sapo. "No estoy seguro", admitió.
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