Trimind, capitulo 5.

Joseph se encontraba de nuevo en el sótano. Había regresado, impulsado por un temor subconsciente hacia su madre, una fuerza que lo arrastraba de vuelta a la oscuridad familiar. Aunque West le había recomendado abandonarlo, insistiendo en que ahora tenían una mejor fuente de comida y agua, Joseph no pudo resistir el tirón del miedo y la costumbre.


El sótano estaba como siempre: oscuro, húmedo y opresivo. El aire viciado y el olor a moho envolvían a Joseph, mientras sus pies descalzos tocaban el suelo frío y áspero. El constante goteo de la tubería rota resonaba en el espacio, un ritmo persistente que le recordaba su encarcelamiento. Solo hallaban Joseph y wester, este último había descubierto que podían intercalar periodos de sueño, evitando quedarse indefensos.

Horas después:

La luz de la mañana se filtraba débilmente a través de la bodega del drenaje, proyectando rayos dorados que iluminaban el polvo suspendido en el aire. 


Sus dedos pasaban las páginas envejecidas con cuidado, sintiendo la textura áspera y frágil del papel bajo sus yemas. "Y finalmente escapé dejando solo el cadáver de mi compañero," leyó en voz baja, su voz resonando ligeramente en la vastedad del espacio vacío. 

La escena en la bodega era un mosaico de descomposición y posibilidad, de historias pasadas y futuros por descubrir. La determinación de Joseph se fortalecía con cada paso, sabiendo que no estaba solo en su lucha. Con West y Wester a su lado, había encontrado no solo compañeros, sino también la fuerza necesaria para enfrentar lo que fuera que viniera a continuación.

Horas después:

La tarde se deslizaba lentamente sobre el parque, bañando todo con una cálida luz dorada. Joseph caminaba con cautela entre los senderos arbolados, sus zapatos haciendo un leve crujido sobre el suelo cubierto de hojas secas. West y Wester estaban alerta, sus voces resonando en la mente de Joseph mientras exploraba el parque en busca de algo útil o, al menos, un respiro de su angustiante realidad.


El aire fresco y los aromas de la naturaleza llenaban sus pulmones, contrastando con la claustrofobia del sótano que había dejado atrás. Los sonidos de la vida del parque – el canto de los pájaros, el susurro del viento en las hojas y las risas distantes de los niños jugando – creaban un ambiente casi irreal para Joseph, acostumbrado a la oscuridad y el silencio opresivo.


Mientras merodeaba cerca de una densa agrupación de arbustos, Joseph escuchó unos ruidos suaves y ahogados. Se detuvo, sus sentidos agudizándose. Los murmullos y risas susurradas provenían de detrás de los arbustos. Con cautela, se acercó, moviéndose con el sigilo de un cazador.


Al asomarse entre las ramas, vio a una pareja acurrucada, completamente absorta el uno en el otro. Estaban agazapados, sus cuerpos entrelazados en una intimidad que Joseph apenas comprendía. Susurraban palabras que se perdían en el aire, sus risas suaves como un susurro del viento.


Fuera de los arbustos, la pareja había dejado sus pertenencias: una mochila, una chaqueta desechada y un teléfono celular descansaban descuidadamente en la hierba. Al lado, un paquete envuelto en papel aluminio llamó la atención de Joseph, su estómago rugiendo ante la posibilidad de comida.


"Joseph, toma el celular," susurró West en su mente, su tono calculado y lógico. "Podría sernos muy útil."


Joseph dudó, recordando las palabras de su madre. "Emi madre dice que robar está mal," murmuró, su voz apenas un susurro.


"Tu madre es una bruja," replicó West con severidad. "Nos encerró en la privacion absoluta, esto es supervivencia"


La tensión se palpaba en el aire mientras Joseph sopesaba sus opciones. Finalmente, la lógica y la necesidad prevalecieron. Con manos temblorosas, se acercó a las pertenencias de la pareja. Su corazón latía con fuerza, cada pulso resonando en sus oídos mientras se agachaba y tomaba el celular. El dispositivo era frío y liso bajo sus dedos, un símbolo de esperanza en medio de su lucha.


Junto al celular, tomó también el paquete de burritos, sintiendo el calor residual a través del papel aluminio. El aroma de la comida se filtraba, haciendo que su boca se llenara de saliva. Los burritos eran una promesa de sustento, algo que Joseph no podía permitirse ignorar.


Se alejó rápidamente, sus pasos apurados apenas resonando en la hierba. El peso del celular en su bolsillo y el paquete de burritos en su mano le daban una sensación de logro, aunque teñida de culpa.

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