Trimind, capitulo 3.

 Joseph siguió caminando, Al encontrar una ramificación del corredor, se adentró en un pasaje más estrecho, su camino iluminado solo por la tenue luz de la bombilla parpadeante. La oscuridad envolvía el espacio, y Joseph podía sentir el frío del concreto a través de sus zapatos empapados. El goteo distante de agua se hacía más fuerte, creando un ritmo constante que acompañaba su respiración acelerada.


A medida que avanzaba, el pasaje se volvía más angosto, forzándolo a moverse con cuidado para evitar rozar las paredes húmedas y cubiertas de musgo. De repente, una corriente de aire fresco lo golpeó, clara y revitalizante, una señal prometedora en medio del ambiente opresivo.


"Joseph, sigue esa brisa," indicó West, su tono calculado y lógico.


Joseph avanzó con renovada esperanza, sus sentidos agudizados por la promesa de aire fresco. A medida que se acercaba, la luz tenue se hacía más visible, filtrándose a través de una rejilla en la parte superior del espacio angosto. La rejilla estaba a una altura considerable, muy por encima de la cabeza de Joseph, pero la luz y el aire fresco que entraban a través de ella eran evidentes.


La luz proyectaba sombras alargadas en las paredes, creando un juego de luces y sombras que bailaban con cada movimiento. Joseph alzó la vista, observando la rejilla. A través de ella, podía ver el cielo y sentir la brisa fresca que acariciaba su rostro, una sensación que contrastaba fuertemente con la claustrofobia del pasaje.


El aire fresco llenaba sus pulmones, despejando la mente de Joseph y dándole un respiro del ambiente viciado del sótano. Cerró los ojos por un momento, disfrutando de la sensación revitalizante, antes de enfrentarse a la realidad de la situación. La rejilla, aunque prometedora, estaba demasiado alta para que él pudiera alcanzarla sin ayuda.

Con un suspiro de resignación, Joseph decidió regresar. 

Minutos después:

Joseph emergió del estrecho corredor hacia una bodega oculta en el drenaje. La luz tenue de una bombilla parpadeante revelaba un espacio amplio y sombrío, con estantes metálicos alineados a lo largo de las paredes. Herramientas oxidadas colgaban de ganchos, y un olor penetrante de moho y descomposición llenaba el aire. Cada respiración era un esfuerzo consciente, luchando contra la atmósfera pesada y malsana.


El suelo estaba cubierto de una capa de suciedad y charcos de agua estancada. Joseph sentía cómo el líquido sucio empapaba sus zapatos, enviando escalofríos a través de su cuerpo. A lo largo de los estantes, viejos guantes de goma y trajes contra la contaminación se mezclaban con frascos rotos y recipientes corroídos, sus etiquetas descoloridas e ilegibles.


"¿Qué es este lugar?" murmuró Joseph, su voz resonando ligeramente en la bodega.


"Debemos investigar," respondió West, su tono lógico y preciso. "Podría haber algo aquí que nos ayude."


Los ojos de Joseph se posaron en un estante en particular, donde un cuaderno polvoriento yacía parcialmente oculto bajo un montón de papeles amarillentos. Extendió la mano temblorosa y lo tomó, sintiendo la textura áspera y deteriorada del cuero bajo sus dedos.


"Lee el cuaderno, Joseph," sugirió West con calma. "Podría contener información importante."


Joseph abrió el cuaderno con cuidado, sus páginas crujientes y frágiles. La primera página reveló una escritura apretada y apresurada, casi ilegible por el paso del tiempo y la humedad. Sin embargo, las palabras comenzaron a tomar forma ante sus ojos, revelando una historia oculta en las sombras de aquel lugar.


"Así entré al negocio de las drogas" leyó Joseph en voz alta, susurrando las palabras que parecían resonar en el espacio vacío. "Necesitaba dinero para mis hijos"


Las palabras parecían cobrar vida a medida que leía, creando imágenes vívidas en su mente. Visualizó a científicos clandestinos moviéndose en la bodega, vestidos con trajes de protección, mezclando químicos y llenando frascos. La tensión y el peligro de sus actividades clandestinas impregnaban el aire.


"Un amigo me acompañaba" continuó Joseph, pasando a la siguiente página. "Teníamos que cuidarnos de la policía."


El ambiente opresivo de la bodega parecía intensificarse con cada palabra. Joseph podía imaginar el caos de la redada, el sonido de botas militares golpeando el suelo y las órdenes gritadas resonando en las paredes de concreto. El cuaderno detallaba las sustancias peligrosas y los experimentos fallidos que habían tenido lugar allí.


Una página, en particular, llamó su atención. Describía un experimento con una droga experimental que había causado efectos secundarios impredecibles en los sujetos de prueba. "Transformaciones físicas y psíquicas," leyó Joseph, su voz temblando ligeramente. "Una droga que robamos de un laboratorio, tenía algo que ver con mejorar el cerebro."


Joseph cerró el cuaderno lentamente, procesando la información que había leído. El lugar donde se encontraba no era solo un escondite olvidado, sino un testimonio de actividades peligrosas y experimentos inhumanos.

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