Trimind, capitulo 2.

 Joseph apenas había asimilado la presencia del duplicado cuando, de la nada, apareció otro sujeto idéntico a él. Joseph retrocedió, su mente luchando por comprender lo que veía. Ahora había dos duplicados, cada uno con la misma apariencia. 


"¿Quién eres tú?" preguntó Joseph, su voz temblorosa y cargada de incertidumbre.


El segundo duplicado dio un paso al frente, su expresión calmada y serena. "Soy otro tú, Joseph. Al igual que él," dijo, señalando al primer duplicado.


"Nosotros representamos tus protuberancias," continuó el primer duplicado. "Esas protuberancias son, en realidad, cerebros adicionales."


Joseph parpadeó, incrédulo. "¿Cerebros? Pero... ¿cómo es posible?"


"Somos la manifestación de esos cerebros," explicó el segundo duplicado. "Yo soy tu cerebro izquierdo."


"Y yo, tu cerebro derecho," añadió el primero.

"¿Por qué no aparecieron antes?" preguntó Joseph finalmente, su voz llena de confusión.

Wester, el cerebro derecho, sonrió con comprensión. "No había sido necesario. Hemos estado germinando, creciendo como plantas desde el interior de la semilla. Solo ahora estamos lo suficientemente desarrollados para manifestarnos y ayudarte."


Joseph los miró con curiosidad. "¿Y cómo sé cuál es cuál?"


West, el cerebro izquierdo, levantó una mano en señal de calma. "Yo Represento la lógica, el razonamiento. Él es la creatividad y la intuición. Juntos, te proporcionamos un equilibrio."


Joseph asintió lentamente, comenzando a entender. Son west y wester, "Entonces, ¿qué hacemos ahora?"


West dio un paso más cerca, su expresión seria. "Debemos encontrar una manera de salir de aquí. Estoy seguro de que debe haber una escapatoria."


"¿Cómo lo sabes?" preguntó Joseph, su esperanza empezando a crecer.


"Ocasionalmente, se puede sentir aire fresco," explicó West. "Eso significa que debe haber una apertura, una conexión con el exterior. Solo tenemos que encontrarla."


Joseph respiró hondo, llenando sus pulmones con el aire denso del sótano. Se enfocó en sus sentidos, intentando captar cualquier indicio de aire fresco. Los murmullos distantes de la casa arriba, el constante goteo de la tubería rota, y el olor penetrante de moho y humedad llenaban el ambiente. Pero, tal como West había dicho, ocasionalmente se sentía una ligera brisa, un susurro de aire.


West y Wester asintieron al unísono, su confianza infundiendo coraje en el corazón de Joseph. Con sus cerebros adicionales a su lado, la realidad parecía menos aterradora, y la posibilidad de escapar comenzaba a parecer más real.


La luz tenue del sótano iluminaba apenas el camino, pero Joseph, acompañado por West y Wester, se sintió listo para enfrentar lo desconocido. Juntos, buscarían la salida y, finalmente, encontrarían la libertad que tanto anhelaba.

Horas después, Joseph, West y Wester seguían explorando el sótano en busca de una posible salida. El aire continuaba siendo denso y mohoso, y el goteo constante de la tubería rota resonaba en el ambiente, marcando el paso del tiempo. La tenue luz que se filtraba a través de las rendijas de la puerta apenas iluminaba sus movimientos, pero no se dieron por vencidos. 


"Debemos revisar cada rincón," dijo West, con su tono lógico y metódico. "Si hay una corriente de aire, debe haber una grieta o una abertura en alguna parte."


Joseph, impulsado por una renovada esperanza, recorrió las paredes de concreto con sus manos, sintiendo la superficie áspera y fría bajo sus dedos. De repente, en la parte baja de una de las paredes, sintió una ligera grieta en el concreto. 


"Aquí," susurró emocionado. "Siento una grieta."


West se acercó rápidamente, sus ojos analizando la grieta con precisión. "Debe ser una salida. El aire fresco viene de aquí."


"¿Pero cómo vamos a abrirla?" preguntó Joseph, su voz llena de ansiedad.


Wester, con su creatividad y perspicacia, ofreció una solución. "Recuerda el cortaúñas que tu madre te obligaba a usar. Está en tu bolsillo."


Joseph metió la mano en su bolsillo y sacó el cortaúñas, un objeto pequeño y aparentemente inofensivo que ahora se convertía en una herramienta crucial. "¿Creen que esto funcionará?"


"Vale la pena intentarlo," dijo West. "Es todo lo que tenemos."


Con determinación, Joseph se arrodilló frente a la grieta y comenzó a trabajar. El cortaúñas era pequeño y no estaba diseñado para este tipo de tarea, pero Joseph no se dejó desanimar. Agarró la punta y golpeó, sintiendo cómo el metal rompía lentamente el concreto agrietado. El sonido del metal rascando el concreto llenaba el sótano, creando un eco que resonaba con cada movimiento.


Cada golpe y cada raspón enviaban vibraciones a través de sus manos, haciéndolas temblar. La tarea requería paciencia y fuerza, y cada minuto parecía una eternidad. El sudor comenzaba a perlarse en la frente de Joseph, mezclándose con el polvo y la suciedad del sótano. El aire estaba cargado de tensión, cada respiración un esfuerzo consciente mientras se concentraba en su trabajo.

Después de horas de trabajo minucioso y agotador, Joseph logró hacer una abertura considerable en la grieta. La luz y el aire fresco que entraban a través de ella le dieron una renovada sensación de esperanza. Finalmente, el borde de una rejilla se hizo visible, apenas lo suficientemente grande para que él pudiera pasar. 


Con cuidado, Joseph se inclinó hacia adelante y miró a través de la rejilla. Del otro lado, vio un estrecho corredor de no más de un metro de ancho. Sus paredes eran de concreto desnudo, y desde los costados fluían aguas negras que emanaban un olor fétido y penetrante. La oscuridad del corredor era interrumpida solo por pequeñas gotas de luz que se reflejaban en la superficie del agua sucia.


West observó la escena junto a Joseph, analizando la situación con su lógica precisa. "Ese corredor parece ser un canal de aguas residuales. Explica los olores fétidos que hemos percibido ocasionalmente."


El hedor que se filtraba a través de la rejilla era nauseabundo, una mezcla de podredumbre y químicos que se mezclaban en el aire. Joseph hizo una mueca, tapándose la nariz con una mano mientras su estómago se revolvía. A pesar de lo repulsivo que era, esta podría ser su única salida.


"Tenemos que pasar por ahí," dijo Joseph.

Joseph retiró la rejilla con esfuerzo, sintiendo el metal oxidado y rugoso bajo sus dedos. El sonido de la rejilla al desprenderse resonó en el sótano, haciendo eco en el corredor. Con un último empujón, logró abrir suficiente espacio para pasar.


Con el corazón acelerado y la adrenalina impulsándolo, Joseph se preparó para entrar en el corredor. El aire estaba impregnado de humedad y el suelo resbaladizo por el agua sucia. Metió primero una pierna, luego la otra, y comenzó a arrastrarse a través del estrecho espacio. El contacto con las aguas negras era inevitable, el líquido frío y repulsivo mojando su ropa y piel.

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