El reciclador, capitulo 8.
Inspirada en la vida de Brandon Gandarilla.
Thomas se hallaba mostrándole el pequeño pero ya terminado bote al "Mayor", quien lo miraba impresionado una vez más por el ingenio de Thomas. La brisa marina soplaba suavemente, trayendo consigo el aroma salino del océano y el susurro de las olas rompiendo suavemente contra la orilla. La madera del bote, cuidadosamente ensamblada y pulida, brillaba bajo la luz del sol, reflejando los tonos dorados y azules del cielo y el mar.
El bote era una obra maestra de ingenio y reciclaje. Los tablones de madera, recuperados de estructuras abandonadas, habían sido lijados y unidos con una precisión casi artesanal. Las junturas estaban reforzadas con metal oxidado, que Thomas había tratado y pintado para evitar la corrosión. El motor eléctrico, instalado en la popa, zumbaba suavemente mientras Thomas lo encendía para mostrar su funcionamiento. Las baterías, alimentadas por un pequeño generador eólico que se erguía como un mástil improvisado en el centro del bote, prometían una autonomía suficiente para las primeras exploraciones.
El "Mayor", con su figura encorvada pero aún imponente, se acercó al bote y pasó una mano por la superficie lisa de la madera. Sentía la calidez del sol acumulada en el material, y el contacto con las texturas suaves y rugosas de las distintas partes le transmitía la dedicación y el esfuerzo invertidos en la construcción. Sus ojos, apagados por la edad pero llenos de vida en ese momento, brillaban con una mezcla de asombro y admiración.
Horas después:
Thomas, el "Mayor", el secretario de la comunidad y el padre de Thomas se preparaban para partir en el bote, listos para buscar un abogado que les ayudara a ampararse contra cualquier posible represalia de Simons. La tarde se tornaba dorada, con el sol descendiendo lentamente y pintando el cielo con tonos cálidos y anaranjados. El aire estaba cargado de expectativa y una ligera brisa marina acariciaba sus rostros.
El "Mayor", con su figura encorvada pero aún llena de determinación, observaba el horizonte con mirada pensativa. A su lado, el secretario de la comunidad, un hombre meticuloso y organizado, repasaba mentalmente los detalles del viaje, mientras el padre de Thomas, un hombre de rostro curtido y manos fuertes, verificaba una última vez las provisiones y equipos almacenados en el bote.
Thomas, sintiendo el peso de la responsabilidad y la presión del momento, comenzó a dudar. Sus manos temblaban ligeramente mientras ajustaba las cuerdas y verificaba el motor eléctrico una vez más. La tensión en sus hombros era palpable y un nudo de ansiedad se formaba en su estómago.
—Lamento haberlos hecho perder el tiempo —dijo finalmente, su voz baja y cargada de incertidumbre—. ¿Y si el bote no funciona? ¿Y si todo esto fue en vano?
El "Mayor" se giró hacia él, su rostro sereno y lleno de confianza. Sus ojos brillaban con una firmeza que solo los años de experiencia podían otorgar.
—Thomas —dijo con voz clara y segura—, confío en ti. Has hecho un trabajo increíble. Este bote es un testimonio de tu ingenio y determinación. No tengo ninguna duda de que funcionará.
El secretario y el padre de Thomas asintieron en silencio, mostrando su apoyo. Pero Thomas seguía sintiendo el peso de la duda y la responsabilidad.
—Lo siento mucho —murmuró Thomas, mirando al suelo—. Siento habernos puesto en esta situación.
El "Mayor" se acercó a Thomas y colocó una mano firme pero reconfortante en su hombro.
—aceptalos, hijo, si tú lo has hecho, funciona ra—dijo suavemente—. Todos estamos en esto juntos. Y gracias a tu esfuerzo, tenemos una oportunidad. Ahora, vamos a probarlo.
Con un gesto decidido, el "Mayor" se acercó al interruptor del motor. Thomas observó con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. El aire parecía cargado de electricidad, y el silencio que los rodeaba era casi palpable. Los segundos se hicieron eternos mientras el "Mayor" extendía la mano y presionaba el interruptor.
Un suave zumbido llenó el aire, creciendo en intensidad mientras el motor cobraba vida. El bote vibró ligeramente bajo sus pies, y el generador eólico comenzó a girar con la brisa, alimentando las baterías. La expresión de Thomas cambió de preocupación a alivio y luego a orgullo.
—Les dije que iba a funcionar —dijo Thomas con una sonrisa triunfante, su voz ahora firme y segura.
Días después:
El grupo se hallaba entrando al recién abierto despacho de un abogado en China. El viaje había sido largo y agotador, y las señales de su travesía eran evidentes en sus ropas gastadas y rostros cansados. El despacho era minimalista. La luz natural inundaba el espacio, creando un ambiente brillante y aséptico que contrastaba fuertemente con la apariencia desaliñada del grupo.
El abogado, un hombre de mediana edad con cabello negro impecablemente peinado y gafas de montura delgada, estaba sentado detrás de un escritorio de madera. Vestía un traje oscuro de baja calidad. Sus ojos oscuros recorrieron al grupo con una expresión de desdén apenas disimulado, notando cada rasgón y mancha en sus ropas.
Thomas, sintiendo la hostilidad del abogado, dio un paso adelante con determinación. —Disculpe, ¿puede ayudarnos con un trámite? —preguntó, intentando sonar seguro a pesar de la tensión en el aire.
El abogado levantó una ceja —¿Cuánto dinero tienen? —preguntó con nerviosismo.
El padre de Thomas se giró hacia su hijo con una expresión de ligera confusión. —Thomas, ¿cuánto tenemos? —preguntó, devolviendo la pregunta.
Thomas sintió una punzada de molestia y frustración. —Papá, tú eres el tesorero —respondió con un suspiro exasperado, claramente cansado de tener que lidiar con estos detalles en medio de la tensión.
El padre de Thomas metió la mano en su chaqueta desgastada y sacó una bolsa de tela, manchada y ajada por el uso. La colocó frente a Thomas —cuentalo mijo.
Thomas: son diez mil dólares.
Al instante, el abogado levantó la vista, su expresión transformada.-por cinenientos dólares haré el trámite.
Thomas: cuánto?
Abogado: perdón, quinientos dólares.
Thomas exhaló lentamente, aliviado por el cambio en la actitud del abogado. —Necesitamos que nos ayude a adquirir un amparo para nuestra comunidad—dijo, su voz más firme ahora que sentía que estaban siendo tomados en serio.
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