El reciclador, capitulo 7.

Inspirada en la vida de Brandon Gandarilla.

El día tan esperado llegó con la primera luz del amanecer. El leve chirrido y crujido de los huevos al eclosionar se escuchó. Thomas Se apresuró a la incubadora y observó con asombro cómo las cáscaras se rompían y pequeños picos asomaban tímidamente. Las diminutas aves, empapadas y frágiles, emergían una a una, sacudiendo sus plumones mojados.

La habitación se llenó de una suave algarabía de piídos y aleteos. El aire estaba cargado de una mezcla de olores: la frescura de la mañana, el tenue aroma de las cáscaras rotas y el suave olor terroso del material del nido. Thomas, con manos temblorosas pero hábiles, ayudó a las aves a salir de las cáscaras, asegurándose de que cada una estuviera sana y segura.


Ciento sesenta aves nacieron esa mañana. La comunidad entera se movilizó para recibir a los nuevos miembros. Una habitación especial, anteriormente destinada al almacenamiento, fue transformada en un refugio cálido y seguro. Las paredes de metal oxidado fueron cubiertas con mantas y tela para proteger a las aves del frío y de los depredadores. El suave murmullo de la comunidad trabajando se mezclaba con los constantes piídos de las aves, creando una sinfonía de esperanza y vida nueva.


Los miembros de la comunidad se turnaban para alimentar a las aves. Utilizaban pequeñas cucharas para darles una mezcla nutritiva de granos y agua, asegurándose de que cada ave recibiera su porción. El aroma del alimento fresco se mezclaba con el inconfundible olor a vida nueva que llenaba la habitación.


Las manos ásperas y curtidas de los adultos manejaban con delicadeza los pequeños cuerpos de las aves, y las risas de los niños resonaban mientras observaban con asombro y alegría. Cada piído, cada aleteo, era una señal de la vida floreciendo en medio de la adversidad.


El "Mayor" observaba la escena con ojos brillantes y una sonrisa tranquila en su rostro. Se acercó a Thomas, que miraba con orgullo a las aves que ahora dependían de ellos para sobrevivir. "Lo hemos logrado, muchacho", dijo el "Mayor", colocando una mano en el hombro de Thomas.

Meses después:

Meses después, el pequeño refugio que alguna vez albergó a los recién nacidos ahora estaba lleno de vida y actividad. Las aves habían crecido considerablemente. Sesenta gallos robustos y cien gallinas saludables deambulaban por el espacio, llenando el aire con un cacareo constante y el aleteo de sus alas. El suelo estaba cubierto de paja, y el aroma a grano fresco y plumaje impregnaba el ambiente.


Las gallinas, con su plumaje brillante y bien cuidado, se movían con gracia, picoteando el suelo en busca de alimento. Los gallos, orgullosos y vigorosos, desplegaban sus coloridas plumas, dominando el espacio con su presencia imponente. La comunidad observaba con satisfacción el fruto de su arduo trabajo, sabiendo que estas aves eran más que simples animales: eran un símbolo de autosuficiencia y esperanza.


Un día, Thomas y el "Mayor" decidieron que era el momento de celebrar su éxito. La comunidad se movilizó para juntar todas las parrillas posibles. El aire estaba cargado de emoción y anticipación mientras los habitantes se afanaban en preparar todo para el gran festín. Los sonidos de martillos y risas llenaban el espacio mientras construían una gran área de asado.


El sol comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el cielo con tonos anaranjados y rosados, cuando todo estuvo listo. Las parrillas, construidas con esmero y creatividad, se alineaban en el centro de la plaza. El olor del carbón encendido y la madera quemándose llenaba el aire, creando una atmósfera cálida y acogedora.


Horas después, los primeros cincuenta gallos fueron cuidadosamente preparados y colocados sobre las parrillas. El crepitar del fuego y el chisporroteo de la grasa al caer sobre las brasas creaban una sinfonía de sonidos que anunciaba el inicio del festín. El aroma delicioso del pollo asado se extendía por toda la plaza, haciendo que los estómagos rugieran de anticipación.


El aire se llenó de humo y el aroma intenso de la carne cocinándose. La piel de los gallos se doraba lentamente, adquiriendo un tono crujiente y apetitoso. Los habitantes se reunían alrededor de las parrillas, sus rostros iluminados por la luz del fuego, sus ojos brillando con expectación y hambre. Las risas y las conversaciones animadas resonaban mientras todos esperaban pacientemente a que la comida estuviera lista.


Finalmente, cuando los gallos estuvieron perfectamente asados, con la piel crujiente y la carne jugosa, Thomas y el "Mayor" dieron la señal para comenzar el banquete. Las manos se movían rápidamente, repartiendo los suculentos trozos de carne entre todos los presentes. Los primeros bocados arrancaron expresiones de deleite, y pronto, la plaza se llenó de sonidos de satisfacción y alegría.


El sabor del pollo asado, jugoso y tierno, con la piel crujiente y sazonada a la perfección, inundaba los sentidos de los comensales. El contraste de la carne tierna con la piel crujiente era una experiencia sublime. El aroma del asado, mezclado con el humo del fuego y el frescor del mar cercano, creaba una atmósfera única y festiva.


Las risas y las conversaciones se intensificaron a medida que avanzaba la noche. Los niños corrían y jugaban, mientras los adultos compartían historias y brindaban, con fresca agua de frutas enfriado en una antigua y pesada nevera que Thomas había reparado para servicio de todo el pueblo, por su éxito. El "Mayor" levantó su vaso, lleno de una bebida fermentada a base drutas hecha en la isla, y pronunció un brindis.


"A esta comunidad, que ha demostrado que con determinación y trabajo en equipo, podemos hacer lo que sea", dijo con voz fuerte y llena de orgullo. "Hoy celebramos no solo nuestro éxito, sino nuestro espíritu. ¡Salud!"

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