El gran ingeniero, capitulo 22.
Victor se hallaba incómodo en el trono de mármol del palacio, una sensación extraña de responsabilidad pesando sobre sus hombros. Tecatetzin se mantenía a su lado, su mirada fiera ahora suavizada por la gratitud hacia su joven líder. Victor respiró hondo antes de dirigirse a su fiel guerrero.
"Tecatetzin, a partir de ahora serás mi general", anunció.
El guerrero tinca inclinó la cabeza con respeto. "Gracias, mi señor. Haré todo lo que esté en mi poder para servirte"
La conversación dio un giro cuando Tecatetzin preguntó con curiosidad: "¿Demoleremos el imperio entonces, mi señor?"
Victor frunció el ceño, considerando la pregunta. "No, Tecatetzin. En mi viaje he aprendido que no debemos desperdiciar nada. Esta metrópoli se convertirá en un centro comercial para las tribus, un lugar donde todos puedan prosperar".
Tecatetzin asintió con aprobación. "Entiendo, mi señor. Los ciudadanos ya afirman que tu sola presencia desprende un aura de divinidad".
Victor sonrió con ironía. "Debe ser un aura de hedor", bromeó, sintiendo el peso de los meses de guerra en su cuerpo. "Necesitaré un buen baño después de todo esto".
Yet se acercó con su rostro iluminado por la esperanza. "Por fin podremos descansar", susurró.
Victor le dirigió una sonrisa gentil. "En todo caso, Yet, tú descansarás. A mí me llama el misterio", dijo enigmáticamente.
Semanas después:
Yet regresó a la tribu Nuca, donde fue recibido como un héroe. Los miembros de la tribu se congregaron en la plaza central, agitando ramas de árboles y cantando himnos de victoria en su honor. El sonido de los tambores resonaba en el aire, marcando el ritmo de la celebración, mientras las hogueras iluminaban la noche con destellos de luz anaranjada.
Los aromas de las hierbas aromáticas y la carne asada llenaban el aire, mezclándose con el humo de las hogueras para crear una fragancia embriagadora que envolvía a la tribu en un abrazo cálido y acogedor. La música y las risas flotaban en el viento, mezclándose con los murmullos de conversaciones animadas mientras los miembros de la tribu compartían historias de la batalla y se regocijaban en la victoria.
Entre la multitud, Inti se acercó a él con una sonrisa radiante en el rostro. Sus ojos brillaban con emociones entrelazadas de alegría y expectación cuando le reveló la noticia que había estado esperando compartir.
"Yet", dijo con voz suave pero llena de emoción, "estoy embarazada".
La noticia golpeó a Yet como una ola de felicidad abrumadora. Las lágrimas brotaron de sus ojos, reflejando la luz de las antorchas mientras se abrazaba a Inti con fuerza, sintiendo el latido de su corazón contra el suyo.
En su mente, una voz susurró suavemente: "Mamá, lo logré. Tengo una vida plena".
Mientras la tribu Nuca celebraba la vuelta triunfal de Yet, Victor se sumergía en la antigua sabiduría de los tincas, inmerso en la lectura de textos grabados en roca que hablaban de leyendas y mitos ancestrales. La luz de una lámpara de petróleo iluminaba el lugar, proyectando luz sobre las paredes de piedra cubiertas de inscripciones.
Entre las leyendas talladas en la piedra, una historia llamó especialmente la atención de Victor. Hablaba de una bestia durmiente que yacía en las profundidades de un lago, despertando solo durante las noches de luna llena para acechar a los incautos que se aventuraban cerca de sus aguas. La descripción de la bestia era vaga, envuelta en la neblina del tiempo y la superstición, pero sus poderes eran temidos por todas las tribus tincas.
De repente, un pensamiento iluminó la mente de Victor como un rayo de luz en la oscuridad. La emoción se apoderó de él mientras conectaba los puntos en su mente. ¿Podría ser que estos aparatos estuvieran de alguna manera relacionados con la leyenda ya que solo encendían en la noche?.
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