El gran ingeniero, capitulo 19.

 En la tranquila mansión de los menesterius la atmósfera estaba impregnada de un silencio sereno mientras el sol se filtraba a través de las cortinas entreabiertas, bañando la espaciosa cocina en una suave luz dorada. En la mesa de madera pulida, Victor se sentaba junto a Yet, había una sombra en sus ojos, una marca de soledad y desconexión que reflejaba su relación distante con sus padres ausentes.

La nana, una mujer mayor con arrugas profundas que marcaban su rostro cansado pero amable, se movía con gracia alrededor de la cocina, preparando la comida con manos expertas y un corazón lleno de amor. Su cabello canoso estaba recogido en un moño desordenado, y sus ojos cansados pero cariñosos brillaban con una luz suave y reconfortante.


La nana había sido una presencia constante en la vida de Victor desde su más tierna infancia, cuidándolo y protegiéndolo cuando sus padres estaban ausentes en sus interminables viajes de negocios. A diferencia de ellos, la nana entendía y apreciaba la naturaleza curiosa y aventurera de Victor, y lo alentaba a explorar el mundo que lo rodeaba con confianza y determinación.


Mientras la nana servía la comida caliente en los platos de ambos, sin que los menesterius se enteraran de la forma en que yet era tratado, el aroma tentador de la comida casera llenaba la habitación.

Cuatro años después:

En el tranquilo cementerio, Victor y Yet se encontraban de pie frente a la sencilla tumba de su amada nana. El sol brillaba sobre las lápidas blancas y las flores marchitas, creando una atmósfera de paz y serenidad en medio del dolor y la pérdida. Sin embargo, no había rastro de los padres de Victor, quienes ni siquiera se habían molestado en aparecer para despedirse de la mujer que había sido como una madre para su hijo.


Victor, ahora un joven de catorce años con el cabello rubio despeinado y los ojos oscuros llenos de determinación, se mantenía de pie junto a Yet, cuya figura imponente y expresión seria reflejaban el peso de la compasión por Victor. Juntos, compartían un vínculo de amistad y hermandad forjado en el tiempo.

Con un suspiro pesado, Victor se volvió hacia Yet, una chispa de pesar en sus ojos.

"Yet, ¿has escuchado hablar del Nuevo Mundo?", preguntó Victor, su voz llena de emoción y esperanza.


Yet frunció el ceño, confundido por la pregunta de su amigo.


"¿Existe un Nuevo Mundo?", preguntó Yet, su voz llena de incredulidad.


Victor asintió con solemnidad, sacando un mapa del continente americano de su bolsillo y extendiéndolo ante los ojos asombrados de Yet.


"Sí, existe", respondió Victor, su voz llena de convicción. "Allí, en el Nuevo Mundo, hay libertad y oportunidades ilimitadas. Incluso un esclavo como tú puede convertirse en dueño de oro y tierras".


Yet miró el mapa con asombro, sus ojos oscuros brillando con una mezcla de esperanza y incredulidad. Durante años, había soportado el yugo de la esclavitud, atrapado en un ciclo interminable de sufrimiento y privación. Pero ahora, ante la posibilidad de un futuro mejor en el Nuevo Mundo, una chispa de esperanza prendió en su corazón, iluminando el camino hacia la libertad.


Un mes después:

En el horizonte, el sol se elevaba sobre el vasto océano, pintando el cielo con tonos dorados y rosados que anunciaban un nuevo amanecer. Y mientras Victor y Yet se alejaban hacia el horizonte, sabían que, juntos, enfrentarían cualquier desafío y superarían cualquier obstáculo en su búsqueda de un nuevo comienzo en el Nuevo Mundo.

En la cubierta del barco, Victor y Yet se mantenían de pie, mirando hacia el horizonte donde el sol se elevaba majestuoso sobre el vasto océano. El aire salado acariciaba sus rostros mientras el barco se mecía suavemente con las olas, marcando el comienzo de su viaje hacia el Nuevo Mundo.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Ramsung galactic, capitulo 1.

La hermandad de la piedra, capitulo 1.

El arca, capitulo 9.