El gran ingeniero, capitulo 10.

 El consejo se reunió en la gran choza de la aldea, un espacio circular con paredes de madera trenzada y un techo alto que permitía la entrada de luz natural. En el centro, una fogata crepitaba, llenando el aire con el aroma ahumado de la madera de palma. Yet se encontraba al lado de Victor, quien miraba a su alrededor con curiosidad, mientras el jefe de los nucas, un hombre mayor de mirada sabia y cabello canoso, se sentaba en el extremo opuesto de la fogata. Inti, la hija del jefe, ocupaba un lugar cercano, su rostro aún mostraba signos de preocupación por el incidente con los tincas.


Los otros miembros del consejo eran hombres y mujeres de diversas edades, con rostros curtidos por el sol y músculos marcados por años de trabajo en la selva. Vestían túnicas de colores terrosos adornadas con plumas y cuentas, cada una contando una historia única de sus vidas. Algunos llevaban collares hechos con dientes de animales, símbolos de valentía y conexión con la naturaleza.

Miembro de la Tribu: Los tincas son demasiado numerosos y poderosos. Nos derrotarán sin duda.


Jefe Nuca: Es cierto. Se trata de un ejército incalculable.


Victor: Dado su nivel de progreso, estimo que deben ser al menos un millón de miembros.


Inti: ¡Un millón! Es imposible vencer a un ejército así.


Victor: No enviarán a todo el ejército completo.


Jefe Nuca: ¿Y por qué dices eso?


Victor: Desde tiempos inmemoriales, los hombres han dividido los ejércitos en tropas. Es demasiado costoso movilizar tantos hombres para aplastar la rebelión de una sola tribu.

Victor (continuando): Lo que debemos hacer es...

Unos días después, la aldea de los nucas estaba en pleno movimiento. Los miembros de la tribu se dedicaban repetitivamente a las tareas que Victor les había indicado. Movían cables y componentes una y otra vez, siguiendo cuidadosamente las instrucciones que les había dado. El laborioso trabajo continuaba sin descanso, y cada gesto estaba lleno de determinación y curiosidad.


Mientras tanto, Victor y el jefe de la tribu se dirigieron hacia la cima de la cueva utilizando el ascensor que Victor había electrificado. El ascensor ascendió con suavidad.


Al llegar a la cueva en lo alto, el jefe y Victor entraron juntos. La caverna estaba iluminada por la luz filtrada que se colaba desde la abertura en el techo. El ambiente era fresco y silencioso, un contraste con la actividad frenética que se desarrollaba más abajo en la aldea.


Dentro de la cueva, las paredes rugosas de roca caliza brillaban ligeramente con la humedad. Gotas de agua goteaban desde lo alto, creando un suave murmullo que llenaba el espacio. 

Jefe Nuca: (mirando al ascensor) Victor, ¿quién mueve ese extraño artefacto?


Victor: Funciona con electricidad.


Jefe Nuca: ¿Electricidad? ¿Qué es eso?


Victor: Es una forma de energía invisible que puede hacer que las cosas funcionen, como este ascensor.


Jefe Nuca: eso es magia.

Victor: Es algo parecido.


Unos segundos después, en el interior de la cueva, el jefe nuca se acercó a una de las lámparas de petróleo que iluminaban la estancia. Intrigado por la tecnología que estaba presenciando, decidió probar si podía apagar la llama con un soplido, como hacía con las antorchas de fuego tradicionales en su aldea.


El jefe observó la lámpara de petróleo, la luz dorada titilaba y reflejaba destellos en las paredes de la cueva. La mecha parecía incandescente, emanando un brillo suave y constante que contrastaba con las sombras danzantes a su alrededor.

El jefe nuca se inclinó hacia la lámpara y, con un fuerte soplido, intentó apagar la llama. Para su sorpresa, la llama parpadeó momentáneamente pero luego se reavivó con fuerza, como si desafiara sus esfuerzos por extinguirla.


El jefe intentó nuevamente, esta vez sopló con más fuerza, pero la llama persistió, ardiendo con firmeza. Intrigado y asombrado por la resistencia de la llama, el jefe miró hacia Victor con una expresión de sorpresa y admiración en su rostro.


"¡Increíble!", exclamó el jefe, señalando la lámpara. "¿Cómo es que esta luz no se apaga con mis soplidos?".


Victor sonrió, disfrutando del asombro del jefe. "Es porque estas lámparas están diseñadas para mantener su llama incluso ante el viento", explicó.

Jefe nuca: magia!

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