Operación medusa, capitulo 9.

 La cantina de San Benito el Alto estaba llena hasta el borde de personas, susurros y risas llenaban el aire, mezclándose con el humo del tabaco y el aroma embriagador del alcohol. En el centro del bullicio se encontraba Mama Grande, una mujer de edad avanzada pero de aspecto imponente. Su cabello blanco como la nieve estaba recogido en un moño alto, y sus ojos oscuros brillaban con sabiduría y autoridad. Vestida con un chal colorido y un vestido tradicional bordado, Mama Grande irradiaba una presencia majestuosa que capturaba la atención de todos a su alrededor.


La gente que se aglutinaba junto a Mama Grande provenía de todos los rincones del pueblo, cada uno con su propia historia y motivo para estar allí. Había hombres y mujeres de todas las edades, algunos con rostros curtidos por el sol y el trabajo duro, otros con la frescura de la juventud todavía brillando en sus ojos. Sus ropas variaban desde trajes sencillos y desgastados hasta vestidos elaborados y coloridos, reflejando la diversidad y la riqueza cultural del pueblo. Todos habían acudido a la cantina esa noche para honrar y celebrar a la matriarca del luchador que representaba a la nación.


El presidente municipal había llevado a Mama Grande a la cantina como parte de un acuerdo tácito: a cambio de alcohol gratis para ella, Mama Grande sería el imán que atraería a la gente y aumentaría las ventas de la cantina.


Mientras la gente seguía llegando a la cantina, Mama Grande aceptaba con gratitud los regalos y muestras de afecto que le ofrecían. Aquello le hacía sentir como una reina tribal de aquellos que solo vió en su infancia.

El presidente municipal se encontraba afuera de la cantina, con el teléfono celular apretado entre su oreja y su hombro, su gesto era alegre. 

Presidente Municipal: ¡Necesito que me traigas todo el alcohol que tengas!


Hombre al Teléfono: Lo siento, solo tenemos mezcal en este momento.


Presidente Municipal: No importa, ¡tráelo todo!


Hombre al Teléfono: ¿Estás seguro? Todavía no está listo para beberse.


Presidente Municipal: ¡No importa! La pelea pronto comenzará y la gente quiere beber.

Simultáneamente:

Laurel estaba sentado en su casa, mirando fijamente la televisión con una expresión sombría y tensa. Sabía que la batalla de Juan estaba a punto de comenzar, y su deseo ferviente era que Juan perdiera. A pesar del silencio que reinaba en la habitación, el aire estaba cargado con una tensión palpable, como si el propio ambiente estuviera a la espera del resultado del enfrentamiento. 

Simultáneamente:

El estadio vibraba con la emoción y el bullicio de la multitud, cuyos gritos y aplausos llenaban el aire. En la parte baja de la plataforma, dos figuras imponentes se preparaban para enfrentarse. 

Simultáneamente:

A un extremo, Juan Sánchez se erguía con una postura segura y determinada, su cuerpo musculoso tensándose en anticipación. Sus ojos oscuros brillaban con una determinación feroz, reflejando la intensidad de su concentración en el desafío que tenía por delante. Vestido con su traje raramuri.


En el extremo opuesto, el superhumano brasileño se destacaba por su físico imponente y su presencia intimidante. Sus músculos se tensaban bajo su ropa, listos para desatar su fuerza sobrehumana en el combate inminente.


El sonido de la multitud se mezclaba con la música estridente y los anuncios emocionados que resonaban en el estadio, creando una cacofonía de sonidos que envolvía a los espectadores en un torbellino de emoción. El olor a comida de los puestos cercanos se entremezclaba con el aroma a sudor y adrenalina, creando una atmósfera intensa y cargada de energía. El campo de fuerza se cierra.

El momento culminante se acerca cuando Juan y el superhumano brasileño se acercan uno al otro. La multitud contiene el aliento, susurros de emoción y anticipación llenan el estadio, mientras que los latidos del corazón resuenan en los oídos de los espectadores con un ritmo acelerado.


El sonido de sus pasos en el suelo del ring se mezcla con el murmullo de la multitud expectante. 


El campo de fuerza que rodea el ring parpadea con un resplandor azulado, reflejando la intensidad del enfrentamiento. La luz brillante ilumina cada detalle.

El brasileño se impulsa con fuerza, elevándose en el aire con una gracia sobrenatural. Su movimiento es fluido, como el de un depredador que se prepara para el ataque. Los espectadores observan con asombro mientras su cuerpo se contorsiona en el aire, listo para desatar su poder.


El sonido del viento corta el silencio del estadio cuando el brasileño ejecuta su patada giratoria. El aire se llena con el silbido agudo de su movimiento, como el de una cuchilla cortando el espacio. El sonido es casi ensordecedor, resonando en los oídos de los espectadores con una intensidad sobrecogedora.

La patada del brasileño se dirige hacia Juan con una velocidad asombrosa. El sonido del impacto es evidente, un golpe contundente que corta el silencio del estadio con una fuerza imponente. El crujido de las costillas de Juan bajo el impacto resuena, acompañado por el sonido de exclamaciones sorprendidas y gritos de ánimo de la multitud.


El cuerpo de Juan se sacude con el impacto de la patada, su respiración agitada llena el aire mientras lucha por mantenerse en pie. El dolor agudo se filtra en cada fibra de su ser, una sensación punzante que lo hace temblar con esfuerzo. Sin embargo, su determinación no flaquea, su mente está enfocada en él desafío que tiene por delante. Los pies del brasileño tocan el suelo de nuevo.

En un instante de ferviente determinación, Juan se lanza hacia adelante con un golpe poderoso, su puño cortando el aire con determinación. El sonido del viento se mezcla con el crujido de sus nudillos, creando una sinfonía de movimiento en el aire.

En un instante de sincronización perfecta, el superhumano brasileño desata una patada veloz hacia las piernas de Juan. Juan, anticipando el movimiento de su oponente, reacciona con una velocidad impresionante. Con un impulso poderoso, salta hacia arriba con una explosión de fuerza e imitando a su oponente su cuerpo gira en el aire con gracia y determinación.

El impacto de la patada giratoria de Juan contra el rostro de su oponente es contundente y poderoso. El sonido del golpe es como un estallido repentino, seguido por el crujido sordo de huesos bajo la presión. 

El superhumano brasileño se tambalea, su cuerpo desequilibrado lucha por mantenerse en pie. El sonido de su respiración agitada y sus pasos torpes resuena en el estadio, mezclándose con el susurro de la multitud expectante.

La multitud retiene el aliento mientras observa con atención el último movimiento de Juan. Los latidos de sus corazones resuenan en el estadio, creando una sensación de expectación palpable en el aire.


Con un movimiento rápido y poderoso, Juan desata otra patada giratoria, su pie cortando el aire con una velocidad asombrosa. El sonido del golpe es asombroso. El impacto de la patada de Juan contra el cuerpo del superhumano brasileño es contundente y devastador. 

El superhumano brasileño cae al suelo con un golpe sordo, su cuerpo inerte yace como un coloso caído. El silencio cae sobre el estadio mientras la multitud observa con asombro el resultado del enfrentamiento, sintiendo la intensidad del combate en cada fibra de su ser.


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