Operación medusa, capitulo 7.

 El sol se alzaba lentamente sobre San Benito el Alto, iluminando las humildes casas de adobe y los estrechos caminos de tierra que serpentean entre ellas. En el centro del pueblo se encontraba sentado el único maestro del lugar. Su figura solitaria estaba rodeada por el silencio de la mañana, solo interrumpido por el suave murmullo del viento entre los árboles cercanos.


El maestro, don José, era una figura conocida en el pequeño pueblo. Con sus cabellos grises y su rostro arrugado por los años de trabajo y sabiduría, irradiaba una presencia tranquila y sabia. Sus ojos oscuros, profundos como pozos de conocimiento, escudriñaban el periódico que sostenía entre sus manos, reflejando la seriedad de su tarea.


Vestido con un atuendo sencillo pero pulcro, don José se sentaba con la espalda recta y la mirada concentrada, sumergido en la lectura del periódico. El papel crujía suavemente bajo sus dedos mientras pasaba las páginas con cuidado, buscando la noticia que había captado su atención esa mañana.

Finalmente, don José encontró lo que buscaba: una breve nota en la sección deportiva que anunciaba la participación de Juan, uno de sus conocidos, en el torneo de mayor renombre internacional. Sus ojos se iluminaron con asombro mientras leía la noticia.

Minutos después:

Don José se encontraba de pie en el interior austero de la iglesia de adobe del pueblo. Los rayos del sol filtraban a través de las ventanas de cristal empañado, pintando el suelo de tierra con rayas de luz dorada. El aroma a incienso y madera antigua impregnaba el aire, creando una atmósfera de serenidad y reverencia en el recinto sagrado.


Sus manos arrugadas se aferraban con firmeza a la cuerda de la campana, mientras su mirada se perdía en el horizonte distante. Un sentido de deber y determinación brillaba en sus ojos oscuros, reflejando la solemnidad de su tarea.


Con un movimiento fluido, don José comenzó a balancear la cuerda con ritmo constante, haciendo resonar el sonido profundo y penetrante de la campana por todo el pueblo. El tintineo metálico cortaba el silencio de la mañana, llamando a los habitantes de San Benito el Alto a reunirse en la iglesia.

Don José continuó tocando la campana con determinación, su mente enfocada en el propósito de su llamado. Sabía que la participación de Juan en el torneo era un hito importante para el pueblo, un acontecimiento que merecía ser celebrado y conmemorado.

Minutos después:

La gente se aglomeró frente a don José, formando un grupo diverso de indígenas que conformaban el pueblo de San Benito el Alto. Sus rostros curtidos por el sol y el trabajo duro reflejaban curiosidad.


Los hombres y mujeres del pueblo vestían ropas sencillas y gastadas, con colores terrosos que se mezclaban armoniosamente con el entorno rural. Algunos llevaban sombreros de ala ancha para protegerse del sol abrasador, mientras que otros lucían túnicas tradicionales bordadas con patrones coloridos que hablaban de la rica herencia cultural del pueblo.

**Persona del pueblo:** Don José, ¿para qué sonó la campana?


Maestro: (mostrando el periódico) Para mostrarles esto. Miren lo que dice aquí.


Persona del pueblo: ¿Qué dice el periódico?


Maestro: Dice que Juan participará en el torneo.


Persona del pueblo: ¿Y qué es un torneo?


Maestro: Es un concurso de lucha, donde participan luchadores de diferentes lugares.


(Las Personas del pueblo se quedan pensativas)


Maestro: El punto es que Juan participará.


Persona del pueblo: ¿A cuál Juan se refiere?


Maestro: A nuestro Juan, a Nepo.

Persona del pueblo: nepo los molera a todos.

Maestro: lo dudo, en ese torneo participan las personas más fuertes de cada país, gente como Juan o incluso mas imponente.

Persona del pueblo: ¡Entonces necesitamos ver la pelea!

Al día siguiente:

El sol de la mañana iluminaba el polvoriento camino que llevaba a la vieja cantina del pueblo, donde se encontraban todos los individuos del lugar reunidos frente al desgastado cartucho de madera. 

Los individuos del pueblo se apiñaban frente a la cerrada cantina. Sus rostros reflejaban una mezcla de emoción y expectación, conscientes de que estaban a punto de presenciar un evento épico.

El dueño de la cantina y presidente municipal del pueblo, un hombre delgado con un bigote ralo y ojos maliciosos, llegó al lugar y se detuvo abruptamente al ver a tanta gente reunida frente a su establecimiento. Su rostro mostraba sorpresa y desconcierto mientras observaba la multitud con incredulidad.


El hombre vestía una camisa gastada y unos pantalones raídos, evidenciando el paso del tiempo y el descuido en su apariencia. Sus manos nerviosas jugueteaban con un pañuelo sucio mientras miraba a su alrededor, tratando de entender lo que estaba sucediendo. El presidente municipal del pueblo había logrado controlar la comunidad durante años. 

Presidente Municipal: ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué hay tanta gente frente a mi cantina?


Pueblo: Queremos ver la lucha.


Presidente Municipal: ¿Qué lucha? ¿De qué están hablando?


Pueblo: ¡La lucha de Nepo en el torneo!


Presidente Municipal: (sus ojos se iluminan con codicia) Ah, entiendo. Esto podría ser muy interesante...

Simultáneamente:

El rugido ensordecedor del público llenaba el estadio, creando una atmósfera cargada de emoción y anticipación. El olor a sudor y adrenalina impregnaba el aire, mezclándose con el aroma a comida y bebida de los puestos cercanos. La luz brillante de los reflectores iluminaba el ring, haciendo brillar los colores vibrantes de las banderas y los carteles que adornaban las paredes.


En el centro del ring, Juan Sánchez y el superhumano nigeriano se enfrentaban, protegidos por el campo de fuerza generado por las avanzadas tecnologías de Industrias Ramson. 

Juan y el superhumano nigeriano se acercaban lentamente el uno al otro en el centro del ring, sus pasos resonaban en el suelo del estadio, creando un eco sordo que reverberaba en los oídos de los espectadores. El silencio tenso llenaba el aire, interrumpido solo por el suave murmullo de la multitud expectante.


El suelo del ring crujía ligeramente bajo sus pies, un recordatorio constante de la intensidad del enfrentamiento que se avecinaba. Los espectadores apenas respiraban, completamente absortos por la escena que se desarrollaba frente a ellos.

Finalmente, cuando estuvieron a solo unos pasos de distancia el uno del otro, el superhumano Nigeriano desata una patada veloz, su pierna se mueve como un rayo cortando el aire con un silbido agudo. un golpe seco que resuena en los oídos de los espectadores, acompañado por el sonido de exclamaciones sorprendidas y gritos de ánimo.

La patada del Superhumano Nigeriano golpea con fuerza la cara de Juan, un sonido sordo y contundente resuena en el estadio, seguido por el crujido de huesos que hace que los espectadores se estremezcan. 

El suelo del ring tiembla bajo los pies de Juan mientras se tambalea, una sensación de vértigo se apodera de él. 

El campo de fuerza que rodea el ring parpadea con un resplandor azulado, reflejando la intensidad del combate. La luz brillante ilumina cada detalle de la escena, haciendo que el rostro ensangrentado de Juan sea aún más impactante para los espectadores.

El Superhumano Nigeriano sujeta a Juan firmemente de los codos, su fuerza imponente se hace sentir en cada músculo de su cuerpo. Un crujido sutil se escucha cuando el Nigeriano aplica presión, como si estuviera desafiando la resistencia misma de los huesos de Juan. El sonido de sus manos chocando contra la piel de Juan resuena en el estadio, creando una sensación de tensión palpable en el aire.

Juan, con una fuerza increíble, se libera de las manos del Nigeriano con un movimiento repentino y poderoso. El sonido de su liberación es como un trueno en el estadio, sorprendiendo a los espectadores con su agilidad y destreza. Los músculos de Juan se tensan con determinación mientras se prepara para el siguiente movimiento, su respiración agitada resonando en el silencio tenso del estadio.


El Superhumano Nigeriano lanza otra patada con una precisión impresionante, su pie cortando el aire con una velocidad asombrosa. El sonido de su pierna en movimiento es como un látigo que atraviesa el espacio, anunciando el peligro inminente para Juan. La patada impacta con fuerza en el rostro de Juan, un golpe contundente que hace que su cabeza se balancee hacia atrás.

El Superhumano Nigeriano se prepara para lanzar otra patada, su cuerpo tenso y listo para desatar su fuerza imponente. El aire vibra con anticipación mientras el Nigeriano se prepara para ejecutar su movimiento, su respiración agitada resonando en el estadio como un tambor acelerado. 


Juan, con una determinación feroz, alza la mano en un gesto audaz, desafiando el ataque inminente del Nigeriano. Su mano se eleva en el aire, los músculos de su brazo tensándose con poder mientras se prepara para enfrentar el golpe entrante. El sonido del viento se mezcla con el silencio expectante del estadio, creando una atmósfera cargada de emoción y anticipación.


El Nigeriano, concentrado en su objetivo, se dispone a lanzar su patada con una velocidad asombrosa. Su pierna se eleva en el aire con una gracia feroz, el sonido de su movimiento cortando el espacio como una cuchilla afilada. La multitud observa con incredulidad mientras el Nigeriano se prepara para desatar su fuerza letal, sus ojos brillando con determinación en el calor de la batalla.


Justo cuando el Nigeriano está a punto de lanzar su patada, Juan mueve su mano hacia adelante con una velocidad sorprendente. Sus dedos se cierran alrededor de la pierna del Nigeriano con un agarre feroz, su fuerza increíble sosteniendo al coloso africano en su lugar. El sonido del contacto físico reverbera en el estadio, como un trueno retumbante que hace temblar el suelo bajo sus pies. El superhumano nigeriano intenta patear con la pierna opuesta, pero Juan esquiva el ataque rápidamente.

El momento culminante se acerca cuando Juan, con una determinación inquebrantable, se prepara para su ataque final. El aire está cargado de anticipación, palpable en el estadio lleno hasta el tope. La respiración agitada de los espectadores crea expectación mientras observan con atención cada movimiento de los combatientes. 


Con un impulso repentino, Juan se lanza hacia adelante con una velocidad sorprendente, su cabeza inclinada hacia atrás para obtener el máximo impulso. Sus músculos se tensan con fuerza mientras se prepara para el golpe final. El sonido del contacto físico resuena en el estadio, un crujido sordo que corta el silencio momentáneo.


El golpe es impactante, un cabezazo sin igual que sacude al Superhumano Nigeriano hasta la médula. El silencio cae sobre el estadio mientras el Nigeriano yace inmóvil en el suelo, su cuerpo derrotado yace como un coloso caído. 

Simultáneamente:

En su despacho, Laurel se sumerge en la tarea del día, rodeada por el silencio reconfortante que envuelve su entorno. La luz tenue de la lámpara de escritorio ilumina la habitación, creando un ambiente acogedor y tranquilo. El aroma a libros viejos y muebles de madera impregna el aire, recordándole la calidez del hogar.


De repente, el sonido estridente de su teléfono rompe el silencio, interrumpiendo su concentración con su timbre insistente. El sonido agudo se filtra en su mente, sacándola bruscamente de su estado de tranquilidad. La vibración del teléfono sobre el escritorio agrega una sensación táctil a la interrupción, haciéndola sentir más tangible y urgente.


Con un suspiro resignado, Laurel alcanza el teléfono y lo levanta con cautela, sintiendo el peso familiar en su mano. El brillo de la pantalla ilumina su rostro con una luz azulada mientras mira el identificador de llamadas, preguntándose quién podría estar llamando en ese momento. El sonido del tono de marcado resuena en sus oídos, marcando el ritmo de la espera.


Con un gesto rápido, Laurel responde a la llamada, llevando el auricular a su oído con suavidad. El sonido de la voz al otro lado de la línea llega distante y distorsionado, pero reconocible. El murmullo constante de la conversación se mezcla con el zumbido del teléfono, creando una cacofonía de sonidos que llena el espacio.

Laurel: ¿Qué sucede? ¿Por qué me llamas?


Hombre: ¡Juan ha ganado la primera contienda!


Laurel: (con voz temblorosa) ¿Qué? ¡No puede ser!


Hombre: es verdad, Juan ha superado la primera etapa del torneo.



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