Operación medusa, capitulo 6.
El interior del estadio era impresionante, con sus enormes gradas que se elevaban hacia el cielo, creando un espectáculo imponente a la vista. El bullicio de la multitud resonaba en el aire, creando una atmósfera cargada de emoción y anticipación. La luz brillante de los reflectores iluminaba cada rincón del estadio, haciendo brillar los colores vibrantes de las banderas y los carteles que adornaban las paredes.
En el centro del estadio, Martin y Juan se encontraban junto a otros individuos, todos con la misma mirada determinada en sus rostros mientras se preparaban para inscribirse en el torneo. Frente a ellos, un hombre de aspecto imponente estaba sentado detrás de un escritorio, revisando documentos y recibiendo inscripciones.
El hombre de la inscripción era un estadounidense de una figura promedio, con una estatura comun y una presencia ireitable que llenaba el espacio a su alrededor. Su cabello oscuro estaba peinado hacia atrás con precisión, revelando una frente amplia y unos ojos penetrantes que escudriñaban a cada persona que se acercaba a él. Su mandíbula cuadrada estaba adornada por una ligera sombra de barba, y su expresión iracunda y concentrada mostraba la seriedad con la que tomaba su trabajo.
Vestía un traje negro impecable, ajustado a su figura atlética, que destacaba su porte elegante y seguro. Sus manos grandes y poderosas descansaban sobre el escritorio con autoridad, listas para recibir los documentos de los participantes.
El torneo estaba por comenzar, y la emoción en el estadio era palpable. Martin y Juan se preparaban para enfrentar el desafío que tenían por delante, decididos a dar lo mejor de sí mismos en la competencia. Con el hombre de la inscripción como testigo de su determinación, estaban listos para demostrar su valía en el campo de batalla.
**Hombre de las inscripciones:** Lo siento, señor Rodríguez, pero su compañero, Juan, no puede participar en el torneo.
**Martin:** ¿Cómo es eso posible? ¿Cuál es el motivo?
**Hombre de las inscripciones:** Juan solo mide 1.99 metros, y para entrar al torneo se requiere tener una estatura mínima de dos metros.
**Martin:** ¡Eso es ridículo! ¿Qué diferencia insignificante de altura hace?.
**Hombre de las inscripciones:** Lo siento, son las reglas del torneo. No puedo hacer nada al respecto.
**Martin:** estoy seguro de que el superhumano chino mide menos, lo que usted hace se llama discriminación racial.
**Hombre de las inscripciones:** (refunfuñando) Está bien, lo inscribire. Pero déjeme decirle que su aborigen perderá en la primera ronda.
**Martin:** usted límites a cumplir con su trabajo.
Horas después:
Martin se encontraba sumergido en el monotono ritual de lavar platos en un establecimiento de comida, mientras el sonido del agua corriendo y el crujido de los platos llenaban el aire. La luz tenue de las lámparas fluorescentes reflejaba en el agua jabonosa, creando destellos plateados que danzaban en las paredes del pequeño espacio.
A su vez, Juan se dedicaba con destreza a la tarea de destazar carne, el sonido rítmico de su cuchillo cortando la carne llenaba el ambiente con una sensación de actividad constante. El olor a carne fresca impregnaba el aire, mezclándose con el aroma a detergente y comida recién preparada que flotaba desde la cocina.
No tenían otra alternativa. El torneo había llenado la capital, agotando las existencias de comida en los establecimientos de la zona. Juan y Martin se encontraban trabajando arduamente por comida.
Días después:
El domingo:
Al final de la semana, el estadio rebosaba de gente, con una multitud ansiosa y expectante que llenaba cada rincón del enorme recinto. En la plataforma central, dos individuos se destacaban, resguardados por un campo de fuerza generado por las avanzadas tecnologías de Industrias Ramson.
En una esquina, se encontraba la imponente figura de la representante de Rusia, Mariana Viazanovska. Con una estatura que superaba los dos metros y una anchura que desafiaba cualquier comparación, Mariana era una figura imponente que producía terror. Sus rasgos faciales endurecidos por el tiempo y su mirada penetrante revelaban una vida dedicada al servicio militar.
En la otra esquina, se erguía el representante de Estados Unidos, un ser de extraordinaria velocidad. Su figura era esbelta y ágil, con movimientos que desafiaban la percepción humana. Con una mirada afilada y un aura de confianza, el superhumano estadounidense emanaba una presencia asombrosa.
Mariana Viazanovska, nacida en la Unión Soviética, había sido la clave para la victoria en la primera guerra Ruso-Ucraniana. Su destreza militar y su valentía en el campo de batalla la habían convertido en una leyenda viva en su país. Su mera presencia en el torneo era un recordatorio del poderío militar de Rusia y un símbolo de la determinación del pueblo ruso.
El superhumano estadounidense era un exagente de la CIA tenía una asombrosa capacidad para superar cualquier obstáculo con su velocidad sobrenatural. Su participación en el torneo era una muestra del poderío tecnológico y científico de Estados Unidos.
El momento esperado finalmente llegó cuando el superhumano estadounidense, con su supervelocidad asombrosa, apareció frente a Mariana en un destello de movimiento.
En un instante lleno de tensión, Mariana desencadenó un golpe poderoso hacia el superhumano estadounidense, pero este, con su increíble velocidad, logró esquivarla en un movimiento casi imperceptible.
Los espectadores observaban con asombro mientras Mariana lanzaba su golpe con una precisión impresionante. Su brazo se movía como un rayo, cortando el aire con su fuerza imponente. Por otro lado, el superhumano parecía casi etéreo mientras esquivaba el ataque con una gracia sobrenatural. Su figura se desplazaba con una velocidad tan increíble que apenas podía ser seguida por el ojo humano, dejando tras de sí un rastro borroso.
En un instante vertiginoso, el superhumano estadounidense desató una ráfaga de golpes ultra-acelerados hacia Mariana, cuyo cuerpo respondió instintivamente. A medida que los puños del superhumano se acercaban con una velocidad impresionante, el cuerpo de Mariana se cubría automáticamente con una capa delgada de hielo, formando una barrera protectora contra los golpes entrantes, una habilidad que encajaba perfectamente con la caracteristica resistencia al frío del pueblo Ruso.
El superhumano estadounidense sintió un dolor agudo en sus puños a causa del hielo, lo que lo obligó a detenerse por un momento, desconcertado por la sensación. La sorpresa se reflejó en su rostro mientras sus músculos se contraían involuntariamente, incapaces de soportar el dolor repentino.
Los espectadores observaban con incredulidad mientras el superhumano se detenía abruptamente, sus puños temblando ligeramente por el dolor. Su expresión de confusión se mezclaba con el asombro de los presentes, que contemplaban la escena con los ojos abiertos de par en par. Mientras tanto, Mariana aprovechaba la oportunidad para lanzar un poderoso impacto hacia su oponente, su puño se alzaba en el aire con una determinación feroz.
Con un estruendo sordo, el superhumano estadounidense colapsó sobre el suelo del estadio, su cuerpo inerte yacía como un titán derrotado ante la fuerza de Mariana. El golpe resonó en el aire, enviando ondas de choque que se propagaron a través del suelo y reverberaron en los corazones de los espectadores.
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