Operación medusa, capitulo 12.

 Una semana después, Juan se encontraba en el hospital, apoyado en unas muletas mientras daba sus primeros pasos titubeantes hacia la recuperación. Su rostro mostraba signos de fatiga y determinación, con una barba incipiente que le daba un aire de madurez y seriedad. A pesar de los moretones y vendajes que cubrían su cuerpo, su mirada reflejaba una determinación feroz y una voluntad inquebrantable.


El doctor que lo miraba era un hombre de mediana edad, con gafas de montura gruesa y una expresión serena pero preocupada en su rostro. Su bata blanca estaba impecablemente planchada, y su cabello gris estaba peinado hacia atrás con meticulosidad. Detrás de sus gafas, sus ojos brillaban con un brillo de profesionalismo y compasión, mientras observaba con atención los progresos de Juan.

La recuperación de Juan había sido extraordinariamente rápida, sorprendiendo incluso a los médicos más experimentados. Mientras que una persona común habría tardado meses en recuperarse de lesiones tan graves, Juan estaba demostrando una resistencia y una fortaleza física que desafiaban toda lógica médica. Su determinación inquebrantable y su enfoque implacable lo impulsaban hacia adelante, superando cada obstáculo con tenacidad y coraje.

Días después:

 Juan y Martin se encontraban en un avión de regreso a México, ansiosos por volver a su patria después de las intensas experiencias que habían vivido. Juan seguía molido por las batallas que había librado en el torneo, su cuerpo mostrando los signos evidentes de las heridas recientes. A pesar de su aspecto fatigado y las vendas que aún cubrían algunas partes de su cuerpo, su mirada reflejaba una determinación inquebrantable y una esperanza renovada por el futuro, cargaba una copa de plata envuelta en periódico que señalaba que había obtenido el según lugar en el torneo.


Martin, por otro lado, lucía preocupado pero aliviado de que su amigo estuviera a salvo y en camino hacia casa. Su rostro mostraba signos de cansancio por las noches sin dormir y los días de incertidumbre.

El avión zumbaba suavemente mientras se deslizaba por el cielo, el sonido de los motores mezclándose con el suave murmullo de las conversaciones de los pasajeros. El aroma a comida de avión flotaba en el aire, mezclado con el tenue olor a desinfectante que caracterizaba el ambiente de la cabina.


A través de las ventanas, se podía ver el paisaje cambiante debajo de ellos: vastas extensiones de tierra y cuerpos de agua intercalados con pequeñas ciudades y pueblos. El sol se filtraba a través de las nubes, bañando el paisaje con una luz cálida y reconfortante.


Para Juan y Martin, el regreso a México representaba el final de una larga y ardua jornada, pero también el comienzo de un nuevo capítulo en sus vidas. Habían enfrentado desafíos inimaginables juntos, pero habían salido más fuertes y unidos que nunca.


Finalmente, volverían a su patria, listos para enfrentar lo que el destino les deparara con valentía y determinación. Aunque el camino por delante estaba lleno de incertidumbre, sabían que mientras estuvieran juntos, podrían superar cualquier obstáculo que se interpusiera en su camino.

Martin: Juan, cuando lleguemos a México, mucha gente estará esperándote.


Juan: ¿Estar enojados?


Martin: ¿Por qué estarían enojados?


Juan: por perder.


Martin: Juan, todos te admiran en México. No importa el resultado, tu valentía y determinación son lo que cuentan.


Juan: pero yo perder.


Martin: Eres subcampeón.


Juan: ¿Que ser subcampeón?


Martin: En un torneo, los dos que llegan a la final son campeones. El ganador es campeón primero, y el que no gana, pero llega a la final, es campeón segundo, también conocido como subcampeón. Así que sí, Juan, tú también eres un campeón.

El rugido de los motores del avión se desvaneció mientras la aeronave tocaba tierra en el aeropuerto. Un suspiro colectivo de alivio se extendió entre los pasajeros, mientras el avión rodaba por la pista y se detenía frente a la terminal.


Martin y Juan intercambiaron una mirada llena de emoción y anticipación. El momento que habían estado esperando finalmente había llegado. Lentamente, se levantaron de sus asientos y se dirigieron hacia la puerta de salida.


Al abrirse la puerta, fueron recibidos por un mar de gente que los vitoreaba. Pancartas con mensajes de apoyo ondeaban en el aire, y cámaras destellaban mientras los fotógrafos intentaban capturar el momento histórico.


El presidente del país estaba esperando en la parte inferior de la escalera del avión, con una sonrisa cálida y acogedora en su rostro. Extendió la mano hacia Juan y Martin, dándoles la bienvenida con un apretón de manos firme y sincero.


"¡Bienvenidoj de vuelta a caja!" exclamó el presidente, su voz resonando sobre el estruendo de la multitud.

Martin apretó la mandíbula con determinación. Había planeado cada paso de su venganza contra Laurel, y ahora que estaban de vuelta en casa, era hora de poner su plan en acción.

Presidente: ¿Cómo je jienten, Martin y Juan?


Martin: Terrible.


Presidente: ¿Qué ha pajado?


Martin: Tuvimos que dormir en un albergue y trabajar en un restaurante.


Presidente: Pero ¿no preparó todo Laurel?


Martin: No, no preparó nada. Y voy a hacer público lo sucedido.


Presidente: Tranquilíjate, Martin. Laurel ya renunjió y me encargaré de que no vuelva a trabajar en dependenjias públicaj. Además, te daré el puejto de Laurel Ji no dijej nada. Jolo cálmate.


Martin: *se tranquiliza*

Horas después:

Juan caminaba por las calles de San Benito el alto con su trofeo de subcampeón del torneo, una copa de plata envuelta en periódico. A medida que avanzaba, notaba el brillo del metal a través del papel arrugado, sintiendo la textura áspera de las letras impresas bajo sus dedos. El sonido de sus pasos resonaba en la tierra, un eco constante que llenaba el aire tranquilo de la tarde.

A medida que avanzaba, podía sentir el calor del sol acariciando su rostro, calentando su piel y llenándolo de energía. 

El sonido de los pájaros cantando en los árboles llenaba el aire con una melodía suave y reconfortante. El canto de los pájaros se mezclaba con el murmullo distante de la gente. A Juan le extrañaba lo limpias que estaban las calles. De la nada, dos personas se acercaron corriendo a Juan mientras gritaban "campeón!" Hasta estar frente a él.

Juan: ¿Por que estar limpio?


Persona 1: ¡Por lo que tú has hecho, campeón! 

Persona 2: ¡Todos en el pueblo nos reunimos en la plaza para ver tu pelea! El presidente municipal tuvo que mandar a limpiarla.

Persona 2: ¡Eres un verdadero héroe para nosotros!


Juan: *sonriendo* Es un honor. Gracias a todos por su apoyo.

En ese momento, en la cantina del pueblo, el presidente municipal contaba con suma alegría todo el dinero que había juntado gracias a Juan. El tintineo de las monedas y el crujido de los billetes llenaban la habitación, creando una melodía de éxito y prosperidad. El presidente sonreía con satisfacción mientras contaba el dinero, sabiendo que gracias a Juan, el pueblo estaba experimentando una bonanza económica como nunca antes.

Días después:

Martin se encontraba recostado en el sofá de su nueva casa, viendo la televisión con una expresión de satisfacción en su rostro. El suave resplandor de la pantalla iluminaba la habitación, creando un ambiente acogedor y confortable. El sonido de la televisión llenaba el espacio, proporcionando un fondo constante de ruido de fondo.


El aroma fresco de la pintura recién aplicada impregnaba el aire, recordándole a Martin que estaba en su nuevo hogar. La sensación de comodidad y seguridad que emanaba de cada rincón de la casa lo llenaba de alegría y gratitud. Era un lugar que había adquirido con el fruto de su propio trabajo y esfuerzo, y se sentía orgulloso de ello.

En ese momento, Martin reflexionó sobre lo lejos que había llegado, desde sus humildes comienzos hasta su posición actual de prosperidad y estabilidad. Recordó el enganche de quince mil dólares que había hecho con su parte del premio de Juan, y se sintió agradecido por la oportunidad que se le había presentado.

Con su nuevo sueldo, Martin tenía mucho más que solvencia económica; tenía seguridad y estabilidad para él y su familia. Se sentía emocionado por lo que el futuro le deparaba y agradecido por todo lo que había logrado hasta ahora.

Semanas después:

Juan caminaba por el inmenso terreno desértico de 3000 hectáreas, el sol del mediodía brillaba en lo alto, arrojando su calor sobre la árida tierra. Cada paso de Juan levantaba pequeñas nubes de polvo que se dispersaban en el aire, creando un halo dorado a su alrededor. El viento soplaba suavemente, trayendo consigo el olor característico del desierto, una mezcla de tierra seca y hierbas silvestres.


A lo lejos, el horizonte se extendía infinitamente, interrumpido solo por las ondulantes dunas de arena y los espinosos arbustos que salpicaban el paisaje. El silencio del desierto envolvía a Juan, interrumpido solo por el suave susurro del viento y el ocasional canto de un pájaro solitario.


La sensación de libertad y vastedad lo embargaba mientras caminaba, sintiéndose como un verdadero señor de las tierras. Su familia se había establecido en este lugar gracias a la astucia de Martin, quien había comprado estas tierras en un remate utilizando los 85,000 dólares del premio que les correspondían a Juan. Habían adquirido estas tierras en un remate debido a que habían sido expropiadas recientemente al ex funcionario público Bisonte Fax.


Juan se sentía como un terrateniente mientras recorría su propiedad, con el orgullo y la satisfacción de saber que había asegurado un futuro para su familia. Cada rincón del vasto terreno parecía susurrarle historias de oportunidades y posibilidades infinitas, y Juan estaba decidido a aprovecharlas al máximo.



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