Operación medusa, capitulo 11.

 Mariana había superado cada obstáculo con destreza y determinación, derrotando a sus cinco oponentes con un estilo impecable y una fuerza implacable. Desde el primer enfrentamiento hasta el penúltimo, había demostrado su habilidad y valentía en el ring, ganándose el respeto y la admiración de todos los presentes.


Con cada golpe preciso y cada movimiento calculado, Mariana había dejado claro que no estaba allí para jugar, sino para ganar. 

Ahora, con la final del torneo frente a ellos, Mariana y Juan se preparaban para enfrentarse uno contra el otro en un último desafío que determinaría quién sería el verdadero campeón. Con el corazón lleno de determinación y los ojos puestos en la gloria que los esperaba, se lanzaron al ring, listos para darlo todo y dejarlo todo en la arena.

Mariana y Juan se encontraban en los extremos opuestos del ring, sus figuras destacándose contra el resplandor azulado del campo de fuerza que se cerraba a su alrededor. 

El suelo del ring vibraba bajo sus pies mientras avanzaban hacia el centro, cada paso resonaba en el aire con un crujido sordo. A medida que se acercaban el uno al otro, podían sentir la determinación en el aire, como si estuvieran entrando en una tormenta inminente. Cada músculo tenso, cada respiración agitada, era una prueba de la intensidad del momento que se aproximaba.

El campo de fuerza brillaba intensamente a su alrededor, iluminando cada detalle de sus rostros determinados y sus posturas tensas. Finalmente, cuando estuvieron a solo unos pasos de distancia el uno del otro, el mundo pareció detenerse por un momento. En ese instante, solo existían ellos dos, guerreros en el umbral del destino, listos para enfrentarse en un combate que definiría sus destinos.

Juan y Mariana se encontraban frente a frente, sus miradas fijas una en la otra, cada uno calculando el siguiente movimiento. El aire vibraba con anticipación, cargado de electricidad y expectativa, mientras el campo de fuerza los rodeaba con su resplandor azulado.


Mariana lanzó su primer golpe con determinación, el sonido del movimiento cortando el aire como un látigo. El golpe llevaba consigo la promesa de victoria, un eco de su fuerza y habilidad.

Juan esquivó el golpe con gracia y agilidad, su movimiento casi imperceptible. Podía sentir el viento cortando el espacio cuando Mariana pasaba a su lado, su presencia apenas un susurro en el aire.


Sus ojos seguían cada movimiento con intensidad, capturando cada detalle del baile mortal que se desarrollaba ante ellos. Cada gesto, cada respiración, era una parte crucial de la danza mortal que estaban ejecutando.


El sonido de sus pasos en el suelo del ring resonaba en el aire. En medio de la tensión palpable, el sabor del miedo llenaba sus bocas, una mezcla de anticipación y ansiedad que les recordaba la seriedad del momento. Era el sabor del desafío, el sabor del peligro que acechaba en cada esquina del ring.

Juan retrocedió ligeramente, sintiendo el suelo firme del ring bajo sus pies mientras se preparaba para su siguiente movimiento. La tensión en el aire era palpable, como una tormenta a punto de desatarse, mientras su corazón latía con fuerza en su pecho.


El sonido de su respiración agitada llenaba sus oídos, un zumbido constante que acompañaba cada paso que daba. Cada inhalación y exhalación era un recordatorio de la intensidad del momento, un eco de su determinación y enfoque.


Con un movimiento rápido y fluido, Juan lanzó una patada giratoria, el sonido del aire estaba cortándose con su movimiento como con una cuchilla afilada. 

La gigantesca mujer rusa apenas pudo esquivar la patada, sintiendo el viento cortando el espacio a su alrededor cuando las piernas de Juan pasaban rozando las suyas. 

Mariana apenas se inmutó ante el movimiento de Juan, su atención enfocada y su determinación inquebrantable. El aire alrededor de ella parecía cargado de intensidad, vibrando con la energía acumulada de la batalla inminente.


El sonido del golpe resonó en el aire como un trueno distante, un eco del poder contenido en cada movimiento de Mariana. El sonido era profundo y penetrante, llenando el estadio con su fuerza imponente y su promesa de dolor.


En un instante, el mundo se detuvo mientras el puño de Mariana impactaba brutalmente en el hombro de Juan. El sonido del impacto resonó en sus oídos como un estruendo ensordecedor, eclipsando todo lo demás en su intensidad abrumadora.


Juan sintió el impacto con una claridad dolorosa, como si cada fibra de su ser estuviera siendo sacudida por una fuerza implacable. El dolor se extendió por su hombro como una llamarada ardiente, envolviéndolo en una sensación de agonía punzante que lo dejó sin aliento.

A pesar del dolor abrumador, Juan pudo sentir la determinación ardiente ardiendo en su interior, alimentando su voluntad de seguir luchando. Cada latido de su corazón resonaba en su pecho como un tambor de guerra, recordándole su propósito y su fuerza interior.

Juan se tambaleó, su equilibrio comprometido por el golpe devastador que acababa de recibir. El mundo a su alrededor parecía girar, distorsionado por la intensidad del dolor que lo envolvía. Cada paso que daba resonaba en el suelo del ring, un eco sordo de su lucha por mantenerse en pie.


El sonido del impacto resonó en sus oídos como un trueno ensordecedor, ahogando cualquier otro sonido en su mente. Era un estruendo abrumador, un dolor que lo envolvía en su abrazo implacable, dejando poco espacio para cualquier otra sensación.


Juan sintió el dolor en su rostro con una claridad aguda y punzante, como si cada hueso de su mandíbula estuviera siendo triturado bajo el impacto del golpe. El dolor ardiente se extendió por todo su rostro, envolviéndolo en una sensación de agonía que lo dejó sin aliento.



A pesar del dolor abrumador, Juan se aferró a su determinación con una ferocidad renovada, cada fibra de su ser ardiendo con la necesidad de seguir adelante. Cada latido de su corazón resonaba en su pecho como un tambor de guerra, marcando el ritmo de su lucha contra la adversidad.


Mariana no perdió el tiempo y aprovechó la oportunidad, lanzando un demoledor puñetazo hacia el brazo de Juan. El sonido del impacto fue como el crujido de un trueno, resonando en el aire con una fuerza impactante. Juan sintió el dolor recorrer su brazo como un rayo, enviando ondas de agonía a través de cada fibra de su ser. Era un dolor intenso y persistente, una prueba de su resistencia y determinación en medio de la tormenta de la batalla.

Juan se detuvo abruptamente, una chispa de determinación encendiendo un fuego ardiente en su corazón. La ira se apoderó de él, consumiéndolo con una intensidad abrasadora que amenazaba con desbordarse en cualquier momento. Cada músculo de su cuerpo se tensó con una fuerza renovada, su mente enfocada en un solo objetivo: la victoria.


El sonido del silencio llenaba sus oídos, una quietud tensa que precedía a la tormenta. Cada respiración agitada llenaba el aire con un zumbido constante, mientras Juan se preparaba para desatar su furia sobre su oponente.


Sus ojos centelleaban con una determinación feroz, sus pupilas dilatadas como las de un depredador acechando a su presa. La intensidad de su mirada era como un rayo láser, cortando a través de la oscuridad con una precisión mortal.


Con un giro rápido y poderoso, Juan lanzó una patada giratoria hacia el estómago de Mariana. El sonido del aire cortándose con su movimiento era como el silbido de una serpiente, mientras su pierna se extendía con una velocidad asombrosa hacia su objetivo.

El impacto de la patada resonó en el aire con una fuerza impactante, un estallido repentino de poder que cortó el silencio con una fuerza imponente. Juan sintió el contacto con el cuerpo de Mariana, la sensación de su pie conectando con su estómago con una precisión letal.


El dolor punzante que recorrió su pierna fue como un rayo de electricidad, enviando ondas de dolor ardiente a través de cada fibra de su ser. Era un dolor intenso pero satisfactorio, una prueba de su habilidad y determinación en la lucha por la victoria.

Mariana retrocedió unos pasos, una expresión de sorpresa y desconcierto cruzando su rostro por primera vez en todo el torneo. Un susurro de asombro recorrió la multitud mientras observaban cómo la gigantesca mujer rusa retrocedía, rompiendo su fachada de invencibilidad.

Una delgada capa de hielo comenzó a formarse sobre su piel, extendiéndose lentamente desde sus pies hasta cubrir todo su cuerpo. El frío intenso del hielo se filtraba en cada poro de su piel, enviando escalofríos por su espalda y haciéndola temblar con una sensación de frío penetrante.


El sonido del hielo crepitando llenaba el aire, un susurro sutil pero persistente que acompañaba el crecimiento de la capa helada. Era como el susurro de la naturaleza misma, recordándole a Mariana su conexión con los elementos y la fuerza indomable de la naturaleza.

Mariana avanzó con determinación, cada paso resonando en el suelo del ring como un eco de su firmeza. El sonido de sus pisadas era como un tambor constante, marcando el ritmo de su avance hacia su oponente. La multitud observaba con atención, el murmullo de la emoción llenaba el aire mientras anticipaban el próximo intercambio entre los dos luchadores.

Mariana lanzó su puño hacia Juan con fuerza descomunal, el sonido del aire cortándose por su movimiento era como un susurro agudo en el oído. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso con la anticipación del golpe, mientras su puño se acercaba con una velocidad impresionante hacia su objetivo.


Juan esquivó el golpe con agilidad, moviéndose con una rapidez impresionante para evadir el ataque de Mariana. El sonido del viento silbando alrededor de su cabeza era como una melodía fugaz, mientras su cuerpo se movía con gracia y precisión para evitar el impacto.


El golpe de Juan contra el estómago de Mariana resonó en el aire con una fuerza imponente, el sonido del impacto era como un trueno retumbante en el estadio. Mariana recibió el golpe con firmeza, su cuerpo apenas se movió ante la inmensa potencia del golpe de Juan.


A pesar del impacto, Mariana apenas mostró signos de debilidad, su expresión impasible y su postura firme revelaban su fortaleza interior. Con la máxima velocidad que su inmensa corpulencia le permitía, Mariana lanzó otro golpe hacia Juan, el sonido de su movimiento era como un rugido de determinación en el aire.


Juan esquivó el golpe de Mariana con rapidez y precisión, su cuerpo se movió con una agilidad asombrosa para evitar el ataque. El sonido de su respiración agitada llenaba el aire mientras se preparaba para contraatacar, su mente enfocada en el próximo movimiento.


Con un movimiento rápido y calculado, Juan golpeó a Mariana una vez más, el sonido del impacto resonó en el estadio con una fuerza contundente. La multitud observaba con asombro mientras los dos luchadores continuaban su enfrentamiento, cada golpe y esquive un testimonio de su habilidad y determinación.

Juan avanzaba con determinación, sus golpes resonaban en el aire con una fuerza imponente. Cada impacto era como un trueno retumbante en el estadio, el sonido del choque contra el hielo que cubría a Mariana reverberaba en el aire con una intensidad abrumadora. La multitud observaba con asombro mientras los dos luchadores continuaban su enfrentamiento, cada golpe una demostración de la ferocidad y la habilidad de Juan.

El tacto áspero y frío del hielo contra la piel de Juan le enviaba escalofríos por la espalda, cada impacto enviaba una oleada de dolor punzante a lo largo de su brazo y pecho. Cada golpe contra el cuerpo congelado de Mariana resonaba en sus huesos, como si el frío se filtrara en su propia carne.


Los ojos de Juan brillaban con determinación mientras esquivaba los golpes de Mariana con una velocidad asombrosa. Cada movimiento era como un baile de gracia y agilidad, sus sentidos agudizados por la adrenalina y la emoción del combate.


El sabor amargo del esfuerzo y la concentración llenaba la boca de Juan, un recordatorio constante de la intensidad del enfrentamiento. Cada golpe era un desafío, una prueba de resistencia y valentía que lo impulsaba a seguir adelante con una determinación feroz.


A pesar del dolor y la fatiga, Juan no flaqueaba, su mente enfocada en la tarea que tenía por delante. Cada golpe era un paso hacia la victoria, una oportunidad para demostrar su fuerza y resolución frente a su formidable oponente.

En un instante, el puño de Mariana se precipitó hacia la cabeza de Juan con una velocidad sorprendente. El sonido del impacto resonó en el aire como un trueno distante, mientras el crujido sordo de huesos y músculos bajo el golpe reverberaba en la mente de Juan. El dolor agudo y punzante se extendió por su cabeza como una llamarada, nublando momentáneamente sus sentidos y dejándolo aturdido y tambaleante.


El aroma acre del sudor y el esfuerzo llenaba el aire, mezclado con el tenue rastro de sangre que se filtraba desde la nariz de Juan. Cada inhalación era una bocanada de tensión y ansiedad, mientras luchaba por recuperar el control de sus sentidos y su cuerpo.

El tacto del puño de Mariana contra su cabeza era como una explosión de dolor, una fuerza implacable que lo sacudió hasta lo más profundo de su ser. Cada golpe era como una bala de cañón que atravesaba su cráneo, dejando un rastro de devastación a su paso.


Los ojos de Juan parpadearon con desconcierto mientras luchaba por mantenerse en pie, su visión nublada por la intensidad del dolor. Cada parpadeo era un esfuerzo agónico, una lucha desesperada por mantenerse consciente frente al embate implacable de su oponente.

El impacto llegó como un torrente de dolor, sacudiendo cada fibra del cuerpo de Juan con una intensidad abrumadora. Su mente, embotada por la agonía, amenazaba con ceder ante la oscuridad tentadora del desmayo. Sin embargo, en ese momento crucial, un torrente de recuerdos y emociones lo invadió.


El aroma de la comida y el sonido de las risas familiares llenaron su mente, trayendo consigo el reconfortante recuerdo de los momentos felices compartidos con su familia. El sabor de la comida, la suavidad de la mano de mamá grande acariciando su cabello y el sonido de la risa de su hermana menor llenaron sus sentidos, infundiendo su espíritu con una determinación renovada.


El tacto de la mano de Mama Grande sobre su hombro, su presencia reconfortante y su sabiduría ancestral resonaron en su ser, recordándole el propósito que lo impulsaba. Cada palabra de aliento que ella le había dado, cada consejo sabio que había compartido, se convirtió en un faro de esperanza en medio de la tormenta de dolor.


Los ojos de Juan se enfocaron en el estadio a su alrededor, absorbiendo el panorama de la multitud expectante. A lo lejos, divisó el asiento donde Martin estaba sentado. La mirada de apoyo y aliento en los ojos de Martin avivó el fuego ardiente de la determinación en el corazón de Juan, recordándole que no estaba solo en esta batalla.


Cada latido de su corazón resonaba en sus oídos con una fuerza renovada, cada respiración era un recordatorio de su voluntad inquebrantable de seguir adelante. Con un grito de determinación,  Decidió que no podía permitirse rendirse, no cuando tenía tanto en juego.

El cuarto impacto fue como un relámpago ardiente que atravesó el cuerpo de Juan, pero en lugar de sucumbir, despertó una furia ardiente dentro de él. Cada fibra de su ser vibraba con una determinación indomable, como si el dolor hubiera encendido una llama en su interior que amenazaba con consumirlo todo.


El sonido de su respiración agitada llenaba el aire, un eco constante de su lucha interna mientras se preparaba para el próximo intercambio de golpes. Cada inhalación era un recordatorio de su resistencia, de su voluntad de hierro que se negaba a ser quebrantada por el dolor.

Los ojos de juan, brillando con una intensidad feroz, seguían cada movimiento de Mariana con una concentración implacable. Cada movimiento era una oportunidad, cada gesto una apertura que Juan estaba decidido a aprovechar.

Con un grito de furia, Juan lanzó una patada giratoria con todas sus fuerzas, el sonido del viento cortando el aire con un silbido agudo. El impacto fue como un terremoto, sacudiendo el cuerpo de Mariana con una fuerza implacable que la hizo tambalearse.

El sonido del impacto resonó en el estadio como un trueno distante, mientras Juan lanzaba una patada giratoria con toda la fuerza de su ser. El viento silbaba a su alrededor mientras su pierna se lanzaba hacia adelante, encontrando el estómago de Mariana con una precisión letal. El golpe fue como un martillo golpeando un yunque, haciendo que Mariana se doblara de dolor mientras luchaba por contener un gemido de agonía.

El rostro de Mariana quedó a la altura perfecta para el siguiente golpe de Juan, quien avanzó con determinación. Sus nudillos se encontraron con la piel de Mariana con un impacto contundente, el sonido del golpe resonando en el aire con una fuerza implacable. Era como si el tiempo se detuviera por un momento, mientras el puño de Juan encontraba su objetivo con una precisión mortal.


El tacto del impacto envió una oleada de satisfacción a través de Juan, pero su triunfo fue efímero. Con un movimiento rápido y certero, Mariana contraatacó con un golpe poderoso al codo de Juan, un golpe que resonó en su brazo con una fuerza devastadora.


El dolor fue instantáneo y abrumador, como si mil cuchillos ardientes estuvieran perforando su carne. Cada fibra de su ser gritaba de angustia mientras su brazo se retorcía en una posición antinatural, una sensación de horror que lo paralizaba en su lugar.


El sabor del miedo llenó la boca de Juan mientras luchaba por contener un grito de dolor. Era el sabor amargo de la derrota, la realización repentina de que la victoria estaba fuera de su alcance. Aun así, su determinación no flaqueó, su mente estaba enfocada en la lucha que aún tenía por delante.

El crujido de los huesos resonó en el aire cuando Mariana enderezó su cuerpo, lista para lanzar su próximo ataque. Cada músculo tenso y cada fibra de su ser vibraba con una energía imparable, mientras sus ojos brillaban con una determinación feroz.

Con un movimiento rápido y fluido, Mariana lanzó un puñetazo hacia Juan, pero este lo esquivó con un movimiento ágil. Con su único brazo funcional restante, Juan contraatacó con un golpe rápido y certero, su puño encontrando el pecho de de Mariana con una precisión letal.


El sonido del impacto resonó en el estadio como un trueno distante, mientras Mariana recibía el golpe con un gruñido de dolor. Sin embargo, no se detuvo, lanzando otro golpe hacia Juan con una ferocidad renovada.


El tacto del golpe fue como una explosión de dolor en la cara de Juan, cada impacto resonando en su cráneo con una fuerza abrumadora. Cada golpe era como un martillo golpeando su cabeza, enviando ondas de dolor a través de cada fibra de su ser.

El suelo del ring se sintió duro mientras Juan caía de rodillas, luchando por mantener la consciencia. Cada respiración era un esfuerzo agotador, cada latido de su corazón resonaba en sus oídos con una intensidad ensordecedora.

Voz Artificial: "Señor Juan, ¿desea continuar el combate?"


Juan: "Sí... Querer...cuerpo... no responder..."


Voz Artificial: "Entiendo, señor Juan. Por su seguridad, declaro que el combate ha terminado. La señorita Mariana es la ganadora."


Juan: *con un susurro entrecortado*


Voz Artificial: "Señor Juan, ha mostrado una gran valentía y determinación. Por favor, permita que los médicos lo atiendan. La seguridad y la salud de nuestros competidores son nuestra prioridad."

El hielo que cubre el cuerpo de Mariana comienza a derretirse lentamente, revelando una piel llena de moretones y magulladuras. Una gota de sangre comienza a brotar de su nariz, resbalando por su mejilla y dejando un rastro rojo sobre su piel pálida.


Mariana saca un pañuelo blanco y limpio de su bolsillo con manos temblorosas. Con delicadeza, limpia la sangre de su rostro, mostrando una mezcla de determinación y dolor en su expresión. El pañuelo absorbe la mancha carmesí, pero deja un rastro de humedad en su piel.


Con un gesto de respeto y solidaridad, Mariana extiende el pañuelo hacia Juan, ofreciéndoselo como un símbolo de reconocimiento por su valentía en el combate. Juan acepta el pañuelo con manos temblorosas, sintiendo la textura suave y fresca del tejido entre sus dedos.


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