El arca, capitulo 1.

 En una isla cubierta por una densa selva que se extendía por miles de kilómetros, se alzaba un imponente edificio que parecía haber salido de las páginas de un libro de ciencia ficción. Sin embargo, este edificio era tan real como las personas que lo habitaban. En su interior, cientos de pisos se extendían a lo largo de varias hectáreas, cada uno con su función específica, desde la producción de alimentos hasta el mantenimiento de la maquinaria, y por supuesto, el alojamiento de sus habitantes.


En el piso más alto residían los "jefes", cuya posición de privilegio y lujo era enigmática para el resto de los habitantes. Todos sabían que el cerebro central, una poderosa computadora, protegía ferozmente los intereses de esta clase dominante. Justo por debajo de ellos se encontraban los "administradores", encargados de dirigir la producción según las directrices de los jefes, disfrutando de un nivel de vida inferior pero aún cómodo.


En los pisos inferiores se apiñaban los "obreros", la abrumadora mayoría, cuyas vidas estaban dedicadas a trabajar arduamente para sobrevivir día tras día. Sin embargo, este lugar ocultaba un secreto profundo que solo unos pocos osaban descubrir.

En el piso superior, un hombre llamado Fatality yacía atado a un carrito mecánico lleno de basura, su piel semi anaranjada brillaba bajo la luz artificial, contrastando con sus ojos negros penetrantes y su cabello chino que caía desordenado sobre su frente. Vestía una bata blanca, símbolo de su posición como científico en aquel mundo de opulencia.


Frente a él, los ricos se acomodaban en sus lujosos asientos, sus rostros adornados con expresiones de placer ante el espectáculo que estaban a punto de presenciar. Todos compartían la misma característica distintiva: su piel era de un tono oscuro.


Un hombre se acercó a Fatality, su figura imponente proyectaba una presencia intimidante. Su piel también era oscura, pero su vestimenta ostentosa y su porte arrogante lo distinguían como uno de los líderes entre los ricos. Con manos expertas, preparó una jeringa cargada con una droga somnífera, lista para inyectarla en el cuerpo de Fatality.

Fatality había cometido el crimen más grande según los estándares de la élite: había osado proponer una redistribución más equitativa de los recursos, desafiando así el statu quo establecido por los cien jefes que gobernaban el arca. Su audacia había sido considerada una afrenta imperdonable, y ahora enfrentaba las consecuencias de su rebelión en forma de una ejecución, diseñada para prevenir cualquier intento de disidencia entre las filas de los oprimidos.

Fatality sintió cómo la pesadez invadía su cuerpo, la droga somnífera comenzaba a hacer efecto. Su mente se volvía borrosa, sus párpados pesaban como plomo y su respiración se volvía lenta y profunda. 


De repente, una compuerta se abrió en el suelo justo debajo de él. El carrito mecánico en el que estaba atado se deslizó automáticamente hacia el agujero recién abierto, arrastrándolo hacia su destino desconocido. Fatality pudo sentir el vértigo de la caída mientras descendía a gran velocidad por el enorme ducto que atravesaba el edificio de arriba hacia abajo.


El rugido del viento ensordecedor llenaba sus oídos mientras el carrito se precipitaba por el oscuro interior del conducto. Sus manos intentaban aferrarse a algo, pero el movimiento era frenético y descontrolado. La sensación de caída libre le provocaba una mezcla de terror y adrenalina que le erizaba la piel.


A medida que descendía, Fatality podía percibir el cambio en la temperatura a su alrededor: el aire se volvía más frío a medida que se alejaba de la superficie, envolviéndolo en una sensación gélida que le erizaba los vellos de los brazos.

El carrito mecánico cayó en el centésimo piso, el más profundo y oscuro de todos, donde la luz del sol nunca llegaba y la oscuridad lo envolvía todo en un abrazo eterno. Con las ruedas hacia arriba, el carrito se tambaleó unos instantes antes de comenzar a moverse a baja velocidad sobre el suelo irregular y polvoriento.


Fatality yacía en el interior del carrito, todavía semiconsciente por el efecto de la droga somnífera. Los sonidos que llegaban a sus oídos eran tenues y distantes, como si estuviera sumergido en un mundo de ensueño. La sensación de ingravidez y desorientación se apoderaba de él, mientras sus sentidos luchaban por comprender lo que estaba sucediendo.


De repente, sintió cómo alguien lo levantaba del carrito. Un escalofrío recorrió su columna vertebral mientras su mente luchaba por discernir si era real o simplemente una ilusión inducida por la droga. El tacto áspero y firme de las manos que lo sujetaban le confirmó que no estaba solo en aquel lugar oscuro y desconocido. Antes de que pudiera procesar completamente lo que estaba ocurriendo, una llamarada de fuego golpeó el carrito con una fuerza devastadora. 

Horas después:

Fatality despertó lentamente de su letargo inducido por la droga, sintiendo una pesadez en cada fibra de su ser. A medida que su conciencia volvía a él, pudo percibir la débil luz de unas velas que parpadeaban tenuemente en la penumbra, arrojando sombras danzantes sobre las paredes de la estancia.


Sus sentidos se agudizaron gradualmente mientras observaba el entorno con ojos entrecerrados. A su alrededor, yacían hombres, mujeres y niños desnudos, sus cuerpos delgados y demacrados evidenciaban una desnutrición crónica. El olor a humedad y suciedad impregnaba el aire, mezclado con el hedor acre de la descomposición y la enfermedad.


El sonido de la respiración entrecortada y los gemidos de dolor llenaban la habitación, creando una cacofonía de sufrimiento que resonaba en sus oídos. Fatality podía sentir el frío húmedo penetrando en su piel desnuda, haciendo que se estremeciera involuntariamente.

A medida que su visión se aclimataba a la tenue luz de las velas, pudo distinguir los rostros desgastados y desesperados de aquellos que lo rodeaban. Sus ojos reflejaban la resignación y la desesperanza de quienes habían perdido toda esperanza de una vida mejor.


Fatality se encontraba en un lugar de desolación y desesperación, rodeado por aquellos cuyas vidas habían sido destrozadas por el sistema opresivo que gobernaba el arca. Con el corazón lleno de determinación, se juró a sí mismo que haría todo lo posible por liberar a aquellos que sufrían en las sombras, incluso si eso significaba enfrentarse al poderoso y corrupto régimen que los mantenía esclavizados.


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