Chicho el rata, capitulo 1.

 La oscuridad de la noche envolvía el interior de la instalación de las Industrias Ramson, donde dos figuras se destacaban sobre un pequeño puente que cruzaba sobre gigantescos recipientes llenos de un líquido químico desconocido. Los dos ladrones, inmigrantes latinoamericanos, vestían chalecos que, bajo la luz tenue de las lámparas, ocultaban un metal, en cada bolsillo guardaban una porción de rodio, el metal más valioso del mundo, acumulando en total cerca de un kilogramo.


Jesús y Germán, los protagonistas de esta intrépida incursión, se mantenían alerta, sus ojos oscuros y penetrantes escudriñaban cada rincón en busca de peligro. Jesús, de estatura media y cabello oscuro, tenía una mirada que reflejaba su determinación por alcanzar un mejor destino. Germán, un poco más alto y robusto, portaba una cicatriz en la mejilla derecha, testimonio de los desafíos que habían enfrentado en su búsqueda de una vida mejor.


El aire en el laboratorio estaba cargado con un olor penetrante a productos químicos, mezclado con un ligero aroma a metal. El sonido de los equipos industriales zumbaba en el fondo, creando una atmósfera de tensión palpable. Jesús y Germán se movían con sigilo, sus pasos apenas audibles sobre el puente de metal oxidado, mientras el sudor frío perlaba sus frentes, mezclándose con el polvo que flotaba en el aire. Habían llegado a Estados Unidos con sueños de progreso, pero pronto descubrieron la amarga verdad detrás del supuesto "sueño americano": un mito que solo servía para engañar a los ingenuos y mantener a los inmigrantes en la periferia de la sociedad.

El repentino estruendo de las alarmas del laboratorio rompió el silencio de la noche, resonando con un tono agudo y penetrante que perforaba los tímpanos de Jesús y Germán. El sonido, acompañado de destellos intermitentes de luces rojas parpadeantes, los sumergió en un estado de alerta aún mayor.

El sonido metálico de las puertas de seguridad cerrándose resonaba en el espacio, mientras las luces brillaban con una intensidad deslumbrante, proyectando sombras distorsionadas que se movían frenéticamente por las paredes y el suelo.

Un zumbido agudo y constante de un dron cortó el aire con una velocidad inigualable, su presencia repentina hizo que Jesús y Germán se detuvieran en seco, congelados por el temor que se apoderaba de ellos. El sonido del motor resonaba en sus oídos con una intensidad ensordecedora, mientras el viento generado por las aspas del dron azotaba sus rostros con fuerza, arrastrando consigo el olor a metal caliente y a electricidad estática.


Los ojos de Jesús y Germán se ampliaron con horror al ver la forma amenazante del dron, sus luces parpadeantes iluminaban la oscuridad de la noche con una intensidad cegadora, proyectando sombras distorsionadas en el suelo. El destello de sus hélices cortaba el aire con una precisión letal, mientras sus sensores escaneaban frenéticamente el entorno en busca de cualquier movimiento sospechoso.

Un repentino destello de energía cortó el aire con un silbido agudo, y un rayo de plasma se lanzó desde el dron con una velocidad impresionante, impactando directamente en Germán. El estallido del rayo resonó en el laboratorio, acompañado de un estruendo ensordecedor que retumbó en los oídos de Jesús, quien observó con horror cómo su compañero era alcanzado por el mortal ataque. El humo comenzó a elevarse de donde Germán había sido impactado, envolviendo el área en una nube densa y sofocante que irritaba los ojos de Jesús y le hacía toser violentamente.


Con el corazón latiendo con fuerza en su pecho y la adrenalina bombeando por sus venas, Jesús no dudó ni un segundo. Movido por puro instinto, se lanzó hacia adelante, corriendo a toda velocidad hacia los gigantescos recipientes químicos que se alzaban ante él. Jesús saltó con todas sus fuerzas, lanzándose hacia el borde de los recipientes en un movimiento audaz y arriesgado. El aire rugió en sus oídos mientras caía en picado hacia el líquido químico, y el corazón le martilleaba con fuerza en el pecho mientras se preparaba para el impacto.


Con un chapoteo ensordecedor, Jesús se sumergió en el líquido, sintiendo cómo el frío lo envolvía por completo, mientras el olor penetrante de los químicos llenaba sus pulmones y le hacía arder los ojos. Pero en ese momento, todo lo que podía sentir era la determinación ardiente en su interior, la determinación de sobrevivir.

El suelo bajo el recipiente tembló con un estruendo sordo mientras se abría en una fisura profunda, revelando una oscuridad abisal que se extendía hacia lo desconocido. El rugido mecánico de los sistemas automáticos llenó el laboratorio, resonando en los oídos de Jesús con una intensidad atronadora que parecía retumbar en su pecho.

La visión era del químico siendo succionado hacia la oscuridad del abismo era aterradora, una cascada turbulenta de líquido contaminado que se deslizaba por la fisura con un rugido ensordecedor. La luz parpadeante de las alarmas reflejaba destellos distorsionados en la superficie del líquido. Tras unos minutos de tensa espera, las aguas oscuras del alcantarillado se agitaron con un movimiento inquietante. Lentamente, como emergiendo de las profundidades de un abismo, dos manos semirosadas se alzaron a la superficie, rompiendo la quietud con un aura de misterio y malestar.

Con movimientos ágiles y precisos, el sujeto comenzó a utilizar sus largas uñas para trepar por la pared del alcantarillado, sus dedos semirosados agarrándose con fuerza a las grietas y protuberancias del hormigón húmedo. El sonido de sus uñas rasgando la superficie era como un chirrido siniestro que resonaba en los oídos de Jesús, enviando escalofríos por su espalda y haciéndole sentir una sensación de inquietud que parecía penetrar hasta lo más profundo de su ser.

La figura avanzaba lentamente por la pared del alcantarillado, su cuerpo semioculto entre las sombras y la oscuridad. El sonido de sus pasos era apenas un susurro en la oscuridad, un eco distante que resonaba en el aire cargado de humedad y misterio. 

A medida que el humanoide avanzaba, la luz débil del alcantarillado revelaba su aspecto grotesco y perturbador. Su rostro, de rasgos retorcidos y deformados, era reminiscente de una rata gigante, con grandes colmillos que sobresalían de su boca abierta en una mueca de ferocidad. La larga nariz del ser ratonil se alzaba en el aire, moviéndose con curiosidad mientras exploraba su entorno con astucia.

Sus ojos, pequeños y brillantes, destellaban con una inteligencia mientras escudriñaban todo con una mirada penetrante. El sonido de sus pasos era apenas un susurro en la oscuridad, un eco distante que resonaba en el aire cargado de humedad y misterio. Jesús podía sentir la mirada del ser ratonil posada 

La enorme cola del ser se balanceaba detrás de él con un movimiento sinuoso, dejando un rastro de oscuridad y sombra a su paso. 

El horror se reflejaba en los ojos de Jesús mientras su cuerpo, ahora deformado y grotesco, se aferraba a la pared del alcantarillado. La luz tenue revelaba los rasgos retorcidos de su nuevo ser, cada detalle una cruel burla de su humanidad perdida. Sus manos, ahora garras peludas y temblorosas, se aferraban con desesperación a la superficie rugosa, mientras su mente luchaba por aceptar la realidad de su transformación.

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