Zolompiroman, capitulo 3.
En un laboratorio biológico, la vista era cautivada por el brillo suave de las luces fluorescentes que iluminaban la sala, destacando los equipos de laboratorio relucientes y las mesas cubiertas de instrumentos científicos. Tubos de ensayo y frascos de cristal llenos de líquidos multicolores se alineaban en estantes metálicos.
En la pantalla de una computadora, las imágenes sobredimensionadas de las células de zombie, vampiro y hombre lobo dominaban el campo visual de manera impresionante, cautivando los sentidos de manera inmediata.
La vista era inundada por la visión de estas células ampliadas hasta límites asombrosos, cada una con sus características únicas claramente definidas. Las células de zombie mostraban una apariencia grotesca y desfigurada, con membranas celulares deformadas y núcleos oscuros y retorcidos. Las células de vampiro brillaban con un resplandor siniestro, sus bordes afilados y contornos elegantes evocando una sensación de peligro latente. Y las células de hombre lobo exhibían una ferocidad primitiva, con formas irregulares y orgánicas que sugerían una fuerza salvaje y descontrolada.
La escena era un ballet de actividad frenética y concentración intensa mientras Frank manipulaba las muestras con habilidad y destreza. Sus manos se movían con una precisión experta, cada gesto calculado y controlado mientras trabajaba con las delicadas muestras en el laboratorio.
La vista estaba llena de una mezcla de colores brillantes y formas intrigantes, con las muestras brillando bajo las luces fluorescentes del laboratorio. Los tubos de ensayo y frascos de cristal reflejaban la luz en un arco iris de tonos vivos, creando un espectáculo visual fascinante.
Y entonces, de repente, ocurrió: una explosión resonó en la sala, rompiendo la calma y la concentración con un estruendo ensordecedor. El sonido era como un trueno que estallaba en la quietud del laboratorio, sacudiendo las paredes y enviando ondas de choque a través del aire. Un estallido de luz brillante iluminó la sala, cegando temporalmente a Frank y envolviendo todo en una aura de caos y confusión.
Frank emergió del laboratorio, su cuerpo tembloroso y debilitado por la explosión. Cada paso era un esfuerzo monumental, cada respiración un susurro entrecortado mientras luchaba por mantenerse en pie. La vista de su figura tambaleante era desgarradora, con su ropa chamuscada y manchada de sangre, y su rostro pálido y contorsionado por el dolor. Brian lo llevaba de vuelta al castillo.
Al caer la noche, un silencio pesado se cernía sobre el castillo Monterius. De repente, un aullido penetrante rasgó el silencio de la noche, resonando a través de los pasillos del castillo con una intensidad que enviaba escalofríos por la espalda de cualquier oyente. El sonido era como una llamada desde lo más profundo de la oscuridad, un eco primitivo y ancestral que parecía vibrar en el alma misma del castillo.
El sonido del aullido era ensordecedor, llenando el aire con una cacofonía de sonidos que reverberaban en los oídos de Brian con una intensidad abrumadora.
En la parte baja de la montaña, la oscuridad se cernía sobre el paisaje, envolviendo los árboles y las rocas en un manto de sombras que parecían cobrar vida propia. El aire estaba impregnado con el aroma fresco de la tierra húmeda y la vegetación, mezclado con el olor a musgo y humedad que flotaba en la brisa nocturna.
De repente, el sonido de pasos pesados resonó en el silencio de la noche, rompiendo la calma con una cadencia rítmica y poderosa. Cada paso era como un eco profundo y resonante, el sonido de garras afiladas contra la tierra mientras el hombre lobo corría con una determinación feroz. En medio de la noche oscura y serena, el silencio del bosque se vio interrumpido por un sonido grave y escalofriante: el aullido desgarrador de un hombre lobo.
La vista se llenó de una escena sobrecogedora cuando una manada de lobos normales emergió de entre los árboles, sus ojos brillando con un resplandor salvaje y sus colmillos al descubierto en un gesto amenazador. La luna llena iluminaba sus pelajes grises y plateados.
La escena se despliega con una ferocidad desatada cuando tres lobos se abalanzan sobre el ser sobrenatural, cada uno determinado a derrotarlo. La vista se llena con el brillo de sus ojos salvajes y el destello de sus colmillos al descubierto, mientras se lanzan hacia su presa con una velocidad y agilidad sorprendentes.
El primer lobo salta con un rugido desafiante, pero su ataque es interceptado por el ser sobrenatural, cuya mandíbula se cierra con un crujido mortal alrededor de su cuello. El sonido de huesos rompiéndose corta el silencio de la noche, acompañado por el grito agonizante del lobo mientras sucumbe ante el ataque.
El segundo lobo se acerca con rapidez, pero el ser sobrenatural reacciona con una velocidad impresionante. Con un movimiento ágil, lanza una patada devastadora que impacta directamente en el cráneo del lobo, aplastándolo con un sonido sordo y escalofriante. El eco del impacto retumba en el aire, mezclado con el gemido agonizante del lobo mientras cae al suelo, inerte y sin vida.
El tercer lobo no retrocede, decidido a vengar a sus compañeros caídos. Se abalanza con ferocidad, pero el ser sobrenatural es igualmente implacable. Con un movimiento rápido, rasga el estómago del lobo con sus garras afiladas, abriendo una herida mortal que hace que la sangre brote en un torrente oscuro. El sonido de carne desgarrándose se mezcla con el aullido de dolor del lobo, creando una cacofonía de violencia y sufrimiento en medio de la batalla.
Los lobos se lanzaron hacia adelante, sus cuerpos musculosos y pelajes grises moviéndose con una gracia salvaje mientras se abalanzaban hacia su presa con dientes y garras al descubierto. El ser sobrenatural los recibió con un rugido desafiante, su figura imponente y poderosa en contraste con la oscuridad que lo rodeaba. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso y preparado para el combate, sus sentidos agudizados por la adrenalina y el instinto de supervivencia.
El choque fue inevitable, una explosión de violencia y furia que llenó el aire con el sonido de colmillos chocando contra colmillos y garras rasgando la carne. El ser sobrenatural se movía con una velocidad y destreza impresionantes, esquivando los ataques de los lobos mientras contraatacaba con una fuerza devastadora. Cada golpe y cada movimiento estaban imbuidos con una determinación feroz, una voluntad de hierro que se negaba a ceder ante la furia de sus enemigos.
Los lobos caían uno tras otro, sus cuerpos sin vida esparcidos por el suelo del claro. El ser sobrenatural luchaba con una ferocidad desatada, su mente enfocada únicamente en la tarea de eliminar a cada uno de sus enemigos. Con cada golpe y cada mordida, podía sentir el poder crudo y salvaje que fluía a través de él, una fuerza indomable que lo impulsaba hacia adelante incluso en los momentos más oscuros de la batalla.
El olor a sangre y furia llenaba el aire, mezclado con el aroma fresco y terroso del bosque circundante. Cada bocanada de aire estaba impregnada con el olor agudo de la adrenalina y el miedo, una mezcla intoxicante que llenaba los sentidos del ser sobrenatural con una sensación de urgencia y peligro inminente. Podía sentir el tacto áspero y rugoso del suelo bajo sus patas, cada paso resonando en el suelo con una fuerza implacable mientras se movía para enfrentar a su siguiente enemigo.
La batalla se prolongó durante lo que parecieron horas interminables, cada momento marcado por la intensidad del combate y la determinación de ambos lados. Los lobos luchaban con una ferocidad desesperada, pero el ser sobrenatural era igualmente implacable en su determinación de sobrevivir. Con cada movimiento calculado y cada golpe preciso, se acercaba más a la victoria que tanto ansiaba.
Finalmente, el último lobo cayó ante él, su cuerpo sin vida yaciendo en el suelo en un silencio ominoso. El ser sobrenatural se quedó solo en el claro, su aliento agitado y su cuerpo cubierto de heridas y sangre.
El sol comenzaba a asomarse en el horizonte, pintando el cielo con tonos cálidos y dorados que anunciaban el amanecer. En el claro del bosque, el hombre lobo se mantenía erguido, su pelaje azabache aún cubriendo su cuerpo mientras observaba el campo de batalla que se extendía ante él. El aroma fresco y revitalizante de la mañana llenaba el aire, mezclándose con el olor de la sangre.
Los demás lobos habían huido al ver la masacre, dejando atrás el campo de batalla en un silencio ominoso. Con un estremecimiento, el hombre lobo comenzó a sentir la transformación que se avecinaba, una sensación de calor y energía que recorría su cuerpo mientras su forma cambiaba una vez más. Sus huesos crujieron y sus músculos se retorcieron, ajustándose y reconfigurándose para adaptarse a su nueva forma. Podía sentir el cosquilleo de la piel estirándose y ajustándose, cada célula en su cuerpo respondiendo al llamado de la transformación.
El sol brillaba más brillante a medida que ascendía en el cielo, bañando el claro del bosque con una luz dorada y cálida. El hombre lobo miró hacia arriba, sus ojos dorados brillando con una mezcla de asombro y asombro mientras observaba el espectáculo celestial que se desplegaba ante él.
Y entonces, lentamente, la transformación llegó a su fin. El hombre lobo se convirtió en humano una vez más, su cuerpo desnudo y tembloroso mientras se tambaleaba ligeramente en el claro del bosque. Podía sentir la suavidad del césped bajo sus pies descalzos, cada brizna de hierba acariciando su piel con delicadeza mientras se ajustaba a su nueva forma. El aroma fresco y terroso del bosque lo rodeaba, llenando sus sentidos con una sensación de paz y tranquilidad. Finalmente, el hombre lobo quedó convertido en Frank una vez más, su mirada perdida en el horizonte mientras contemplaba el nuevo día que se extendía ante él.
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