Zolompiroman, capitulo 2.
En lo profundo de las montañas se alzaba el imponente castillo Monterius, una fortaleza de piedra que parecía fusionarse con las rocas que la rodeaban. La luz del sol se filtraba tenuemente a través de las altas ventanas, iluminando la vasta sala principal con un resplandor dorado que bailaba en las paredes de piedra gastadas por el tiempo.
Sentado en una mesa de madera pulida, Frank, el último heredero de la antigua dinastía Monterius, estaba inmerso en la lectura de un voluminoso libro de encuadernación gastada. Sus ojos recorrían las páginas con concentración, mientras sus dedos acariciaban las letras con reverencia.
A sus espaldas, erguido y sereno, se encontraba Brian, el leal mayordomo que había servido a la familia Monterius durante generaciones. Su figura alta y esbelta estaba envuelta en un impecable traje negro, con una corbata plateada que resaltaba contra su tez pálida y sus ojos oscuros, llenos de sabiduría y experiencia acumulada a lo largo de los años.
El ambiente del castillo resonaba con un silencio profundo, interrumpido ocasionalmente por el suave crepitar de la chimenea en una esquina de la sala. El aroma a madera quemada y libros antiguos impregnaba el aire, mezclado con un ligero toque de humedad que emanaba de las paredes de piedra.
La historia de Frank estaba marcada por la tragedia y el misterio. Tres años atrás, su madre había sido secuestrada por una entidad maligna, dejando tras de sí un rastro de sombras y susurros inquietantes. Se rumoreaba que había hecho tratos con criaturas oscuras y peligrosas. Desde entonces, Frank y Brian habían permanecido juntos en el castillo. La única fortuna que les quedaba era una herencia familiar compuesta por metales preciosos.
Frank, a pesar de la tragedia que había marcado su vida, aún conservaba un sentido de orgullo por su linaje. Los Monterius, una vez una poderosa dinastía real, ahora eran poco más que un recuerdo borroso en los anales de la historia. Sin embargo, para Frank, el título de conde que ostentaba seguía siendo un símbolo de honor y nobleza, una conexión con un legado que se desvanecía lentamente en el tiempo.
Brian:sr.Frank, ¿qué está leyendo?
Frank: Oh, solo estoy repasando mi historial. Parece que he ganado todos los premios académicos de biología de la nación.
Brian: ¡Eso es impresionante, señor! ¿Cómo lo logra?
Frank: No estoy seguro, Brian. Parece que el funcionamiento de la biología simplemente se me presenta como evidente. Es como si tuviera una forma única de intuición al respecto.
Brian: Lo entiendo. Debe de ser algo extraordinario.
Frank: ¿Qué es lo que necesitas mostrarme?
Brian: su madre me encargó que, cuando cumplieses los dieciocho años, le entregara la llave del cuarto secreto.
Frank: ¿Te refieres al cuarto donde mi madre guardaba las reliquias?
Brian: Exactamente.
Mientras Frank y Brian se adentraban en el corazón del castillo, el aire se volvía más denso, cargado con el aroma de siglos de historia y misterio. Cada paso resonaba en el suelo de piedra gastada, creando un eco que parecía susurrar antiguos secretos. .
A medida que avanzaban, los objetos y formas extrañas que llenaban el castillo cobraban vida ante sus sentidos. Los ojos de Frank se encontraban con reliquias antiguas y artefactos misteriosos, cada uno contando su propia historia silenciosa a través de los siglos. La luz parpadeante de las antorchas iluminaba estatuas de dioses olvidados y pinturas que parecían seguirlos con la mirada, infundiendo al lugar con una sensación de vigilancia eterna.
Frank y Brian se detuvieron frente a la imponente puerta del cuarto secreto, sintiendo el peso del misterio que se cernía sobre ellos. Ante ellos se alzaba una estructura de madera maciza, tallada con intrincados diseños que parecían cobrar vida bajo la luz parpadeante de las antorchas cercanas. Con un movimiento ceremonioso, Brian extendió la llave hacia Frank, quien la recibió con reverencia en la palma de su mano. Sus dedos envolvieron la llave con cuidado, sintiendo la textura fresca del metal y los detalles tallados que adornaban su superficie.
Al agitar la llave suavemente, un tintineo delicado llenó el aire, resonando como una melodía ancestral que vibraba en armonía con el latido de sus corazones. El sonido parecía susurrar secretos antiguos y promesas de descubrimientos extraordinarios, despertando en Frank una sensación de anticipación y emoción.
Con un chasquido suave, la cerradura cedió ante la llave, liberando un aliento de aire fresco que parecía llevar consigo el aroma de lo desconocido y la promesa de aventuras por venir. El aroma a polvo y antigüedad se mezclaba con el frescor del aire, creando una sensación única que llenaba a Frank con una mezcla de nostalgia y anticipación.
Brian: Está prohibido para mí entrar en este lugar.
Frank: ¿Prohibido? ¿Quién te lo prohibió?
Brian: Fue Mayantra, tu madre.
Frank: Pero Mayantra ya no está aquí. ¿Por qué deberíamos seguir sus reglas ahora?
Brian: No deberías estar tan seguro de eso, Frank.
Al cruzar el umbral del cuarto secreto, Frank fue recibido por una explosión de estímulos. El aroma de incienso y hierbas aromáticas llenó el aire, envolviéndolo en una nube fragante que parecía transportarlo a otro mundo. La mezcla de olores era embriagadora, evocando imágenes de antiguos rituales y poderes ocultos.
A medida que avanzaba por la habitación, sus ojos se encontraban con un espectáculo deslumbrante. Infinitos amuletos mágicos colgaban de las paredes y se apilaban en mesas y estantes, cada uno irradiando una energía única y misteriosa. Brillantes talismanes de oro y plata relucían a la luz de las antorchas, mientras piedras preciosas centelleaban con colores hipnotizantes.
Los ojos de Frank se posaron en una repisa en la esquina del cuarto, donde tejido capturó su atención. Una mezcla de asombro y cautela se reflejaba en sus ojos mientras se acercaba lentamente, cautivado por la extraña maravilla que se extendía ante él.
En la repisa, los materiales de creaturas mitológicas y monstruosas yacían en un conjunto fascinante y aterrador. La luz titilante de las antorchas reflejaba en la superficie de los objetos, lanzando destellos sobre la garra afilada de un vampiro, el pelo enmarañado de un hombre lobo y el dedo putrefacto de un zombie.
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