Smart-fool, capitulo 1.
Jeffrey caminaba con paso ligero por la orilla de un sendero, llevando consigo una mochila de acampar que se balanceaba con cada paso que daba. El sol de la tarde se filtraba a través de las hojas de los árboles, creando un juego de luces y sombras en el sendero bordeado de vegetación.
Su aspecto era el de un hombre sencillo, con una estatura promedio y una constitución delgada. Vestía unos vaqueros desgastados y una camiseta de algodón gris, con unas zapatillas cómodas para caminar. Su cabello castaño, corto y ligeramente revuelto por el viento, enmarcaba un rostro de facciones suaves y ojos color avellana que reflejaban una mezcla de curiosidad y tranquilidad.
A medida que avanzaba, el sonido del agua corriendo por el río bajo el sendero llenaba el aire, acompañado por el canto de los pájaros y el suave murmullo de las hojas movidas por la brisa. Jeffrey se detenía de vez en cuando para observar el paisaje, inspirando profundamente el aire fresco y llenando sus pulmones con el aroma a tierra húmeda y vegetación.
Sus pensamientos vagaban en la serenidad del entorno, recordando momentos compartidos con sus amigos y anticipando el encuentro que les esperaba. Siempre había sido un hombre sociable, disfrutando de la compañía de otros y buscando oportunidades para conectar con quienes le rodeaban.
Sin embargo, Jeffrey nunca se había destacado por su inteligencia o ambición. Era un hombre de intereses simples y una vida simple, contento con las pequeñas alegrías que la vida tenía para ofrecer. No necesitaba grandes logros o reconocimientos para sentirse realizado; para él, la verdadera riqueza residía en las relaciones humanas y en los momentos compartidos con aquellos a quienes quería.
A medida que el sol comenzaba a descender en el horizonte, Jeffrey aceleró el paso, ansioso por reunirse con sus amigos y disfrutar de una noche de conversaciones y risas alrededor de la fogata. De repente, su pie resbaló en una piedra cubierta de musgo, y su mundo se vio envuelto en un torbellino de confusión y caos. Sintió cómo su cuerpo perdía el equilibrio, y el aire fresco se transformó en una ráfaga de viento que silbaba en sus oído.
Su cuerpo giraba en el aire, Jeffrey pudo percibir el aroma a tierra mojada y vegetación que se intensificaba a medida que se acercaba al suelo. El sonido sordo de su cabeza al impactar contra un tronco talado resonó en sus oídos, ahogando cualquier otro sonido que pudiera alcanzar su conciencia hasta dejarlo noqueado.
Horas después:
Despertar en medio de la oscuridad, con el cielo nocturno extendiéndose sobre él como un manto estrellado, fue como emerger de un sueño profundo. Jeffrey abrió los ojos lentamente, dejando que sus pupilas se ajustaran a la penumbra, mientras el aire fresco de la noche acariciaba su rostro empolvado. Se sentía como si estuviera flotando en un estado intermedio entre la realidad y un mundo de ensueño.
El polvo cubría su cuerpo, impregnando su piel y su ropa con una capa fina y grisácea que parecía emerger de las profundidades de la tierra. Sin embargo, Jeffrey no sentía ninguna urgencia por limpiarse o alejarse de aquel lugar. Por alguna razón desconocida, la cita concordada con sus amigos ya no le interesaba, como si hubiera perdido todo significado en el momento en que abrió los ojos y contempló el cielo oscuro sobre él.
No había rastro de miedo o preocupación por el impacto que lo había dejado en aquel lugar, solo una sensación de calma y tranquilidad que lo envolvía como una manta reconfortante. Como si su mente se hubiese despejado de todas las preocupaciones y pensamientos intrusivos, dejando solo un vacío sereno en su interior.
Con movimientos pausados y deliberados, Jeffrey se incorporó lentamente, apoyándose en sus codos mientras observaba el paisaje que se extendía ante él. Frente a él, el angosto río serpenteaba entre las sombras de los árboles, reflejando débilmente la luz plateada de la luna en su superficie ondulada.
El murmullo suave del agua corriendo era la única banda sonora en aquel lugar tranquilo y apartado. No había señales de vida humana a su alrededor, solo la naturaleza en su estado más puro y primitivo, envuelta en la quietud de la noche.
Una sensación de determinación se apoderó de él. Aunque no sabía qué le deparaba el futuro o cómo había llegado hasta aquel lugar, estaba decidido a enfrentar lo que fuera que viniera con la misma calma y tranquilidad con la que había despertado. Con pasos firmes y seguros, se encaminó hacia el río, listo para seguir el curso de su destino hacia lo desconocido.
Jeffrey se sentó en el suelo, sintiendo la textura áspera y rugosa bajo sus manos mientras retiraba la mochila de su espalda. El peso de la misma había sido su compañero constante durante su caminata por la orilla del arroyo, pero ahora era hora de dejarla descansar. Con movimientos cuidadosos, deslizó las correas de sus hombros y la depositó suavemente en el suelo a su lado.
Con manos diestras, comenzó a desabrochar la mochila y a sacar su contenido. Primero, retiró la tienda de campaña, una estructura liviana y compacta que había sido su refugio en numerosas excursiones al aire libre. La tela crujiente y resistente se desplegó ante él, revelando el refugio que pronto sería su hogar temporal.
Los colores de la tienda, un vibrante verde musgo con detalles en negro, contrastaban con el paisaje nocturno que lo rodeaba. Jeffrey observó la tienda con una mezcla de familiaridad y gratitud, agradecido por tener un lugar seguro donde resguardarse en aquel entorno desconocido.
Con movimientos hábiles, comenzó a ensamblar los postes de la tienda, conectándolos entre sí con un clic suave y satisfactorio. Cada gesto era realizado con precisión y cuidado, como si estuviera construyendo un santuario sagrado en medio de la naturaleza salvaje.
Mientras trabajaba, los sonidos de la noche lo envolvían. El murmullo suave del agua corriendo por el río se mezclaba con el susurro de las hojas movidas por la brisa nocturna, mientras que el canto de los grillos y las ranas añadía una melodía natural al ambiente.
A medida que la tienda comenzaba a tomar forma, Jeffrey se sentía cada vez más en sintonía con su entorno. La paz y la tranquilidad del lugar se filtraban en su ser, llenándolo de una sensación de calma y plenitud que rara vez experimentaba en su vida cotidiana.
Finalmente, la tienda estaba lista, erguida con orgullo en medio del paisaje nocturno. Jeffrey la observó con satisfacción, admirando su trabajo y el refugio que había creado para sí mismo.
Jeffrey se sentó junto a su mochila, sintiendo el peso reconfortante de la misma mientras la abría con manos expertas. Con cuidado, extrajo un encendedor que llevaba consigo por mera costumbre. El metal frío contra su palma era reconfortante, un recordatorio de que siempre estaba preparado para cualquier eventualidad, por pequeña que fuera.
Se puso de pie y se alejó del campamento, adentrándose en el entorno circundante con determinación. El suelo bajo sus pies era firme y compacto, cubierto de una capa de hojas secas que crujían suavemente con cada paso que daba. El aroma a tierra húmeda y vegetación fresca llenaba sus fosas nasales, mezclado con el olor salino del río cercano.
El sonido del agua corriendo se intensificó a medida que se acercaba al río, el murmullo suave y constante acompañándolo en su búsqueda. Los pájaros cantaban en los árboles cercanos, añadiendo una melodía alegre al ambiente tranquilo y sereno.
Con movimientos rápidos y precisos, comenzó a juntar madera, seleccionando cuidadosamente las ramas más secas y resistentes que pudiera encontrar.
Jeffrey regresó al lugar donde había montado su tienda de campaña, sintiendo el peso reconfortante de los leños en sus brazos mientras los dejaba caer suavemente en el suelo.
Con movimientos rápidos y eficientes, Jeffrey se agachó y abrió su mochila una vez más, sacando una libreta de dibujos que había guardado con cuidado entre sus pertenencias. La libreta estaba llena de dibujos y bocetos de sus muchas aventuras al aire libre, capturando momentos fugaces de belleza y serenidad en el paisaje natural que lo rodeaba.
Con un gesto rápido, arrancó una hoja en blanco de la libreta y la enrolló en una bola de papel compacta. La textura lisa y suave del papel se deslizaba entre sus dedos, un recordatorio tangible de su creatividad y su amor por el arte.
Se agachó frente a la pila de leños, colocando la bola de papel en el centro como base para su estructura. Con cada leño que añadía a la pila, Jeffrey podía sentir el peso y la resistencia de la madera bajo sus dedos. El aroma a resina se intensificaba a medida que los leños se amontonaban.
Jeffrey se hundió en la mochila, sintiendo el tejido resistente bajo sus dedos mientras buscaba entre sus pertenencias. Con un gesto de triunfo, sacó una caña de pesca que había comprado recientemente, suave al tacto y lista para ser utilizada. La tela se deslizaba entre sus manos con una sensación de familiaridad reconfortante, recordándole las numerosas veces que había utilizado una caña similar en sus excursiones anteriores.
Se levantó con determinación y se dirigió hacia el río cercano, el suelo bajo sus pies cediendo ligeramente con cada paso que daba. El aroma fresco y limpio del agua lo envolvía, mezclado con el olor dulce y terroso de la vegetación que crecía a lo largo de la orilla.
Al llegar al borde del río, Jeffrey se detuvo un momento para observar la corriente que fluía suavemente ante él. El sonido suave del agua corriendo creaba una melodía tranquila y relajante, mientras que el reflejo de la luz del sol en la superficie del agua formaba destellos brillantes y centelleantes que bailaban ante sus ojos.
Se sentó junto al río, sintiendo la frescura del suelo húmedo bajo su cuerpo. El tacto suave y frío de las piedras que rodeaban la orilla era reconfortante, un recordatorio de la fuerza y la estabilidad de la naturaleza que lo rodeaba.
Con movimientos suaves y precisos, Jeffrey lanzó la caña al agua, observando con atención mientras se desplegaba en el aire y caía con gracia sobre la superficie del río. El sonido suave del agua rompiendo contra la red resonó en sus oídos, acompañado por el susurro de las hojas movidas por la brisa que soplaba suavemente a su alrededor.
El aroma fresco del río llenaba sus fosas nasales, mezclado con el olor salado de los peces que nadaban en sus profundidades. Cerró los ojos por un momento, dejándose llevar por la sensación de paz y tranquilidad que lo envolvía, como si estuviera en comunión con la naturaleza misma.
Finalmente, sintió un tirón suave en la caña, una señal de que había atrapado algo en su interior. Con manos hábiles, comenzó a jalar la red lentamente hacia la orilla, sintiendo el peso del pescado que había capturado luchando contra su agarre.
El sonido del agua goteando en la orilla llenaba el aire mientras Jeffrey sacaba el pescado de la red. El olor fresco y salado del pescado llenaba sus fosas nasales, provocando un rugido en su estómago que le recordaba lo hambriento que estaba. Jeffrey guardó su caña de pescar y se alejó del río, listo para regresar a su campamento y preparar la cena con el pez que acababa de capturar.
Jeffrey sacó su encendedor del bolsillo con un movimiento rápido y preciso, sintiendo el peso reconfortante del metal en su palma mientras lo encendía con un chasquido suave. El sonido del fuego cobrando vida llenaba el aire a su alrededor, crepitando y chisporroteando con una energía vibrante y cálida.
La llama danzaba ante sus ojos, lanzando destellos de luz y sombra en la oscuridad de la noche. El calor reconfortante del fuego se extendía hacia él, envolviéndolo en una sensación de calidez y seguridad que lo reconfortaba hasta el alma.
Con movimientos ágiles, Jeffrey acercó el encendedor a la bola de papel que había preparado, sintiendo cómo el calor del fuego comenzaba a consumir el papel y a convertirlo en llamas brillantes y ardientes. El olor a madera quemada llenaba el aire, mezclado con el aroma dulce y ahumado del fuego que crepitaba ante él.
La luz del fuego iluminaba su rostro con un resplandor dorado, delineando sus rasgos en sombras y resaltando la chispa de emoción en sus ojos.
Al día siguiente:
La luz del sol se filtraba suavemente a través de la tela de la tienda de campaña, pintando patrones de sombras y luces en el interior. Jeffrey se encontraba recostado, rodeado por la tranquilidad de la mañana, mientras el murmullo distante del río cercano añadía una serenidad adicional al ambiente.
Con el cuaderno y el bolígrafo en la mano, Jeffrey se sumergió en un estado de concentración profunda, sus pensamientos girando en torno a conceptos abstractos y filosóficos que antes le habían parecido inalcanzables. Los rayos de sol acariciaban su rostro con una calidez suave y reconfortante, mientras que el zumbido de los insectos fuera de la tienda creaba una banda sonora tranquila y constante en el fondo.
A medida que escribía, Jeffrey sentía cómo su mente se expandía y se abría a nuevas posibilidades, explorando los límites del conocimiento humano y desafiando las fronteras del entendimiento. Los conceptos de agujeros de gusano, taquiones y quarks cobraban vida en las páginas de su cuaderno, trazando un mapa del universo en constante evolución y cambio.
La sensación de asombro y maravilla llenaba su corazón mientras contemplaba la vastedad y la complejidad del cosmos, encontrando belleza en la interconexión de todas las cosas. Cada palabra escrita era un pequeño paso hacia la comprensión más profunda de la naturaleza del universo y su lugar en él.
A medida que el sol ascendía en el cielo, iluminando el paisaje que se extendía más allá de la tienda de campaña, Jeffrey se sentía más vivo y presente que nunca. Las palabras fluían de su pluma con una facilidad que nunca había experimentado antes, como si estuviera tocando una verdad fundamental que había estado buscando toda su vida.
En ese momento, en medio de la naturaleza salvaje y en comunión con los misterios del universo, Jeffrey encontró un sentido de paz y plenitud que lo envolvía como una manta reconfortante. Aunque los conceptos que exploraba eran complejos y desafiantes, se sentía más seguro que nunca en su capacidad para comprender y apreciar la belleza del cosmos que lo rodeaba.
Al día siguiente:
En el restaurante donde trabajaba Jeffrey, recién abierto, en una mesa. Mason, un hombre de mediana edad con una expresión seria pero amable en el rostro, estaba de pie detrás del mostrador, administrando el dinero con eficiencia y precisión.
Su cabello oscuro estaba peinado hacia atrás con cuidado, revelando unas sienes ligeramente plateadas que añadían un toque de distinción a su apariencia. Sus ojos oscuros brillaban con inteligencia y determinación, escaneando el restaurante con atención mientras supervisaba el flujo constante de clientes que entraban y salían.
Mason vestía un traje impecable, con una camisa blanca y una corbata de seda que le conferían un aire de autoridad y elegancia. A pesar de su apariencia profesional, su lenguaje corporal era relajado y tranquilo, transmitiendo una sensación de confianza y calma a quienes lo rodeaban.
La puerta del restaurante se abrió con un suave tintineo de campanillas, anunciando la llegada de un trabajador al establecimiento. Jeffrey entró con paso decidido mientras llevaba su pequeño cuaderno en la mano.
Finalmente, llegó junto a Masón, quien lo recibió con una sonrisa cálida y amistosa. El roce suave de sus manos al darse la mano fue un gesto de camaradería y confianza, reforzando el vínculo profundo que compartían como amigos y colegas.
Mason: ¡Jeffrey, amigo! ¿Qué te pasó en la cabeza? Tienes un chichón bastante grande ahí.
Jeffrey: Ah, sí, me tropecé y me golpeé la cabeza mientras iba al lugar que acordé con los chicos.
Masón: ¡Dios mío! ¿Y qué hiciste después de eso?
Jeffrey: Bueno, puse una tienda de campaña, encendí un fuego, pescé un poco, coloqué algunas trampas para animales... Sobreviví allí durante dos días.
Masón: ¿Dos días? ¿Por qué no viniste a la ciudad?
Jeffrey: Ni siquiera lo sé. Solo me sentí...en paz.
Masón: ¿Y qué escribías en ese cuaderno? Te he visto con él desde que llegaste.
Jeffrey: Oh, solo algunas ideas que se me ocurrieron. Cosas extrañas, realmente.
Mason: Déjame ver. [Jeffrey le entrega el cuaderno] Hmm... Esto es muy complejo. Ni siquiera yo, con todos mis estudios universitarios, entiendo la mitad de esto.
Jeffrey: Yo no entiendo nada.
Masón:Bueno, en serio, creo que deberías revisar ese golpe en la cabeza. Podría haber sido más grave de lo que piensas.
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