Operación medusa, capitulo 2.

 La luz tenue de las lámparas colgantes iluminaba la estancia principal de Los Pinos, donde el presidente Andrés Samuel Sopes Labrador, Fernando Laurel, el líder de su campaña de publicidad y Martin Rodríguez, asistente de laurel, se encontraban reunidos en torno a una mesa de caoba pulida. Andrés Samuel, un hombre anciano de rostro arrugado y mirada penetrante, emanaba una presencia imponente a pesar de su avanzada edad. Sus cabellos plateados estaban cuidadosamente peinados hacia atrás, revelando las líneas de experiencia y sabiduría que surcaban su frente.


Martín Rodríguez, en contraste, era un hombre de estatura baja y aspecto enjuto, con una timidez palpable que se reflejaba en sus ojos inquietos. Su ropa impecable, aunque sencilla, denotaba un cuidado meticuloso, como si cada pliegue estuviera calculado para no llamar la atención. Tenía cabello oscuro, peinado hacia un lado con precisión.

Fernando Laurel, por otro lado, era un hombre de apariencia maliciosa, con una sonrisa que parecía esconder secretos oscuros. Su delgadez se destacaba aún más por el traje negro que llevaba, ajustado a su figura como una segunda piel. Sus ojos, de un azul frío e inquisitivo, escudriñaban a los presentes con una intensidad que dejaba entrever su astucia y determinación.

Diez años atrás, las veinte potencias mundiales habían acordado organizar un torneo entre superhumanos, y ahora, con la fecha del evento acercándose, la presión sobre México para presentar a su propio representante era abrumadora. A inicios de la planeación del torneo Estados Unidos había accedido a otorgar un préstamo para financiar el desarrollo del superhumano mexicano, pero las expectativas eran altas y el tiempo apremiaba.

Presidente Andrés Samuel Sopes Labrador: No puede jer que yo tenga que cargar con ejto jiendo que jolo llevo cuatro añoj de gobierno. ¿Qué pajó con el dinero que noj prejtaron los gringoj?"


Fernando Laurel: "¿Recuerda el Comandante Supremo al anterior presidente?"


Presidente Andrés Samuel Sopes Labrador: "jí,  eje de la mafia del poder."


Fernando Laurel: "Se robó todo el dinero."-aquello no era nada nuevo. El ex-presidente Peni Natas se había robado los mil millones de dólares. No era nada extraño, ya que desde el ascenso al poder del innombrable, había comenzado el desarrollo de un tejido de corrupción y privatización industrial a lo largo de todo el país que Samuel había tenido que enfrentar con fiereza.

Presidente Andrés Samuel Sopes Labrador: "Debe haber algo que podamoj hajer."


Martín Rodríguez: "Podríamos decirle a Peni Natas que devuelva el dinero."-Andrés y Laurel ríen intensamente, la mera idea de que algún lacayo del innombrable pudiese tener una pizca de honradez era absurda.


Martín Rodríguez: "Bueno, tengo otra idea. Recuerdo unas vacaciones que tomé en un pueblo..."


Fernando Laurel: "No quiero escuchar historias de tus vacaciones."


Martín Rodríguez: "¿Puedo terminar?"


Presidente Andrés Samuel Sopes Labrador: "Adelante, Martín."


Martín Rodríguez: "En ese lugar había un espectáculo donde un hombre, llamado Juan Sánchez, venció a un toro."


Presidente Andrés Samuel Sopes Labrador: "¿Lo hijo con armaj?"


Martín Rodríguez: "No, fue a mano limpia, y murió."


Fernando Laurel: "Es lógico, un hombre no puede vencer a un toro."


Martín Rodríguez: "En realidad, murió el toro."


Fernando Laurel: "No quiero escuchar tus cuentos martinez.-lo que el presidente desconocía es que la campaña de publicidad que lo había llevado a planear la candidatura fue plagiada por laurel, su verdadero creador era Martin, de ahí el inherente desprecio, surgido de la envidia, que sentía laurel hacia Martin.

El presidente Andrés Samuel Sopes Labrador y Fernando Laurel se encontraban sentados en silencio, mientras Martín Rodríguez, con su habitual timidez, sacaba su celular de una funda negra en su bolsillo. Un suave clic resonó en el aire cuando deslizó su dedo sobre la pantalla, y luego, con un gesto de determinación, les mostró un video a los presentes.

Los ojos de Andrés Samuel y Fernando Laurel se ampliaron con asombro mientras observaban la escena en la pantalla. Se podía mirar al extraordinario Juan Sánchez derrotar a un Toro con sus propias manos.

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