La reina del norte, capitulo 2.

 Marisol se encontraba frente a un enorme edificio de concreto, cuyas paredes grises se alzaban imponentes hacia el cielo, reflejando los destellos del sol del mediodía. Las ventanas, tintadas y relucientes, parecían ojos vigilantes que observaban cada movimiento con indiferencia.


El logo de la empresa, una combinación de letras elegantes entrelazadas con un emblema estilizado, estaba grabado en la fachada principal, ahora descolorido por el paso del tiempo y la negligencia. Un aire de grandeza pasada emanaba del edificio, recordando la época en que aquel lugar fue una de las muchas instalaciones que pertenecían a sus padres.

Analepsis: 

La Marisol de quince años se encontraba desayunando con un anciano en una mesa de madera robusta, ubicada en el acogedor interior de una casa de campo. El anciano, cuyas arrugas profundas contaban historias de años vividos, tenía el cabello blanco y escaso, peinado hacia atrás con cuidado. Sus ojos, totalmente blancos, denotaban su invidencia.

La casa, construida con ladrillos, se encontraba en un predio que colindaba con el bosque, ofreciendo vistas impresionantes de la naturaleza circundante. El suelo de madera crujía ligeramente bajo los pies, añadiendo un toque rústico al ambiente acogedor.

Marisol:Gracias, don Manuel, por salvarme. No sé qué habría hecho sin su ayuda.


Manuel: No tienes por qué agradecer, muchacha. Era mi obligación intervenir.


Marisol: ¿Su obligación? ¿Por qué?


Manuel: Los espíritus me dijeron que una niña de espíritu especial llegaría a este lugar. Era mi deber asegurarme de que estuvieras a salvo.


Marisol: ¿A qué se refiere con "espíritus"?


Manuel:Soy uno de los brujos de Catemaco, Marisol. Los espíritus me hablan y me guían.


Marisol: que buena broma. No existen los brujos ni los espíritus.


Manuel: Permíteme explicarte algo, Marisol. Anoche tuviste una pesadilla. Soñaste con el ataque de una feroz pantera.


Marisol: ¡Eso es absurdo! ¿Cómo puede usted saber usted eso?


Manuel:Toma mi mano, Marisol. Déjame mostrarte que lo que digo es verdad.


(Marisol duda por un momento, pero finalmente extiende su mano hacia Manuel. Él la toma suavemente y cierra los ojos.)

Marisol extendió su mano vacilante hacia Manuel, sintiendo la textura áspera y callosa de su piel rugosa bajo la yema de sus dedos. Una corriente de electricidad pareció recorrer su cuerpo al entrar en contacto con él, enviando un escalofrío que le erizó la piel.


Al cerrar los ojos, Marisol fue envuelta por una sensación de ingravidez. La habitación a su alrededor parecía desvanecerse lentamente, dejándola a merced de la oscuridad que se cernía sobre ella. Un susurro suave y susurrante llenó sus oídos, como si el viento mismo estuviera hablando en un lenguaje antiguo y misterioso.


De repente, Marisol se vio inundada por una ola de recuerdos, vívidos y crudos. Imágenes y sensaciones de su pasado bailaban ante sus ojos cerrados, trayendo consigo una cacofonía de emociones. El olor a tierra mojada y humo llenó sus fosas nasales, transportándola de regreso a la noche del accidente. El sonido ensordecedor de la explosión resonaba en sus oídos, mientras el calor abrasador del fuego la envolvía, haciéndola sentir como si estuviera al borde del abismo una vez más.


Con un estremecimiento, Marisol se vio a sí misma soltando la mano de Manuel, regresando al presente con un brusco golpe. Abrió los ojos y se encontró nuevamente en la habitación, respirando con dificultad mientras intentaba asimilar lo que acababa de experimentar. La sensación de realidad de lo que había visto y sentido era abrumadora, envolviéndola en una certeza indiscutible de que las habilidades de Manuel eran más que simples fantasías.

Manuel: Marisol, ¿tienes alguna idea de por qué tus padres fueron atacados?


Marisol: Sí, don Manuel. Llevaban tiempo recibiendo amenazas del cartel "el fantasma", Parece que finalmente cumplieron su promesa.


Manuel: Esa organización está ascendiendo en poder. Es peligroso enfrentarse a ellos.


Marisol: Lo sé. Si regreso, estoy segura de que vendrán por mí también.


Manuel: Tengo una propuesta para ti, Marisol.


Marisol: ¿Cuál es?


Manuel: Debido a mi ceguera, ya no puedo buscar hierbas en el bosque para mi negocio contra los maleficios. Si me ayudas con eso, te enseñaré todas las artes mágicas que necesitas para protegerte.


Marisol:(Vacila por un momento, considerando la oferta) Está bien. Acepto tu trato, don Manuel.

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