La hermandad de la piedra, capitulo 2.

 Frente a una gigantesca puerta de roca subterránea, se erguía un anciano cuya figura parecía fundirse con la milenaria piedra que le rodeaba. Sus cabellos plateados, tan finos como hilos de plata, caían en cascadas desordenadas hasta sus hombros. Las arrugas profundas en su rostro contaban historias de incontables años vividos.

Al alcanzar la puerta, sus manos arrugadas se posaron con delicadeza sobre la superficie áspera de la roca. Al tacto, la puerta revelaba su antigüedad, marcada por la erosión del tiempo y la naturaleza. A pesar de su apariencia imponente, la piedra transmitía una sensación de calidez, como si guardara secretos ancestrales y estuviera impregnada de la esencia de la tierra misma.

De repente, un cambio palpable surcó el aire en la caverna. Una energía oscura, densa y misteriosa, comenzó a emerger del anciano como una neblina sutil, tejiendo su camino hacia el Interior con una presencia imponente.

El sonido que acompañaba esta liberación de energía era profundo y retumbante, como el rugir distante de un trueno lejano. La resonancia vibraba en el suelo de la caverna, transmitiendo una sensación de poder crudo que reverberaba en los huesos de aquellos presentes.

El impacto resonó en la roca circundante, un estruendo que vibraba en el interior de la montaña. El sonido mecanico del choque reverberó en la caverna. Tras el colapso del muro, se reveló un paisaje oculto. La visión, en primer lugar, era dominada por tonos apagados, una paleta de grises y negros que se extendía en las profundidades de la mina.

Al adentrarse en la oscura caverna, el anciano se sumergió en un mundo subterráneo. Cada paso del anciano resonaba en los túneles, generando un eco que se perdía en la vastedad de la caverna. El sonido de sus pisadas se mezclaba con el murmullo constante de la caverna.

A medida que se adentraba más en la caverna, la escasa luz reveló tres figuras emergiendo de las sombras. Vestidas de negro, las mujeres eran grotescas y viejas, con rasgos faciales distorsionados por el paso cruel del tiempo. La visión de sus cuerpos retorcidos y sus vestimentas oscuras creaba una imagen impactante, un contraste marcado con la serenidad de la naturaleza subterránea.

La atmósfera en la mina se cargó con una energía ominosa que activó sus sentidos de manera intensa. La vista se llenó de destellos de luz oscura y humo sutil mientras las brujas entrelazaban sus manos en un baile macabro. El anciano, presintiendo el peligro, observó cómo se formaban espirales de magia que le fueron rápidamente arrojadas. De repente, el anciano pareció transformarse en un canal de energía oscura, y su presencia se tornó densa y sobrecogedora. La visión de aquellos presentes se vio envuelta en una oscuridad palpable, como si el anciano hubiera convocado sombras de las profundidades mismas del Inframundo, un aura gigantesca de energía oscura emergió del cuerpo del anciano.

En un gesto sobrenatural, el anciano alzó ambas manos, y de ellas brotó una energía oscura que llenó la caverna con su presencia abrumadora. La vista se vio envuelta en la oscuridad intensa y en la luminiscencia malévola que emanaba de las palmas del anciano. Las sombras danzantes se expandieron por los túneles, creando un espectáculo visual impresionante mientras la energía oscura tomaba forma. La vista capturaba cada detalle de la desintegración de las ancianas. La energía oscura, como tentáculos sombríos, las envolvió y descompuso en partículas etéreas.

Una ola de calor intenso comenzó a acumularse en la mina, envolviendo a todos los presentes en una atmósfera cargada de energía. La temperatura subió gradualmente, creando una sensación de sofoco que se intensificaba con cada momento. La brisa subterránea llevaba consigo un aroma peculiar, una mezcla de tierra caliente y minerales fundidos. El olor, denso y terroso, se impregnaba en el aire y se mezclaba con la fragancia de la magia en proceso.

La vista se llenó de un espectáculo asombroso. Más de cien piedras, antes inertes, comenzaron a expandirse y cambiar de forma. Su superficie áspera se transformó en la piel de seres humanoides que surgían de las rocas con movimientos fluidos. Los humanoides de piedra, ahora cobrando vida con una determinación imparable, comenzaron a correr hacia el anciano con pasos pesados. La vista se llenó de la visión impactante de estas figuras esculpidas en piedra, moviéndose con una agilidad sorprendente.

La vista se enfocó en las manos levantadas del anciano, que comenzaron a formar una gigantesca esfera de energía oscura. La oscuridad se condensaba y pulsaba, creando un espectáculo visual asombroso. La esfera, como un remolino de sombras en constante movimiento, absorbía la luz circundante, intensificando la oscuridad a su alrededor.

El anciano, con un gesto decidido, arrojó la gigantesca esfera de energía oscura hacia los humanoides de piedra que se aproximaban. La vista se vio envuelta en una estela de sombras en movimiento, la esfera volando con una velocidad impresionante, dejando tras de sí una estela de oscuridad que distorsionaba la luz a su paso.

La explosión se desataba, Destellos de energía oscura se dispersaron en todas direcciones, creando una danza efímera de sombras y luz. La visión se tornó en un estallido de formas y colores, mientras la esfera liberaba su poder destructivo contra los humanoides de piedra.

Cuando la nube de polvo finalmente se disipó, reveló una visión asombrosa. Emergía una majestuoso dragón. Su piel escamosa resplandecía con un brillo dorado, reflejando la luz que penetraba los túneles de la mina. Sus ojos, profundos y centelleantes, destilaban una sabiduría ancestral. Las alas extendidas, imponentes y llenas de energía, se erigían como protectoras de aquel lugar.

El dragón, con una majestuosidad imponente, inhaló profundamente antes de desatar una extrema ráfaga de fuego. La vista se llenó de un resplandor incandescente mientras las llamas ardían con una intensidad abrumadora. La luz dorada del dragón se transformó en un manto ígneo, creando una visión que desafiaba la percepción visual, como si el mismo fuego estuviera danzando en los ojos del anciano. En respuesta a la extrema ráfaga de fuego, el anciano liberó una gigantesca aura de energía oscura. La vista se vio envuelta en una oscuridad densa y palpable que contrastaba con la intensidad del fuego.

La vista se centró en el anciano, quien, en respuesta al impacto, liberó una ráfaga de energía oscura. La oscuridad emanada se extendió rápidamente, absorbiendo la luz del fuego y creando sombras que danzaban en el aire. El dragón fue impactado, su cuerpo se desintegró sin más.

Con la destrucción de todos sus oponentes, el anciano avanzó con paso decidido hasta la pared final de la caverna. La vista se llenó de la imagen del anciano, ahora solo en la penumbra, caminando entre las ruinas de la batalla. 

En el centro de aquella pared se encontraba un reluciente talismán de color azul, La luz del talismán creaba destellos y reflejos danzantes, generando una visión hipnótica que atraía la atención del anciano. Al tomar el talismán con una mano, el anciano desencadenó una experiencia visual asombrosa. La luz azul irradiaba desde el artefacto, iluminando la figura del anciano y proyectando sombras en las rocas circundantes. El anciano empezó a reír macabramente.


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