La hermandad de la piedra, capitulo 1.

 Seis meses habían transcurrido, El ciborg, una amalgama de carne y maquinaria, se encontraba inmerso en un estado contemplativo. Sentado en una silla de aspecto metálico. La habitación estaba iluminada por una luz tenue y artificial que emanaba de paneles en el techo. 

En el otro extremo de la sala, Taho se sumergía en su propia tarea. Sentada frente a una pantalla holográfica, sus ojos azules analizaban información de eventos mundiales.

Cada día era una batalla silenciosa contra el dolor que llevaba solo, una carga que se manifestaba en su figura inmóvil y sus sensores de luz, destilando tristeza y pesar. 

La compañía de Taho, aunque presente, carecía de la calidez humana que el ciborg anhelaba en su dolor. 

El ciborg, con su mirada fija en la nada, parecía estar más allá de la realidad tangible, mientras que Taho, con sus gestos calculados y su atención concentrada en la pantalla, encarnaba la conexión con el mundo exterior.

Taho observaba al ciborg con una percepción aguda, entendiendo que en su núcleo yacía el sufrimiento. Sin embargo, era un sufrimiento imposible de cuantificar, Taho Optó por abordar el tema con una indiferencia calculada, un razonamiento crudo que carecía de compasión. Su mente táctica, desprovista de la empatía intrínseca, trazó la línea de un tratamiento distante, como si las emociones fueran variables irrelevantes en el complejo tejido de la realidad..

El ciborg percibió un cambio sutil en el ambiente. Los sensores, agudos y electronicos, captaron un objeto extraño que yacía debajo de él. Una forma puntiaguda y resplandecientemente verde destellaba en contraste con el entorno metálico que lo rodeaba.

En un momento de silencio tenso, el ciborg extendió su mano metálica hacia el objeto puntiagudo y resplandecientemente verde. La textura suave y maleable cedió ante su toque, revelando una presencia vívida y desconcertante. El verde intenso parecía cobrar vida bajo sus dedos, una manifestación de color en la paleta monótona de su entorno tecnológico.

Al elevar el objeto, una luz verde emergió, iluminando el cuartel con un resplandor sorprendente. La luminiscencia envolvía la habitación en un tono etéreo, transformando el paisaje frío y metálico en un escenario de tonos verdes vibrantes, cuando aquel extraordinario suceso terminó. Taho y Óscar aparecieron repentinamente en una cueva.

Que pasó?-pregunta Óscar.

Es evidente que fuimos teletransportados por algún tipo de entidad, debemos tener mucho cuidado-declaró Taho tras hacer un análisis táctico, era inusual que algo la sorprendiera, de hecho era la primera vez que le sucedía en su vida.

Al adentrarse en la cueva, Taho y el ciborg fueron recibidos por un silencio profundo. El suelo irregular bajo sus pies emitía un suave crujido a medida que avanzaban, sumergiéndose en la oscuridad que envolvía la gruta. La atmósfera húmeda de la cueva tocaba sus caras.

En el centro de la cueva, el ciborg y Taho se encontraron frente a un objeto que se asemejaba a una gigantesca piedra, una presencia imponente que emanaba una energía tangible de color verde. Inesperadamente surgieron, de la parte superior de aquel objeto, enormes letras holograficas, "el mundo está en riesgo"-sentencia leía en aquel mensaje.

En otra parte del mundo se encontraba Huseín, sentado en el taburete del bar, sostenía una copa entre sus manos, sintiendo la frescura del cristal contra sus dedos. A su lado, dos mujeres atractivas compartían su espacio. La primera, de cabello ébano que caía en suaves ondas hasta los hombros, llevaba un vestido rojo que resaltaba su tez oliva. Sus ojos centelleaban con una chispa traviesa mientras disfrutaba de su propia bebida. El perfume floral que emanaba de ella contribuía a la mezcla de fragancias en el aire.

La segunda mujer, de melena rojiza y estilizada en un elegante vestido negro, irradiaba una elegancia serena. Sus ojos azules capturaban la luz del local, reflejando una mirada cautivadora. 

Huseín captó un destello de luz verde proveniente del suelo. Intrigado, se agachó para observar más de cerca. Al acercarse, notó que el objeto puntiagudo irradiaba un resplandor vibrante y misterioso, creando una pequeña zona de intensidad cromática.

Behemoth, con su imponente presencia, se sentó a la mesa y comenzó su desayuno voraz. Un kilogramo de jamón, dispuesto en un enorme plato, se hallaba ante él.

Behemoth, entre bocado y bocado de su copioso desayuno, notó algo inusual bajo la mesa. Una luz verde intensa, puntiaguda y resplandeciente, atrajo su atención. Al acercar la mano masiva hacia el objeto, Behemoth pudo sentir la temperatura ligeramente fresca que emanaba de ello. En ese instante, una luz verde deslumbrante inundó la casa de los ancianos. Aquel resplandor se desvaneció rápidamente, llevándose a Behemooth que desapareció sin más.

En otro rincón del planeta, En un oscuro y húmedo almacén, el aire estaba impregnado con un olor a humedad y madera en descomposición. La escasa luz parpadeante de una lámpara colgante dibujaba sombras danzantes en las paredes descascaradas, creando un ambiente lúgubre y tenso.

Amancio Ortega, con gesto imperturbable, acababa de dejar amarrados con sus cuerdas a dos criminales. El crujido de las cuerdas al tensarse resonaba en el silencio opresivo del almacén. Amanció observó un objeto puntiagudo en él frío suelo, se agachó para levantarlo rápidamente, una luz verde iluminó el almacén, dejando solos a los criminales, sin la presencia de Amanció.

En otro rincón del continente, en el desierto de mojave, se encontraba chihuahuel cabalgando con destreza en su leal compañero, un plateado perro genéticamente modificado. El calor sofocante se infiltraba en cada poro de su piel, creando una sensación de ardor y sequedad. 

El suelo árido crujía bajo las patas del perro, enviando una vibración perceptible a través del cuerpo de Chihuahuel. Cada paso resonaba en sus huesos, conectándolo con la vastedad del paisaje árido que se extendía a su alrededor. 

Bajo el sol abrasador del desierto de Mojave, Chihuahuel divisó un objeto inusual: un resplandeciente y puntiagudo objeto verde yacía en la tierra seca. Al detener a su leal compañero, el plateado perro, Chihuahuel bajó de la silla y se aproximó al misterioso hallazgo.

En el instante en que Chihuahuel levantó el objeto verde resplandeciente, una oleada intensa de luz verde se desató, inundando varios metros a la redonda. La escena se convirtió en un espectáculo iridiscente, transformando la aridez del desierto de Mojave en un paisaje etéreo e irreal. La luz se desvaneció y chihuahuel con ella.

En otro lugar de Norteamérica En la penumbra de su acogedora sala de estar, Liam Jameson se sumergía en una experiencia cinematográfica. La pantalla de alta definición proyectaba imágenes vívidas y colores intensos. Cada detalle del filme cobraba vida ante los ojos de Liam.

La pantalla de alta definición proyectaba imágenes vívidas y colores intensos. En la penumbra de la sala de estar, Liam Jameson percibe una anomalía visual junto a la base del sofá. Su vista se enfoca en un objeto puntiagudo y resplandecentemente verde, rompiendo la monotonía de la decoración. La intensidad del color parece destilar una luz propia, atrayendo su atención de inmediato.

En un gesto instintivo, Liam Jameson levanta el objeto puntiagudo y resplandeciente. A medida que sus dedos envuelven la singularidad del objeto, una intensa luz verde comienza a emanar de él. La habitación se ve sumergida en un fulgor etéreo, eclipsando los tonos apagados de la decoración cotidiana. Liam desaparece.



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